Una mirada rara a la causa de Pablo Herreros
6 noviembre, 2011 – 17:18 | 18 Comentarios

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Apples o la libertad creativa como incentivo: autofinanciarse en el único medio que no hay que pedir permiso

Escrito por el 13 febrero, 2008 – 9:02Sin Comentarios


Internet, por supuesto. La discusión que siguió a la explicación que las autoras de Chica Busca Chica nos hicieron sobre la financiación de la producción de ficción para internet tiene, en mi opinión, un extraordinario interés. Hace algún tiempo entrevistamos aquí a Ariel Arrieta de .Fox y nos decía que el problema del vídeo en el entorno del español era la ausencia masa crítica. Hay quien pone sus esperanzas en el salto al televisor vía PVR’s y STB’s asociados a compañías de telecomunicaciones.

Mientras, los creadores han experimentado de la manera que han creído oportuno buscando el camino para ser vistos. Otra serie que ha despertado gran interés, ha sido Apples, un proyecto completamente independiente abordado por personas con formación y experiencia audiovisual pero sin ninguna clase de respaldo industrial. Un aspecto a tratar, que espero que alguien lo aborde en los comentarios, es la gran abundancia de series de temática homosexual en el mundo online en español: una primera respuesta es sencilla, como nos decían en el caso de Chica Busca Chica, es una temática que determinadas marcas, o bien el espacio industrial, consideran compleja de monetizar o a la que asociarse. Parecería obvio, entonces, que este tipo de preocupaciones busque hueco allá donde no puede haber restricciones.

No deja de ser chocante, pues dada la visibilidad y normalización de las vidas y relaciones homosexuales, incluso la existencia de lo que se puede decir que es un cierto prestigio social y admiración por la estética y entornos que las comunidades homosexuales pueden desarrollar en barrios como el de Chueca en Madrid, o el mero hecho de que una serie como The L Word se emita en un país tan riguroso con lo que se emite en la televisión como son los EE.UU. (y que también se ha pasado en España), deberían ser más los argumentos de tipo técnico (no me gusta el guión, la historia no encaja en mi comunicación…) que la dificultad de la temática.

En fin, no es mi intención abrir un debate sobre la visibilidad de las opciones de las personas, sino abordar esta cuestión en su reflejo industrial y comercial. A fin de cuentas, si tienes una audiencia, alguien querrá relacionarse con ella y, eso, suele significar dinero. De lo que se trata es de construir productos que lo encuentren. He mantenido un diálogo muy fluido por correo electrónico con Verónica Segoviano y Olga Martínez, co-guionistas de la serie (coproducida por la propia Verónica y Amparo Piquer) que os reproduzco prácticamente tal cual:

¿Cuál es el origen del proyecto? Por qué ir a la red?

La idea en sí surgió después de ver la experiencia de los chicos de Lo que surja, que produjeron de forma amateur su serie y la colgaron en Internet. Nosotras pensamos que la vía estaba abierta y aprovechamos el hueco. El hecho es que existía un vacío importante en el panorama audiovisual de proyectos con contenido mayoritariamente homosexual, con un público objetivo refugiado en las series anglosajonas. Un público desatendido, casi virgen. Desde el punto de vista creativo, era un producto muy atractivo, porque todo estaba por hacer. Ese es el origen de Apples.

¿Por qué Internet? Nosotras hemos desarrollado, de forma individual y también en grupo, algunos proyectos de guión, tanto de cine como de televisión. Todos se ajustan a la primera máxima que te enseñan en las escuelas: que se puedan producir, es decir, que sean baratos. A pesar de ello, no conseguimos que nos abrieran ni una sola puerta. Por eso decidimos que debíamos seguir otra estrategia: diseñar, producir y autofinanciar un proyecto en el único medio en el que no hay que pedir permiso por todo, Internet. De ese modo hemos conseguido el producto, el medio para difundirla y una audiencia que nos espera.

Con Internet, nos sacudimos la invasión de productos norteamericanos, cuya industria sabe muy bien cómo hacerlos atractivos y cuenta con mucho dinero para llevarlos a cabo. La ficción es un valor seguro, porque una buena serie se ve, sea de donde sea. Sólo hay que buscar la manera de hacerla atractiva, entroncar con una audiencia que está muy disgregada hoy en día. Saber que no todo el mundo va a ver un producto, pero dirigirte sin miedo a toda la gente que seguro está dispuesta a ver una serie determinada. El reto es mejorar nuestro nivel aportando todas nuestras peculiaridades culturales, que son muchas y atractivas. No sólo es cuestión de dinero, sino de cultura audiovisual.

¿Cuál es vuestra experiencia previa como productores?

Inexistente. El proyecto empezó a gestarse en diciembre de 2006. Estuvimos diseñando y escribiendo la serie unos tres meses. Pasamos a la fase de preproducción que se alargó aproximadamente dos meses y medio, incluyendo las pruebas de casting. Por último hemos rodado la serie íntegra en algo menos de un mes.

Ha sido un proceso bastante difícil. Nosotras somos guionistas y nos enfrentamos como auténticas novatas al resto de fases de la producción. Hemos controlado la escritura, la preproducción, el rodaje y la postproducción de la serie, así como la campaña de promoción y el mantenimiento de la web. Tal vez haya sido la mejor manera de aterrizar en este mundillo, de bruces.

El mayor obstáculo, como casi siempre, ha sido el dinero, sobre todo porque contábamos con un presupuesto reducidísimo que cubría sólo los mínimos de producción necesarios para un rodaje. Los medios técnicos han sido aquellos que hemos sido capaces de procurarnos. La clave ha sido la flexibilidad para amoldarnos a la disponibilidad de todas y cada una de las personas que han participado en el proyecto. Esta ha sido una aventura arriesgada, pero nos sentimos realmente satisfechas de la relación calidad/coste que hemos conseguido con respecto a los medios de producción de los que hemos dispuesto.

Alojáis en vuestra propia web y no distribuis por otros medios, como YouTube o Blip, aunque sea para ahorraros el ancho de banda, ¿por qué?

Alojamos en nuestro propio servidor porque pensamos que queríamos tener el control creativo de lo que hacemos, sin preocuparnos porque nos puedan vetar debido al contenido de la serie. La distribución en inglés sí que se está haciendo vía Youtube. Ya hay algún vídeo vetado por su contenido, de modo que hemos tenido que colgarlo en nuestra web. Es nuestra primera experiencia en la gestión de una web. En este apartado también somos autodidactas y noveles.

¿Qué audiencia y tráfico habéis obtenido?

El auténtico éxito de la serie ha sido el alcance de audiencia que está teniendo. Al subtitular en inglés, podemos asegurar que llegamos a todos los rincones del mundo, a cualquier país que se pueda imaginar, por exótico o de difícil acceso a causa del contenido, que sea. Las visitas a los diferentes vídeos del Canal ApplesLaSerie en Youtube pasan de 200.000, con una media de 21.300 visionados por episodio, y de 500 suscriptores. Las visitas a nuestra web superan las 170.000, con una media de visionado por capítulo de 14.700. Sin embargo, esperamos seguir creciendo. Aún no hemos llegado a nuestro tope.

La acogida ha sido muy buena, la campaña de prensa que hemos desarrollado, una vez más con nuestros propios medios, está funcionando muy bien.

Uno de nuestros objetivos era ser eficaces, llegar a la mayor cantidad de gente posible. Está claro que nuestro público objetivo es homosexual, pero no el único. El hecho de contar una historia de tipo costumbrista, las aventuras de siete estudiantes, una gata de peluche y una maniquí, aderezada con un tema clásico como el del amor imposible, tiene la ventaja de interesar a una audiencia masiva. Lo que decanta la audiencia hacia el lado homosexual es su perspectiva lésbica, la historia de Julieta y Julieta. Por otra parte, estamos teniendo una buenísima acogida entre el público joven que no llega a la treintena.

¿Cómo financiais la producción?

Amparo Piquer y Verónica Segoviano han financiado la serie íntegramente. Detrás de Apples no hay ni productoras, ni cadenas, ni patrocinadores. La cuestión era buscar recursos propios y un medio que permitiese una distribución libre y gratuita. Es un objetivo difícil y arriesgado, pero si lo consigues sabes que nadie va a ponerte trabas de tipo creativo, ni para hacer llegar tu obra al público.

Por otro lado, hay que tener presente que no hemos seguido el cauce habitual de la producción audiovisual, ya que hemos producido la serie completa (y no un piloto en busca de financiación externa, que es lo usual) y sin campaña de prensa previa. Visto en perspectiva, parece que somos unas auténticas kamikazes.

En lo que se refiere a la búsqueda de patrocinadores: en vuestra experiencia ¿es posible? ¿cuáles son las reacciones en vuestras presentaciones?

Las reacciones a nuestro trabajo han sido muy positivas, pero aún no se han concretado en ninguna oferta en firme. Esto nos lleva a plantear el futuro de la serie. Aunque el diseño argumental deja abierta la posibilidad de una segunda temporada, saber si podremos producirla es una incógnita difícil de despejar, porque no sólo depende de nosotras. El esfuerzo para sacar adelante esta primera temporada ha sido muy grande y ya no contamos con los recursos necesarios para una nueva entrega. Esta ha sido nuestra presentación como profesionales, ahora esperamos que la experiencia se traduzca en conseguir la financiación necesaria para seguir adelante.

Sabíamos que era arriesgado buscar financiación para nuestro proyecto, por eso nos decantamos por esta especie de rabiosa independencia. Que la temática es arriesgada, es un hecho. Por desgracia, todavía lo es. Hemos recibido elogios, el producto gusta, pero ningún patrocinador se ha interesado aún en nuestra serie. Tanto cadenas como anunciantes deberían darse cuenta del potencial de audiencia de un producto como Apples. Sabemos que algunas marcas ya se plantean conquistar el potente mercado de los consumidores homosexuales, pero es una tendencia lenta, al menos en España.

En mi conversación con las creadoras de Chica Busca Chica la presunta dificultad o lo que los potenciales financiadores de ficción con personajes homosexuales consideran “riesgo” por el contenido de la serie fue un aspecto presente que, como vemos, se repite en Apples. La reflexión es interesante por la propia contradicción en la que caen los medios:

Algo que nos ronda mucho la cabeza estos días, es cómo medios de comunicación, productoras y distribuidoras, aparentemente abiertos y de tendencia liberal con respecto al tema homosexual (que por cierto, no debiera considerarse nunca un tema, sino una perspectiva, un ángulo desde el que narrar, como ser vaquero, jardinera, negro, judío, niña, perro o un ánima bendita), muchos de los cuales incluyen contenidos homosexuales en sus parrillas e informaciones, consideran que una serie lésbica es un producto de algo riesgo desde el punto de vista de la financiación y la producción.

Me podrán contar que no es un mercado masivo, pero es un mercado y con una motivación y un potencial económico nada, pero que nada desdeñable. ¿Será entonces que lo tiene que patrocinar Boris Izaguirre, Amenábar, Almodóvar, o alguien similar para considerarlo interesante? En España no hay prácticamente ningún referente político o cultural lésbico, ¿será esa la razón del ostracismo? ¿O será que hay quien piensa que no cumplimos con el estándar fashion que parece asociado al hombre gay? ¿O será que somos mujeres y pintamos poco?

En Apples nos preguntamos, si al final va a ser que da igual que demuestres lo que eres capaz de hacer siendo novel, con poco dinero, no precisamente joven y mujer, que lo único importante es ajustarse a un rol que se amolde al estereotipo que le interesa a la industria, a los anunciantes o a esa sociedad imaginaria que intentan crear los medios, pero que como todo el mundo sabe, altamente irreal, no existe. Tal vez interese que nuestro puesto siga siendo el de ama de casa, secretaria, cajera del súper o, como mucho, encargada de algo. O bien, estrellas del celuloide, carne de prensa rosa, ejecutiva sin escrúpulos o niñas pijas rebeldes. Hablemos de calidad, de mercado y valoremos el trabajo de la gente.

¿Con qué medios de producción habéis contado?

Los medios de producción han sido los que hemos sido capaces de procurarnos con nuestros escasos recursos. Hemos contado con algunas colaboraciones y cesiones de material diverso de algunos particulares y negocios modestos. Absolutamente todas las personas del equipo de trabajo, técnico y artístico han colaborado en el proyecto de forma desinteresada, sin recibir un euro a cambio. Se trata de un equipo bastante joven que ha hecho un estupendo trabajo y al que le estamos muy agradecidas.

Por supuesto, como detrás de todo proyecto de estas características, están los amigos y la familia arrimando el hombro.

Para terminar, ¿cuál es vuestra impresión de cómo va a evolucionar la producción audiovisual de cara a internet?.

Internet va a cambiar la producción y distribución de toda la industria del entretenimiento Es un paso lógico. Desde el principio, nosotras diseñamos la serie para difundirla por Internet, casi más como obligación que como apuesta.

Es un medio más informal, pero también más accesible que los medios tradicionales de exhibición y difusión, que ofrece productos tal vez menos exigentes en cuanto a la calidad técnica. Es una ventana más dinámica, donde el espectador elige el momento del visionado, las veces que lo ve, si lo pasa o no a otra persona. La gente conectada a un ordenador tiene la atención más dispersa que en televisión. Eso requiere un ritmo narrativo ágil. Hasta ahora, en Internet se consumían pequeñas “píldoras” (vídeos, scketches, etc.), que no solían sobrepasar los cinco minutos. Nosotros hemos dado un paso más subiendo el minutaje, moviéndonos entre los 12-15 minutos de duración de cada capítulo. Sobre todo, hemos tratado de contar una historia que no se reduzca a meros flashes. La respuesta del público nos dice que acertamos.

Otro factor determinante es su bajo coste. Internet es el medio ideal para lanzar productos con un escaso presupuesto y sin contar con el apoyo de productoras o cadenas de televisión, ya que evita los intermediarios. Hasta hoy este ha sido el filtro para los productos que verían la luz y los que quedarían olvidados en algún cajón, un filtro que poco a poco va desapareciendo.

Las cadenas, los anunciantes, las productoras, distribuidoras y exhibidores consideran ya la Red no sólo como un laboratorio donde testar los productos de ficción antes de incluirlos en su programación, sino como un gran medio, como un potente competidor.

En definitiva, internet como filtro de talento y tendencias para “ser descubierto”, un trabajo que en la música hicieron durante muchos años los sellos indies y la radio minoritaria o prácticamente underground y que cuando generaba un grupo de éxito pasaba a los grandes sellos. Eso, entre Operación Triunfo y MySpace se ha terminado. Parece que internet conduce a la producción audiovisual por el mismo camino.

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