Una mirada rara a la causa de Pablo Herreros
6 noviembre, 2011 – 17:18 | 18 Comentarios

Ver que un puñado de anunciantes ponen los pies en polvorosa porque un blogger la lía… eso no se había visto por estos lares. De la madre de El Cuco, El Cuco y sus crímenes …

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La red, filtro de talento (del chiki chiki a Ana Frank pasando por Wired)

Escrito por el 16 marzo, 2008 – 2:402 Comentarios


David Allen, profesor del Instituto de Empresa, nos enseñaba en su clase de estrategia una manera diferente de ver Operación Triunfo: mientras mucha gente se desgarraba las vestiduras ante lo que parecía otro fenómeno de telebasura, esa sombra de sospecha que se arroja cuando a algo que se le califica de reality, Allen nos mostraba cómo el desempeño y el diseño del programa habían trastocado la cadena de valor de la industria musical. Si bien entonces ya existía el fenómeno de las descargas, no tenían la dimensión social tan preponderante que tienen hoy ni se había producido la cada vez más evidente transformación de la industria musical que muy bien explica mi amigo Guillemo de Haro, también alumno de Allen y, en su caso, también profesor en el Instituto de Empresa.

La cosa era como sigue: durante años, las pequeñas discográficas que, por definición, carecían de estructuras sofisticadas y grandes recursos, localizaban artistas emergentes a los que iban grabando en entornos usualmente denominados independientes (indies) o incluso underground. Algunos de estos artistas empezaban a incrementar su popularidad y en otras ocasiones suponían el ascenso de un nuevo estilo o tendencia que generaba su correspondiente tribu de seguidores. Era en ese momento cuando las grandes discográficas entraban y, o compraban los sellos independientes que atesoraban el movimiento, o ponían cheques de muchos ceros en manos de los artistas. A continuación, apostaban grandes cantidades de dinero en artistas o estilos que ya estaban probados y los trasladaban a grandes mercados.

Operación Triunfo destrozaba el esquema: no hacían falta artistas conocidos, la televisión se encarga de coger personas de la calle y hacerlas reconocibles en todas las esquinas además de decir quiénes funcionan y quiénes no. No hacía falta que tuvieran repertorio o composiciones: el inmensísimo catálogo de creaciones que se pueden emplear pagando los derechos que corresponden es inagotable. Un productor musical profesional para darle forma – como hacen los grandes sellos – resuelve la papeleta. Finalmente, una discográfica pactada con la propia televisión vende millones de discos de los artistas que concursan dejando a la gran industria fuera del pastel: toda una manera de ganar dinero en el mainstream fuera de control.

Conviene recordar cómo funcionan los mercados de productos culturales, la música y el cine, basándonos en el análisis de la cola larga. Ese análisis nos dice que todo aquello que no genera un gran volumen de ventas queda expulsado de las estanterías. Es decir, las grandes discográficas se organizan para las grandes ventas, al igual que las grandes editoriales. No obstante, ese efecto 80/20 recorre todos los catálogos. En el mundo previo a la economía digital, desaparecía de las estanterías y quedaba abandonado en los almacenes. En el caso de los libros, se destruyen. Buscar de la manera más segura posible un artista rentable o un blockbuster son condicionantes supremos para la gran industria. Con la digitalización, esos productos minoritarios, terminados de explotar o fracasados, tienen ahora una salida para su venta especialmente interesante para los grandes agregadores o los poseedores de grandes catálogos.

Pero como está demostrando el chiki-chiki (¿se escribe así?), años después de Operación Triunfo, la digitalización además de afectar a la gestión del catálogo afecta a la selección del talento. En realidad, y no es extraño que haya sido el medio utilizado pues ya se ha consagrado para ello, MySpace es lo que viene siendo desde el momento en que se ha convertido en el refugio de músicos y sus seguidores desarrollando un modelo completamente nuevo de vivir de la música. Bueno, en realidad, la única novedad es que la música grabada sirve de anuncio – en vez de fuente de ingresos – y se vive de lo de siempre: que vayan a verte actuar. Si me permiten el paréntesis, no entiendo cómo los que ponen el grito en el cielo ante la muerte de la cultura que, según ellos, supone el fin del modelo de venta de trozos de plástico, no atienden a algo evidente. Sin desmerecer la grabación como una expresión artística diferente de la música en directo (algo que consagraron los Beatles con el archiaclamado Sgt. Pepper’s, por primera vez la música no podía replicarse tal cual en directo por causa de los efectos del trabajo en estudio), que un artista cuya capacidad esencial se basa en su talento como intérprete tenga que demostrarlo sobre el escenario no hace sino favorecer al verdadero talento sobre los falsos artistas. Mi generación recuerda a Milli Vanilli, la de mis padres a los Monkees.

Ahora el artista es su propio sello independiente, como certeramente apunta Guillermo, y emplea MySpace para darse a conocer y las grandes organizaciones antaño discográficas y hoy gestoras de artistas y derechos tienen donde buscar y testar el talento. Y, como en el caso de Operación Triunfo, de nuevo una cadena de televisión (menos mal que la tele está muerta, pero su interacción con la red es todo menos rigor mortis) se encarga de poner en evidencia nuevas reglas. Si la sabiduría de las masas se cumple, el Chiki-Chiki, rechazado por expertos y bienpensantes como canción representativa para un país debiera efectuar mejor desempeño que cualquier elección de sabios. Por dos veces el público ha elegido una canción y un artista muy por encima de todas las elecciones de los iniciados y profesionales, casi parecía que incluso por encima de los propios deseos de la cadena. Qué prueba más clara de por qué esta industria es tan difícil de gestionar, pues sus profesionales parecen incapaces de saber elegir un éxito cuando lo tienen en sus narices aplicando filtros ajenos a los datos puros y duros.

Si bien es seguramente cierto que no es lo mismo una votación popular por internet que luego comprar discos o ir a actuaciones (eso de perrea, perrea, me parece a mí que va a dar juego este verano, la pregunta es si el tal Rodolfo Chikilicuatre tiene repertorio para llenar hora y media y no decepcionar), creo que nadie puede negar que la red se ha convertido en el nuevo filtro de talento y, no sólo eso, sino que seguramente es un filtro de talento más eficiente para detectar el talento que se precisa para cada proyecto que el ojo de águila del profesional. O de la suma de profesionales por no desmerecer a los buenos productores musicales y buenos directores de casting.

Wired publica un artículo en el que muestra cómo la industria cinematográfica está empleando las redes sociales (ejem, MySpace) para encontrar talento dormido que de otra forma no aparecería. Esto sería en sí mismo una mejora de eficiencia al poder abarcar mucha más gente de la que cabe en la agenda o limitados medios de llegar a gente de una agencia tradicional. Es el caso del casting del musical Ana Frank, que se ha realizado por internet y ha terminado eligiendo una joven cantante procedente de Miami para un espectáculo diseñado y concebido en España.

¿Un salto para el método? La nueva industria audiovisual que desarrolla la economía digital crea nuevos espacios que antes estaban vedados: con las funciones sociales de la red, es sencillo, rápido y barato que mediante votaciones los productores tengan una idea clara de quién encarna mejor a ojos del público buscado (segmentación que puede ser un problema) el personaje de tal o cual obra. Muchos pueden espantarse ante la pérdida de libertad de los directores para elegir sus intérpretes, pero si el arte se está convirtiendo cada vez más en un espacio colaborativo, ¿por qué no puede ser la selección de talento también un espacio social?

¿Sirven de ejemplo los vencedores de las sucesivas ediciones de Operación Triunfo como un buen indicador de la capacidad de predecir el éxito a largo plazo de un artista? Difícil de saber. Quizá el formato no puede responder a esa pregunta, porque premia una conjugación de habilidades sociales e interpretativas de los concursantes que se mide por algo más que el éxito de sus canciones (ser valorado por sus compañeros de concurso, es una variable en juego). Lo que es seguro es que los elegidos siguen siendo pocos y que el grueso de artistas y creadores están fuera de nuestras mentes viviendo en sus nichos, de la misma forma que nosotros como espectadores vivimos en los nuestros, en nuestra suma de minorías y grandes éxitos que conforma nuestra selección de gustos.

P.D.: y nos quedaría sugerir que el propio casting se empleara como una nueva parte del producto, tanto para su explotación como su promoción. El show por internet FunnyorDie acaba de hacerlo (como hace la televisión ya con todos sus realities de talento), aquí tienen, por gentileza de Wired, unas cuantas aspirantes a emular a Marilyn Monroe en una promisoria sátira que transforma ese icono del siglo XX que es el Happy Birthday, Mr. President en Farewell, Mr. President o, en un castellano algo libre, Que te vaya bien, presidente en referencia al fin del mandato de George Bush.

2 Comentarios »

  • tyfal93 dice:

    Lo de usar el casting es tremendo. En los dos últimos programas de “todo vale” de Tele5 y Cuatro, realmente no se distingue las galas “oficiales” y los castings previos. En el de Tele5 ni siquiera cambian el escenario. Supongo que les importa poco: se trata de entretener al espectador, llenar horas de prime-time con un coste ridículo. Eso que se empezó poniendo los castings en un horario diferente (en OT incluso usaron la segunda cadena).
    Yo creo que hay dos públicos: los que intentan adivinar quién será clasificado, y los que, por morbo, se asombran de la alta autoestima que tiene la gente como para presentarse a estas cosas.
    El colmo fue “El rey de la comedia”, que estuvo con estos castings previos muchos meses, moviéndolos de horario con la agilidad de un trilero… porque no sabían qué hacer con el producto.
    En cuanto a la capacidad de la red para filtrar… todavía es pequeña. El chiquilicuatre este ha sido conocido porque viene de un medio generalista (el programa de Buenafuente en LaSexta). En Internet todavía la difusión es escasa. Si tengo un amigo que tiene un grupo y su música me gusta, se lo puedo contar a mis grupos de MySpace o Facebook, y ellos a los suyos, … Es un efecto viral lento, comparado con los miles o millones de espectadores de un canal de TV. ¿Qué página/blog/etc de Internet tiene esa audiencia… diaria?

  • jose dice:

    No hace falta irse tan lejos a lo del casting ése de la niña de Miami. Aquí mismo, en Sevilla, se hacía el programa “Se llama copla”, ése del que tanto se avergüenzan el resto de españoles (tanto del concurso como del estilo musical). La forma de entrar al concurso era grabándote con tu webcam y subiendo el video a la página, estilo canal de youtube.