Una mirada rara a la causa de Pablo Herreros
6 noviembre, 2011 – 17:18 | 18 Comentarios

Ver que un puñado de anunciantes ponen los pies en polvorosa porque un blogger la lía… eso no se había visto por estos lares. De la madre de El Cuco, El Cuco y sus crímenes …

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¿TVE sin publicidad?

Escrito por el 26 noviembre, 2008 – 8:53Sin Comentarios

Una noticia publicada por Expansión refiere lo ocurrido en una reunión de la Vicepresidenta del Gobierno con el comité de empresa y con el Consejo de Administración de RTVE.

De ella, merece la pena destacar dos aspectos: el primero, que para la persona más destacada de la actual Administración (seguramente más que el propio Presidente del Gobierno), lo ideal sería tener una televisión pública sin publicidad. Si bien la condiciona a la financiación necesaria, algo que hoy por hoy no parece posible para las cuentas públicas.

Los hechos son que este Gobierno se ha comprometido a reducir los minutos de publicidad de TVE de año en año y me parece que va a ser consecuente con ello. Eso tiene una lectura inevitable: o se aumenta la subvención, o se bajan los gastos. Yo no soy optimista con la tendencia de los administradores públicos en lo que se refiere al uso del dinero: tienden a gastar más y el pasado de las televisiones públicas así lo indica.

El segundo aspecto a destacar de la noticia son unas frases que se entrecomillan hacia el final y que se refiere al rol de la televisión pública:

“que tenga coherencia con el planteamiento europeo, de compaginar una televisión pública fuerte, con audiencias importantes, con un sector privado también fuerte, necesario para dinamizar el sector audiovisual”

Como tengo verdadera certeza de que el Gobierno está asesorado por personas con ideas bastante claras, presupongo que la idea de “audiencias importantes” estará debatida. “Audiencias importantes” es un término que en sí mismo no significa nada. ¿Qué es importante? ¿Con respecto a qué? Que te vea medio millón de personas en La2 es un sueño si tienes un periódico y no digamos un blog. Pero comparado con lo común en televisión comercial estatal es irrelevante.

Mi conclusión es que le habrán explicado qué es eso de la fragmentación de audiencias y cómo es imposible que lo que antes se llamaba televisión pública fuerte y audiencias importantes tenga la presencia e influencia que tuvo en el pasado. Ahora La1 vive con el 17. ¿Por cuánto tiempo? Haciéndolo bien hay que estar preparados para que viva con menos del 14 en poco tiempo. Habrá que sumarle la barbaridad – excesiva a todas luces – de programas que tendrá en sus dos múltiplex de TDT. Pero con todo ello, es imposible pensar que en el entorno de comunicación al que vamos lo que se llamaba importante siga significando lo mismo.

Y no se puede olvidar que los gobiernos van y vienen. Que ganan elecciones y las pierden. Que aunque no puedan cambiar de la noche a la mañana al Presidente de la Corporación le pueden cambiar el Consejo, la ley y las subvenciones que reciben. El asunto del liderazgo de la televisión pública, si es que eso significa importante, sospecho que es un vestigio del pasado: en el entorno de medios al que vamos, es seguro que será relevante pero no decisivo. Creo, además, y es una opinión, que los esfuerzos de los gestores deben ser en centrarse en tener que pedir poco dinero a la sociedad y aspirar a ser líderes en respetabilidad.

Por supuesto, eso si no entramos a cuestionar el modelo de concesión de frecuencias en el que los operadores actuales – públicos y privados – se las reparten en cenáculos de un modo absolutamente oscurantista. Les recomiendo leer este interesante experimento en Guatemala sobre concesión de licencias radiofónicas donde no es posible como ha ocurrido aquí que las empresas de siempre se queden con todo el pastel. Gente como José Miguel Contreras han dicho (yo estaba allí) que dejar que cualquiera compitiese haría que la lucha televisiva se convirtiera en el Far West (como si en el Far West no hubiera sheriffs, leyes y jueces). Con un resultado aparentemente maligno, y es que el mercado televisivo se conviertiera en un oligopolio. Terrible. ¿Y qué es ahora?

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