Una mirada rara a la causa de Pablo Herreros
6 noviembre, 2011 – 17:18 | 18 Comentarios

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¿Hay que desregular la Televisión?

Escrito por el 14 mayo, 2008 – 7:50Un Comentario


Un columnista del Financial Times proponía ayer mantener los objetivos regulatorios eliminando las leyes especiales de la televisión. A ver, sé que acabo de meterles en un lío: ¿cómo es que te cargas las leyes pero se consigue lo mismo?.
Eli Noam es profesor de economía y finanzas en la Universidad de Columbia y analiza el ascenso (por otro lado, y esto lo digo yo, aún tímido y con muchas cosas por resolver) de la introducción de internet como medio de transmisión de televisión. Internet no está sometido a las mismas reglas de contenidos ni publicitarias que sí tiene la televisión, lo cuál crea un escenario que, sospecho, y algo se ha hecho, motivará a los gobiernos a buscar regulaciones que, ellos son así, les procuren el grado de control sobre los contenidos que estos quieran alcanzar. En nombre del interés público, desde luego, pero ya sabemos lo fronteriza que es la consideración de los gobiernos por el interés de los ciudadanos en materia de comunicación, con las orientaciones editoriales de los medios y con la censura en cualquiera de sus formas.

Ni lo anterior ni lo siguiente son cosas que dice el Sr. Noam, las digo yo, pero es para ponerlas en perspectiva: las regulaciones de publicidad y contenidos que padecen las televisiones se crearon en un entorno donde la emisión en abierto por el espectro abarcaba prácticamente todo el consumo, y donde la presencia de unas pocas cadenas privadas frente a la generalizada televisión pública europea pretendía evitar que los privados inundaran de publicidad la emisión como en las temidas televisiones americanas. Sobre ello descansaban pruritos culturales incluso, el atropello que suponía interrumpir las magnas obras del cine mundial con comerciales de detergente. Molesto es, sin duda.

Lo cierto es que el panorama ha cambiado extraordinariamente y, como sabemos, va a cambiar mucho más: se puede decir que la competencia por la atención es terrible y que las alternativas de televisión de muchos hogares han roto el plácido sistema de la concesión administrativa donde verdaderamente había que ser muy torpe para no ganar dinero. Incluso cometiendo maldades terribles no te llevas una televisión por delante casi ni aposta, salvo si usted gestiona una televisión pública donde las deudas no parecen haber tenido límite. Diría que inexplicadamente, pero sí tiene explicación y tiene que ver con las cosas que hemos dicho de los gobiernos.

¿Qué supone la competencia por la atención? Pues que el espectador no soporta que le interrumpan con publicidad (no sólo en la televisión, internet es el caso palmario) y huye cual gacela de los anuncios. Es decir, el espectador estaba cautivo y ahora es libre. O casi libre. Por tanto, y a pesar de los inmensos cortes publicitarios que padece la televisión en abierto, la presión (y disposición) que tienen las cadenas para encontrar formas en las que la eficacia para el anunciante sea mayor (por relevancia para el usuario, por no perder su atención al mensaje) es descomunal. En ese entorno, ¿no tiene más sentido que desaparezcan los límites publicitarios y que sea la cadena la que se juegue si expulsa a su público o no? ¿no tiene más sentido que puedan desarrollar libremente formatos menos intrusivos sin pensar en que consumen tiempo del total del que disponen? Una mirada a la televisión generalista permite comprobar que la preocupación por ver a Woody Allen interrumpido en plena conversación con su psiquiatra carece de todo sentido. Además de existir alternativas claras por la presencia casi universal del DVD y, por qué no decirlo para escándalo de tantos, las descargas. Tema que me permite hacer una coda: mucho público se traga películas maltratadas por la piratería, luego pudiera ser que el maltrato publicitario no les importara mucho. Pero es otro tema.

Vuelvo al Financial Times. Para el Sr. Noam, la entrada de nuevas plataformas implica, como sabemos, nuevas formas de consumo. Formas de consumo que incluyen el acceso bajo pedido, la interactividad y aspectos que la experiencia de usuario de la televisión convencional (y saben que soy escéptico sobre la interactividad vía TDT) tiene difícil igualar. Así, parece lógico que si alguien se monta una televisión por internet, pongamos por caso algo como ADNStream en España, haya quien pretenda que funcione con las mismas reglas que la televisión normal, que tiene todas las restricciones que hemos dicho. Hacer esto, dice Noam, y creo que tiene toda la razón, supondría reducir la innovación y el cambio tecnológico. Un ejemplo: en Corea del Sur el gobierno exige tener una licencia para emitir por internet. Puertas al campo.

Por ello, propone eliminar la regulación específica de la televisión salvo aquellas de índole estrictamente técnica, es decir, la distribución de frecuencias, potencia de las señales, etc. etc. Pero cree que el objetivo original de la regulación puede mantenerse. Y esto es de lo más interesante. La reflexión es:

La legislación televisiva existe porque distintas sociedades están preocupadas por determinados temas morales, el racismo, la identidad nacional, el control político, etc., preocupaciones que se reflejan en las distintas políticas nacionales de medios de comunicación y no desaparecerán porque los programas cambien de plataforma.

Personalmente uno se pregunta por qué el control de contenidos de televisión es diferente al de periódicos y radios, pero la respuesta está implícita en todo lo que hemos dicho. Noam propone un esquema para que las sociedades puedan seguir influyendo en los contenidos pero pueda eliminarse una legislación pensada para un mundo que no estaba conectado y que se sostenía en una oferta necesariamente escasa de transmisión de imágenes. Ahora la televisión se empieza a parecer a un kiosco de prensa, donde las alternativas de lectura son, literalmente, inasumibles. Qué decir de la red.

Así, cree que la televisión debe tener las mismas normas de contenidos que cualquier otro medio de comunicación (es decir, y en resumen: los jueces; Noam añade la limitación de publicidad al tabaco). Para la producción de determinados contenidos que la sociedad exige, en vez de cuotas (con el cine hemos topado), leyes, límites, etc. propone la creación de sistemas de financiación alejados de las televisiones públicas y que se financien, por ejemplo, con las subastas de espectro o por el pago de las licencias que tienen los operadores ¿actuales?. Es decir, que la televisión tenga, y lo dice literal, el mismo tratamiento que el cine para los contenidos que el mercado suministra por debajo que la sociedad dice que debe ser (que no es lo mismo que los consumidores pagan, como sabemos). Libertad prácticamente total para los temas y tratamientos y financiación más o menos completada por el estado.

Resulta el análisis tremendamente alejado del tipo de debate que tenemos en España y donde me voy a permitir decir que la calidad del debate sobre la televisión está anclado en donde están ancladas nuestras mentes: en lo que ha sido la televisión del siglo XX. La propuesta de Noam es propia de la mentalidad de cualquier economista de mercado. Allá donde sea posible la competencia, no es necesario intervenir, pues se supone que los espectadores pueden elegir la oferta que quieren. En la televisión, esto es prácticamente algo a punto de cumplirse. Luego decirle al que se juega su dinero libremente cuánto cine ha de poner o cuánta publicidad no se puede permitir resulta, simplemente, absurdo. Hacer competir a las televisiones con licencia de espectro en un entorno donde los demás podrán hacer prácticamente lo que quieran o, lo que cabe esperar, que las televisiones con licencia tengan alternativas en red sin restricciones, sigue siendo un escenario carente de todo sentido.

¿Es el debate español sobre la televisión un debate del siglo XX y no del XXI? En la medida en que las directivas europeas lo condicionan, y estas lo son, desde luego. Pero en el uso local de las disposiciones europeas, todavía más. En el debate español, se plantea no sin controversia intelectual y política, la creación de consejos audiovisuales como medidas modernas por pura emulación de lo que hay en otros países europeos. La pregunta frente al nuevo entorno es si tiene sentido alguno, además de capacidad técnica (¿se va a crear una red Echelon de seguimiento del vídeo por la red?) el que haya órganos que regulen la deontología periodística o los horarios para niños cuando los niños están en el pecé y los periódicos y las radios resuelven sus problemas de veracidad y calidad informativa en los juzgados.

Hay quien dirá que mi discurso coincide con el de UTECA. Bueno, en algunos aspectos desde luego, porque los socios de UTECA no son tan caros a fenómenos como Zattoo, frente al que percibo una actitud generalizada tendente a la obsesión por el control y no por la de subirse a la ola para irme con ella. Por otro lado, la solución que aparece en el Financial Times para la financiación de contenidos de exigencia social no parece ser más que una nueva perpetuación de mecanismos del siglo XX. Fondos cuyo gasto es discrecional, con todos los comités y puntuaciones que quieran, por parte de un grupo reducido de personas y que solo genera, al final, más conflicto social.

Pero idoneidades aparte, lo cierto es que la nueva industria audiovisual terminará demandando una legislación donde las obligaciones sobre contenidos y los límites publicitarios serán no sólo elementos absurdos sino, en caso de regularse, probablemente incontrolables y sin más límites que los juzgados. Es decir, el vídeo, la televisión, el multimedia, como queramos llamarlo, una vez digitalizado y sumergido en el mundo de la abundancia, parece difícil que tenga otras reglas prácticas y de rentabilidad que las que el texto analógico (en papel) y digital (en la red) ya tienen. La publicidad en la red se autoregula ante la capacidad de los internautas para evitarla, pide permiso para anunciarte, busca entretenerte e informarte más que anunciante, piensa en sí estás interesado como consumidor en ella antes de enviartela, etc. etc. y no debe tener en cuenta nada más que las normas generales a las que ha de someterse la publicidad. Tampoco veo a Joost, Hulu o ADNStream teniendo que soportar cuotas obligatorias de inversión en nada y, si se convierten en verdadera competencia del consumo normal, no veo por qué las generalistas tendrían que estar obligadas a invertir.

¿Y los contenidos considerados sociales? La pregunta es ¿cuáles son?. Para las culturas minoritarias que exista producción en sus idiomas locales, es evidente el factor. Con lo cual, el sistema de apoyo a la financiación por mecanismos públicos o semipúblicos parece coherente. Pero, ¿para qué? Personalmente, que se considere servicio público un programa para buscar trabajo, me parece una reminiscencia del mundo de la escasez del siglo XX. Aún cuestionando la validez del método frente a la diversidad y capacidad que tenía la prensa para canalizar las ofertas de trabajo, con internet la eficacia de la televisión pública y social, al menos como está concebida, para la búsqueda de empleo es simplemente irrelevante.

Sin duda, el de la regulación será un tema que como un boomerang volverá una y otra vez por el efecto de los gobiernos interesados en sostener su influencia en las imágenes en movimiento y por la presión de la iniciativa privada para, en unos casos, proteger o estirar los modelos de negocio actuales y, en otros, incrementar las oportunidades que ofrecen los nuevos medios para competir directamente con los tradicionales.

Créditos: La fotografía es autoría de Losiek, bajo licencia CC Reconocimiento 2.0 genérica.

Un Comentario »

  • Alvaro [doocomo.com] dice:

    Espera a que aparezca un deco que permita recibir televisión IP tal cual por Internet con mínimas garantías y veremos el principio del fin de la TV tal y como la conocemos. Será como Imagenio pero sin telefónica. Será como el paso de la prensa tradicional a la prensa en Internet. Será pasar de cien canales a cien mil.

    Cierto que las cadenas siempre tendrá en futbol, los blockbusters de Hollywood y alguna cosa más. Pero, ¿para qué someterse a leyes oligopolistas, pagar enormes licencias, producir cine a paniaguados?… cuando puedas llegar ya, live, sin problemas a cientos de millones de televisores conectados a Internet.

    150 canales parecen muchos, habrá que esperar a ver qué tal es tener miles, quizás millones de canales temáticos.

    Y ahí estará Google y su AdSense para televisión 😉 para sacar tajada.

    El problema que veo es que es posible que eso llegue antes de que la TDT se concrete en algo.

    Del mismo modo que las descargas y el p2p van mucho más rápido que el BlueRay.

    Por cierto ¿has visto lo de Google Radio Automation?

    http://alt1040.com/2008/05/google-radio-automation/

    El que AdWords suponga la mitad de la publicidad en Reino Unido sorprende a muchos… en breve a mi no me extrañaría que fuese el 80% de la publicidad mundial 😉