Una mirada rara a la causa de Pablo Herreros
6 noviembre, 2011 – 17:18 | 18 Comentarios

Ver que un puñado de anunciantes ponen los pies en polvorosa porque un blogger la lía… eso no se había visto por estos lares. De la madre de El Cuco, El Cuco y sus crímenes …

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PBS en Hulu: otra forma de televisión pública ante los dilemas del online

Escrito por el 13 junio, 2008 – 5:43Sin Comentarios


PBS (Public Broadcasting Service) es una organización que aúna las licencias de televisión educativas, sin fines comerciales, que existen en los Estados Unidos. Son unas cuantas: nada menos que 168 que disponen de 355 emisoras propiedad de universidades, organizaciones sociales, ayuntamientos y estados.

En un país tan inmenso y donde el sistema de televisión tan poco tiene que ver con el europeo, a mucha gente le extraña que haya una televisión pública, mucho más cuanto son organizaciones generalmente privadas cuya diferencia esencial es la ausencia de ánimo de lucro y la vocación por proporcionar todo eso que le pedimos a una tele pública en temáticas, estándares técnicos, diversidad cultural, independencia, etc. pero que, sin embargo, no está sometido al rating de audiencia ni a los condicionantes de la publicidad.

Es más, los estándares editoriales dejan claro el que, a pesar de donaciones privadas (cuya presencia se explica al comienzo de los programas y que son presentadas como un prestigio del donante y no como publicidad), su misión es “blindar los procesos editoriales y creativos de las presiones políticas o de la influencia inadecuada de los financiadores o de otras fuentes“. No depender úncamente de subvenciones del Gobierno Federal sin duda ayuda.

Con un rating del 1,4 (menor que el de La2 en España) dispone de un altísimo prestigio y se dice que al menos 70 millones de norteamericanos lo ven una vez a la semana. Ahora, han llegado a un acuerdo con Hulu y percibirán dinero de los anuncios emitidos por esta plataforma online. De nuevo, y como hemos discutido con frecuencia a lo largo de la vida de esta página, el conflicto de las televisiones de interés público en la era de la comunicación online, una era donde la escasez de espectro desaparece para todos los fines, la necesidad de financiación para hacer buenos programas sigue siendo ingente y donde los pagadores de impuestos se enfrentan al dilema de televisiones públicas que no ve nadie pero que todo el mundo dice querer, o la audiencia masiva con los mismos estándares que la televisión comercial.

PBS explica su nueva iniciativa en el New York Times aclarando que tratan de equilibrar su necesidad de ingresos con su tradición no comercial. ¿La forma de hacerlo? Varias citas interesantes procedentes de las declaraciones de Andrew Rusell, un representante de PBS Ventures, uno de los brazos armados para la generación de ingresos del sistema PBS (los corchetes con el comentario que pretende ser agudo son míos):

“Es muy importante conservar los principios de la televisión pública en estos entornos” [se refieren al mundo online]. “De modo significativo, dijo [Rusell] que la cadena no permitirá anuncios más que al principio de sus programas” [Hulu es poco invasivo, los pone al principio y una o dos veces durante la duración del programa, pero esas veces incluyen un único spot]

“No permitimos la interrupción de nuestros programas”, dijo. Tampoco permitirá a las compañías con las que firmen acuerdos vender anuncios de determinados tipos de anunciantes, como tabaqueras y [muy interesante] políticos [ya saben que en EE.UU. los políticos pagan campañas de publicidad como las marcas de refrescos, algo diferente a Europa]

Descubrimos además que PBS distribuye a través de Joost y de, dicen que de modo muy activo en lo que se refiere a los resultados económicos, iTunes. Pero el cambio hacia la generación de nuevos ingresos (no voy a decir comercialidad) es más amplio, pues el objetivo de PBS es ofrecer sus programas online directamente en su propio sitio con publicidad añadida como harían los demás, hasta el punto de estar creando su propia organización de ventas. Esperan que los mismos donantes que patrocinen sus programas deseen asociar su publicidad con esos mismos productos. Dicen, también, que quieren mostrar a los productores los beneficios de ir al mundo online (PBS no ostenta derechos completos de todos sus programas, como suele ocurrir en todas las cadenas del mundo).

Quizá examinar el ejemplo de televisión pública norteamericana nos sirva para encontrar fundamentos para redefinir lo público en la era online. ¿La razón? Mientras que la necesidad de contar con sistemas para financiar y programar productos audiovisuales que, por sus características minoritarias y experimentales, no tienen sitio en los mercados convencionales subsiste, la ampliación de las opciones de emisión (las redes) hacen que no sea necesario estrictamente el que esos sistemas sean de titularidad pública.

Al ser el espectro un bien escaso que todos los países reglamentan y controlan, aunque puede que sea teóricamente, en beneficio público, la presencia de organizaciones gubernamentales o apadrinadas por los gobiernos se convierte en cuasi necesaria ante los grandes capitales requeridos para garantizar el acceso a toda la población si se quiere proporcionar servicio público o, dicho de otra forma, contenidos cuya prioridad no sea la maximización del ingreso. Maximizar el ingreso tiene un condicionante editorial que conduce a la expulsión de contenidos no mayoritarios.

Pero en las redes esa limitación no existe y la sociedad civil (las iniciativas ciudadanas, las organizaciones sin ánimo de lucro, la experimentación artística y determinados contenidos de nicho) tienen opciones de expresarse por sí mismas y articular sistemas de financiación por una combinación de impuestos y donaciones (ventas también, por qué no: una cosa es vender y otra cosa someter el contenido editorial a la venta) sin tener que contar con un marco gubernamental estricto como son las televisiones públicas españolas. O, incluso, la afamada BBC.

Un sistema de fundaciones y afiliados puede ser una excelente salida para un problema con el que se va a enfrentar el sistema español de televisión en los próximos años: son, si no recuerdo mal, más de 1.350 licencias de TDT, muchísimas de ellas de origen municipal que van a tener que hacer dos cosas: financiarse y justificar su existencia con contenidos que aporten valor a la comunidad. Crear esos contenidos es caro: contar con un fondo de programación creado con criterios públicos y sin emisión obligatoria para cada emisora es una oportunidad que debieran explorar.

Pero, es evidente, la disponibilidad de las redes cuestiona la necesidad de muchas cosas en el ámbito de la televisión local. Fiel a mi línea (no diga televisión, diga vídeo) la comunicación de todo tipo con imágenes creo que va a ser ubicua y, por tanto, también los poderes públicos deberán hacerlo. La cuestión es si ha de tener la forma de televisión institucional, entendida en la práctica como un eje de integración nacional (y nacionalista) o como forma de expresión de determinados contenidos de servicio al ciudadano o de espacio para lo que no tiene salida comercial.

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