Una mirada rara a la causa de Pablo Herreros
6 noviembre, 2011 – 17:18 | 18 Comentarios

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Vivir la historia es bastante trivial: unas horas en el pánico de Bombay

Escrito por el 27 noviembre, 2008 – 0:0612 Comentarios

Este es el off-topic más inesperado que nunca pude pensar en haber escrito. Sí, como muchos saben estoy en Bombay, Mumbai en la denominación moderna, donde los que a estas horas son desconocidos asaltantes de nada menos que dieciséis instalaciones han provocado un caos de dimensiones espectaculares.

Digo la trivialidad con respeto: a los que estén alojados en hoteles como el Taj Mahal o el Oberoi, la trivialidad que me ha tocado vivir es una angustia poco agradable. Analizado, ayer mismo estuve paseando por el lobby del Taj Mahal, hice mi pis, fui a ver la piscina y me decepcioné con la Puerta de la India, el que se dice símbolo de la ciudad y justo enfrente del hotel cuando me paseé para tener mi correspondiente foto. Si en vez de celebrarse el encuentro empresarial que estoy celebrando en un hotel del norte de la ciudad y junto al aeropuerto – también de los que se llaman de lujo – se hubiera celebrado en el sitio donde la Presidenta de la Comunidad de Madrid se alojaba e iba a celebrar un cóctel al que estaba invitado, ahora no me sentiría trivial.

Lo cierto es que el destino ha cambiado fechas y movimientos para que no estuviera justo allí en el momento en que las cosas están pasando y están sucediendo. Así que mi vida podría haber sido otra y es la que es. La que sea. Haré mi relato: salimos del hotel Hyatt Regency a las siete y media de la tarde dispuestos a cenar en lo alto del Hotel Intercontinental donde, al parecer, se ve el mar. Como he dicho, nuestro hotel se encuentra muy al norte de una ciudad donde el caos de tráfico supone que, normalmente, llegar hasta el punto de los primeros atentados, se invierta hora y media de coche. Los planes se fueron torciendo: jó, qué noche.

Los taxistas del hotel tiene sus arreglos e intentamos ser más listos que ellos. Nos fuimos a pillar taxis a la calle y terminamos subiendo a unos rickshaws que nos prometieron llevarnos al hotel Intercontinental, en el sur, no lejano a los hoteles asaltados, por nada menos que cincuenta rupias (una birria) tras el correspondiente regateo. La sorpresa es que el trayecto terminó en cinco minutos porque hay otro Hotel Intecontinental pegado al hotel en que nos alojamos. Cara de primos.

Una nueva negociación nos lleva a coger taxis de verdad, finos, con aire acondicionado y chóferes que hablan inglés decente. Como quiera que el destino se venga, uno de ellos era la víctima de un malentendido de la noche anterior que terminó en que no le pagamos. Así que el trato se resolvió aceptando que nos paraba en dos tiendas de ventas de souvenirs, además de nuestra tarifa y como para compensar. Como se puede imaginar, los taxistas pillan su parte o tienen un arreglo con esas tiendas.
En la primera, nos bajamos seis personas seis de dos coches con la intención jurada de no comprar nada pero, el destino es como es, terminamos arrasando la tienda. Menos mal que hay crisis. La segunda, realmente no la recordábamos nadie. Así que tuvimos amago de motín e histeria del conductor. Se arregló haciendo el paripé: dos voluntarios entramos a mirar un par de souvenirs, hicimos dos preguntas, mareamos la perdiz y nos despedimos casi a la francesa. Misión cumplida.
Con todo esto, las horas habían ido pasando y como las distancias son terribles en Mumbai, el descenso del norte al sur es eterno. Mientras descendemos ha pasado algo que no sabemos y llegamos al hotel de la estimada terraza donde la noche ya no permitirá ver el mar. Pactamos con los taxistas dos horas de libertad y entramos al vestíbulo. Aquí todos los vestíbulos cachean y chequean todos los bolsos y bolsas que entran por respeto a las bombas, así que no nos extrañó.
Poco después nos dicen que el acceso a la terraza está cerrado por lo que alguien traduce como un evento. Vete a saber lo que dijo el indio. Pero es al salir donde una de las más afamadas productoras de cine españolas dice que tiene un SMS de un amigo residente en Bombay que nos dice que nos larguemos rápidamente porque ha habido un tiroteo y dos bombas. La madre. Optamos por recoger a los taxistas y cambiar de zona en busca de una cena que los estómagos pedían a gritos.
Al poco encontramos un control policial que no nos puso ningún inconveniente y seguimos. Por el camino los móviles funcionan y el conductor nos explica que están todos los restaurantes cerrados (los de guiris y ricos, claro está) y que no es posible seguir. Aceptamos pulpo como animal de compañía y le decimos, por hambre y hora, que sí, que volvemos a nuestro hotel. Con su hora y media.
En un momento nos metemos en un atasco enorme. La carretera se ha parado y nadie sabe por qué. Hay rumores de veinte muertos, otros dicen que cuarenta. Todo es lentísimo. Empiezan los SMS y llamdas desde España: sabemos menos que ellos, pero les damos las gracias por la consideración. La carretera avanza y tras dar un rodeo por uno de los barrios más deprimidos de la ciudad, llegamos pasadas las doce de la noche al hotel y sin cenar. Escuchen el ruido de mi estómago.
No permiten entrar a nadie que no esté alojado, listado de huéspedes en mano. El jefe de no sé qué nos debe identificar porque nos ahorra el trámite de localizarnos en la lista. Pasamos los controles de bolsas y maletas y nos vamos directos a por sandwiches, currys, vino y cerveza. En ese momento empezamos a encontrarnos con más gente y con la organización, con lo que hacemos el primer conteo para saber si estamos todos. Esencialmente, sí. Sabemos que Esperanza Aguirre ha salido volando de regreso y todo lo que venimos a hacer aquí parece súbitamente estar en el aire. Ahora mismo lo está.
Es más de la una, casi las dos, cuando nos piden que dejemos el bar para ¿refugiarnos? en las habitaciones por seguridad. Nos llevamos el vino a las habitaciones y es entonces cuando vemos BBC, CNN y algunas locales y empezamos a ver lo que ve el resto del mundo. Es entonces cuando contesto tropecientos mails y twitts de preocupación: de verdad que emociona y gusta. ¿Pero cómo transmitir que no había nada por qué preocuparse? ¿cómo decir que nuestra vida era totalmente normal? En fin, gracias a todos.
Las conclusiones para nuestro mundo en red es ver cómo hoy entre twitter y móviles era imposible que yo no pudiera ser localizado incluso en medio del caos. El hecho de no haberlo sido, hubiera sido lo preocupante de verdad. Pero el mundo no debe haberse caído: internet funciona y yo escribo como Mark Twain: las noticias de mi muerte han sido ampliamente exageradas. No nos ha pasado nada complicado ni heroico, sólo un atasco. Pero Esperanza tiene que estar acojonada y eso sí que era normal.

12 Comentarios »

  • Juan Granados dice:

    Que temple! oyes que dicen en CNN que la Espe estaba en medio de una ensalada de tiros y se refugió bajo un mostrador, la vida en directo. Que alivio saber que todo va bien!

  • Xavier Muñoz dice:

    ya veo que ni en estas te tiembla el pulso, y nos ofreces un relato digno de guión de peli al poco de vivirlo en primera persona. Cuidate mucho !

  • Gonzalo Martín dice:

    Si es que nosotros no hemos visto un sólo tiro. Fuimos de atasco en atasco. Y aquí siempre hay atascos y mucha contaminación: pican la garganta y los ojos con la ventana abierta.

  • Antonio Domingo dice:

    Gonzalo, habrá sido solo un atasco, pero tienes una sangre fría de c… porque al fin y al cabo eso ha existido cerca vuestro, y con la inseguridad de no saber en donde podría seguir ocurriendo, y tu pensando en comer, ya te vale.
    Me alegro que haya sido solo “cosas que ocurren cerca”.
    Un abrazo

  • @javig dice:

    Gonzalo, muy interesante la historia (como siempre), como te puse ayer por Twitter tuve una experiencia del estilo, aunque leyéndote como que lo tuyo es mucho más historia de película y lo mío una anécdota. Aquí el enlace por si quieres leeerlo: http://guembe.com/archives/20 .

  • Sonsoles dice:

    Desde luego tienes razón la ignorancia de los hechos os hizo ser osados y tranquilos. Tampoco sirve de nada ser alarmista cuando no ha pasado nada. En cambio, los demás , desde la ignorancia de la falta de noticias tuyas tuvimos cierta incertidumbre y preocupación y digo yo que por algo será.

  • Gonzalo Martín dice:

    🙂 Por la incertidumbre. Pero lo que cuento es para que os deis cuenta que siempre estuvimos bien. Afortunadamente.

  • Anonymous dice:

    En tu relato parece que lo único que te importaba era el papear. Las 12 de la noche y sin comer en medio de una serie de atentados!!! ¿¿Cómo puede permitirse??

  • Juanjo Carmena dice:

    Me alegro de que estés bien. Ayer al rato de oír las noticias me acordé de que el gadget de Dopplr decía la misma ciudad. Menos mal que el Twitter está justo ahí también y pude ver que estabas respondiendo. Volved bien y un abrazo.

  • Juan Freire dice:

    Me alegro de que no os haya sucedido nada. Cuidate mucho.

  • Benito Castro dice:

    Me alegro que vaya bien la cosa, a pesar de todo. recibe un fuerte abrazo.

  • Luis I. Gómez dice:

    Es bueno saber que estás bien.
    Un abrazo.