Una mirada rara a la causa de Pablo Herreros
6 noviembre, 2011 – 17:18 | 18 Comentarios

Ver que un puñado de anunciantes ponen los pies en polvorosa porque un blogger la lía… eso no se había visto por estos lares. De la madre de El Cuco, El Cuco y sus crímenes …

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Cuando las leyes de la televisión quedan desbordadas por la realidad

Escrito por el 8 junio, 2008 – 8:206 Comentarios


¿Sabían que el gobierno español paga el sueldo a ¡dieciséis personas! para que vigilen la publicidad que ponen las cadenas de televisión y articulen las correspondientes sanciones? Digo correspondientes porque desde que tengo algo de conocimiento de este medio, de siempre las televisiones han forzado todo lo que han podido la ley para introducir la publicidad que la ley no les deja y resulta ser un mecanismo muy consecuente engrasado como una noria.

Digo correspondientes, porque las cadenas han sido plenamente conscientes de lo que hacían y, precisamente por ello, han puesto todo su esfuerzo en recurrir y trabajar todas las sanciones para que su impacto fuera menor que el incremento de ingresos que supone. De paso, establecíamos los límites de dónde y hasta dónde se puede forzar la ley. Una ley que se convierte en absurda cuando el sancionador toma la decisión sancionadora por criterios difícilmente medibles, a excepeción del tiempo invertido.

Diario El País, hoy domingo:

¿Cómo se multa a las cadenas por todo esto? “Se cuantifica la sanción en función del impacto”, explica Bartolomé. “Calculamos la repercusión social (no es lo mismo que suceda a las 3.00 que a las 22.00), la intencionalidad (¿se les ha ido la mano o ha sido premeditado?) y el beneficio obtenido. Luego, en función del tipo de infracción, se aplica un coeficiente que aumenta con el número de infracciones. Es decir: cuantas más infracciones se cometen más se paga por cada una de ellas. En teoría eso debería disuadirlas”. En teoría.

Todo esto sin tomar en consideración que quien pone las sanciones es, a la vez, titular de una emisora de televisión con dos canales que, sabemos hoy, ¡también incumple la ley forzando sus términos al máximo!:

La Primera tuvo una ayudita: durante todo el día, en el margen superior derecho de la pantalla, estuvo anunciando la película con una foto de Kitt (el mismísimo coche fantástico) y la hora de emisión del filme, las 22.00. Hablando en plata: TVE cometió una infracción publicitando su película de una forma que no está permitida.

Pocas veces una sola noticia puede resumir todas las contradicciones y sin sentidos de la regulación del mercado audiovisual y pone de forma más evidente encima de la mesa la obsolescencia de la reglamentación de la televisión, de los conceptos de publicidad manejados, las pruebas de la falta de orientación de la función pública de la televisión (competir por competir, no tener una función pública) y de la falta de preparación para el mundo que nos viene:

  • Mientras que en el mundo normal no hacemos más que pedir el desarrollo de publicidad no intrusiva (o, al menos, menos invasiva), la ley hace muchos años que prohibe cosas a las que estamos acostumbrados, como el placement o los banners (tomemos la denominación de internet) que aparecen, por ejemplo, en la parte inferior de las pantallas durante los partidos de fútbol.
  • Mientras se puede comprobar que la gente no quiere ver la publicidad y se piensa que debe vincularse al contenido, que debe formar parte de él y que hay un enorme futuro en el branded entairtainment, en realidad es sujeto de posible sanción administrativa si un funcionario dice que te has pasado. Y no sólo eso, sino que parece – por el tono del texto – que tiene la sanción social de un medio relevante. Al tiempo, el no poder aprovechar al máximo formatos publicitarios alternativos al spot supone que hay que saturar y explotar los cortes publicitarios hasta reventar, generando la pérdida de espectadores, la crítica social y la reducción de la eficacia publicitaria de quienes pagan (los anunciantes, a los que además les suben las tarifas).
  • Las televisiones públicas compiten en toda regla con las privadas, con sus mismos métodos y objetivos, promoviendo sin cesar la magna obra cultural Kitt, el coche fantástico. Cine americano, algo contra lo que no tengo nada en contra, más bien lo contrario, pero que es emitido por una cadena que se supone que está destinada a fomentar la producción local (¿el pago de impuestos tiene una finalidad o es que los gobiernos tienen una televisión privada para que se vean las noticias dirigidas por periodistas nombrados por ellos?). Al tiempo, en La2 se pudo ver el viernes por la noche, el excelente documental El Pollo, el Pez y el Cangrejo Real en lo que sí es función pública… extinguida: la televisión estatal española no va a invertir en más largometraje documental. Se supone que no es competitivo, y no lo es, pero precisamente por eso. Nadie, parece ser, forzará los límites de la ley para que los que han pagado un documental (por la vía de las subvenciones de cine, y por la vía de la compra de derechos de una televisión pública) tengan conocimiento de que pueden verlo o, qué anatema, darle la oportunidad de competir contra Aída.

La digitalización y la creación de las redes de transmisión de datos lo que ha hecho es hacer estas contradicciones y restricciones evidentes en su absurdo: los controles publicitarios se crean por un razonamiento muy europeo basados en la supervisión por parte del estado del buen gusto y la calidad del ocio que la televisión debe tener. En los tiempos en que únicamente la transmisión por ondas a través de la atmósfera, un bien escaso, permitía el acceso masivo a la televisión y el consumo de lo que la televisión traía con ella (cine), regular el que el feliz propietario de una licencia de televisión privada pusiera para que no forzara el rendimiento económico más allá de lo que pudiera ser razonable, tenía cierto sentido.

El cable, el satélite y la red son de libre concurrencia. No tienen restricciones de tiempo publicitario (sí otras que marca la ley acerca de determinados productos, la infancia, condiciones sobre su veracidad, etc.) ni presuntamente de formatos. Hasta ahora, han sido medios basados en el pago por subscripción que precisamente hacían de la ausencia de publicidad el argumento comercial principal.

Con el advenimiento de la TDT, se produce una radical reducción de escasez de oferta de acceso libre (gratuita de momento) haciendo que la atención tradicional se fragmente en proporciones desconocidas para el modelo tradicional. Lo libre se va a parecer más a lo temático y la competencia por la atención se va a tornar salvaje. La misma publicidad para repartir entre más opciones (que no muchos más operadores). Los gestores de esas cadenas van a necesitar un alto poder de innovación en la forma de anunciarse que no expulse a espectadores con opciones prácticamente ilimitadas: ¿qué permite la ley? ¿permitirá unas cosas a unos y a otros no? Si en internet o el cable puedo hacer programas que integren patrocinador y contenido, por ejemplo, de una forma que no puedo hacer en la televisión normal ¿no estamos ante un absurdo falto totalmente de lógica?

Si se busca que sea posible la existencia de una producción audiovisual local, ¿no es preciso dar oportunidades para que la escala a la que son rentables sea menor? ¿y no requiere eso de libertad para explorar formatos publicitarios? Ante la abundancia, ¿no es mejor dejar que sea el espectador el que salga huyendo de la publicidad que no le guste – como hacemos en internet – que esperar que la ley proteja algo que no puede controlar y que cambia a una velocidad superior a lo que el legislador puede abordar?

Créditos: Fotografía de Autowich, distribuida bajo licencia Creative Commons (Attribution-Noncommercial-Share Alike 2.0 generic)

6 Comentarios »

  • Anonymous dice:

    Porqué, de verdad, al gobierno les intesa el control de la publicidad o de lo quesea via T.V. es de verdad- por el cumplimiento de la ley?¿Se cumple si hay infracciones? Se publica la sancion y la infraccion?de que punicion se habla?

  • Gonzalo Martín dice:

    Porque la ley está para cumplirse. Y lo que dice la ley es que la publicidad solo puede hacerse de una manera. Esa manera es forzada e incumplida con frecuencia.

    En bastantes ocasiones tampoco se suele cumplir el preaaviso de programación, que ahora ha bajado a tres días. Antes eran once.

  • Anonymous dice:

    No te quiero llevar la contraria-me refiero al cumplimiento de la ley-sobretodo, cuando comparto el criterio. Pero en España donde tantas leyes se aprueban tengo la impresion deque es el pais donde mas se olvidan.Por Todos. Por desconocimiento y por la tendencia generalizada de que ¿para que te vas a meter en lios?
    no hace tantos dias estuve en un cine de la periferia donde se nos coloco sin luz toda la publicidad de las peliculas que quisieron y nadie dijo nada…¿Para que?
    Es otro nivel desde luego, pero sucede con todo.

  • Gonzalo Martín dice:

    Parten de las directivas comunitarias (ley de tv sin fronteras) y yo siempre las he creído absurdas. la prueba es que se fuerza su cumplimiento bastantes veces.

  • Alvaro [doocomo.com] dice:

    ¿Porqué seguir “sufriendo” la legislación?, con una caja tipo Netflix/Roku que acepta contenido en streaming por 100$, ¿para qué complicarse la vida?.

    ¿Porqué no ofrecer la programación directamente por internet y saltarse toda legislación?. No ya la legislación española, si no cualquiera.

    Emitir desde aquí para el mundo.

  • Gonzalo Martín dice:

    Más fácil decirlo que hacerlo. Es el modelo que en el fondo todo el mundo querría, pero a hay que “emitir” algo y eso tiene dueños que quieren cobrar por ello. Y ahí empieza el derecho y la legislación. En su necesidad, su absurdo y lo que tenga de obsoleto. Vale también para el ondemand.