Una mirada rara a la causa de Pablo Herreros
6 Noviembre, 2011 – 17:18 | 18 Comentarios

Ver que un puñado de anunciantes ponen los pies en polvorosa porque un blogger la lía… eso no se había visto por estos lares. De la madre de El Cuco, El Cuco y sus crímenes …

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La otra televisión 2.0 (la de los conflcitos morales que se resuelven de otra manera)

Escrito por el 11 Diciembre, 2008 – 9:304 Comentarios


Estaba anoche Iñaki Gabilondo imbuido de eso que hace tan bien: su papel institucional. El hombre que opina en la serenidad del relax que transmite y que se olvida de la ética periodística que sus dueños suelen defender con la separación explícita de opinión e información (eso que luego sirve para que los medios se metan los dedos en los ojos llamándose amarillos los unos a los otros), estaba concernido por eso de que en el Reino Unido se transmitió, si todo ha ido como se esperaba, un suicidio asistido. Una defensa de la muerte digna.

Gabilondo se hizo las preguntas de la televisión 1.0: ¿Es lícito esto? ¿Debe transmitirse por televisión? ¿Es una llamada al sensacionalismo y al uso insensible de la audiencia por la audiencia? Él no dice que no, seguramente duda, pero el mero hecho en que se formulan las preguntas presupone un juicio de intención. En la física saben que la posición del investigador determina el resultado del experimento.
Bien, miremos el asunto desde la perspectiva de la televisión 2.0 – palabreja manida, pero para entendernos – y no tanto desde las perspectiva moral, del dilema de la elección del editor de noticias. Esa mirada nos lleva a prescindir del debate de fondo, que no es motivo de este blog (medio o lo que sea), que es si, por un lado, defender el suicidio asistido es legítimo o no, o si eso debe poder verse. En todo caso, los que me conocen personalmente saben que un servidor de ustedes está casi siempre del lado de las elecciones personales tomadas en libertad. Interprétenlo como les guste, pero que no les distraiga de nuestro debate que va a ser otro.
La cuestión es que en la nueva televisión es irrelevante el problema angustioso que inunda a Gabilondo. En primer lugar, porque si los promotores de la cuestión, el suicida y su familia, quieren que se vea, sólo tienen que subirlo a YouTube y saldrá desperdigado a los cuatro vientos. Si YouTube lo censura, aparecerá en otro lado, y cual plaga bíblica terminará por ser visto por quien quiera y por quien no quiera no. Primera barrera derribada de la lógica de los medios “institucionales”. Sean Iñakis, Losantos o lo que ustedes quieran. Dejan de ser policías editoriales. La pregunta es si dejan de ser, por tanto, institucionales.
En segundo lugar, y derivado de la primera, se rompe una vez más el mito del medio oficial. El criterio editorial entendido como responsabilidad pública y como guardián del buen gusto, la moralidad, el orden, las leyes y cualquier otra palabra que implica esa censura blanca que es decidir lo que entra en el reducido espacio de la escasez inherente a lo analógico, es otra barrera que se pierde. ¿Por qué los Iñakis son tan adultos y mayores que pueden ver las imágenes escabrosas o de zozobra moral y pueden decidir si las vemos o no, si nos dan la opción o no, cuando nosotros votamos igual que él, podemos ir a la cárcel igual que él y estamos obligados a pagar impuestos igual que él? Todos tenemos un criterio, y la red, con su individualización de la comunicación nos permite decirlo, nos oigan o no. Siempre oirán más a Iñaki que a mí, pero puedo decirlo.
Me dirán que me olvido de otras cosas. Pederastas, violaciones infantiles, snuff movies y todo tipo de horrores están en vídeo y ¿qué hacemos con ello? Terroristas islámicos han mostrado sus crímenes, los asesinatos de sus rehenes, provocando el mismo problema en las noticias de los medios institucionales. Preguntas como el respeto a las víctimas (sus familiares) la sensibilidad de los espectadores, la protección de la infancia, son todas ellas preguntas legítimas y necesarias, pero sospecho que las respuestas no están en el juicio editorial del medio responsable que estaba, es cierto, obligado a ser responsable.
Cuando las cámaras de vídeo van en las manos de todas las personas, la vida se convertirá en video si no lo está siendo ya. El problema no es la producción de imágenes: desde el parto de los lagartos hasta los crímenes van a ser video y, no nos engañemos, van a estar accesibles para cualquiera, queramos o no. La línea editorial de un medio es algo que también existirá. Pero la línea editorial ya no puede pretender filtrar negando el acceso a información, su labor consiste en filtrar categorizando la información.
Hace años que los cines cambiaron las prohibiciones de acceso por edades por las recomendaciones a los padres. Hace tiempo que los agregadores de contenido confían en los usuarios para advertir de contenidos que llaman inapropiados (se retiran en algunso casos, pero ya se sabe que aparecen en otro sitio). La cuestión es qué reglas se montan los medios, los que eran institucionales y los que llamamos nuevos, para advertir y explicar a su audiencia las opciones que tienen y lo que pueden esperar de los contenidos que flotan por la red.
La sociedad occidental empezó a descubrir que la guerra no era heroica cuando empezó a verse y a narrarse con otro tipo de relatos que no eran la propaganda. Cuando nos tropezamos con la miseria en la calle, con hombres y mujeres caídos por el destino, nuestra propia tendencia a la salud mental nos lleva a querer ignorar, a no querer ver, a que la desgracia no nos amargue la conciencia ni la de nuestros hijos que se preguntan por qué el mundo no es maravilloso. Comprenderán que no tengo la llave para resolverlo, pero sé que los hechos son tozudos y que lo que antes no queríamos ver pero que sabíamos que se podía ver, lo que veíamos con nuestros ojos y queríamos olvidar, ahora queda registrado en algún sitio. Y que no podemos cerrar los ojos a que exista.
En cierta forma, la televisión 2.0 – no me canso de sentir que el término no me gusta nada – también es eso: el cambio que supone que no hay imágenes que se puedan evitar, que puedan filtrarse para que desaparezcan. El cambio es que probablemente aquéllo de Time diciendo que el hombre del año (¿del siglo?) es usted mismo, querido lector, sea cierto: sólo el espectador decide qué filtro le merece confianza para decidir si ve o no ve. Pero ver, lo que se dice ver, todo se puede ver. Es más, lo que antes no tenía oportunidad de ser visto, ahora estará y está al alcance de los ojos de cualquiera. No cabe duda de que es otra forma de pensar.

Créditos: la foto pertenece a Brero, distribuida con licencia CC

4 Comentarios »

  • chicadelatele.com dice:

    Al hilo de tu entrada y de esta de El Descodificador (http://tr.im/252l), otra reflexión que me hago: con la proliferación del vídeo en la red y la posibilidad de cualquier cadena de televisión tradicional de trasladarse al “nuevo” medio ¿tiene sentido seguir hablando de concesiones públicas a las televisiones privadas y su obligación de cumplir ciertas normas y proveer un servicio público. ¿Cuanto tardaremos en ver a las nuevas empresas audiovisuales emitor directamente en la red para evitar todos esas constricciones?

  • Neus dice:

    “Cuando las cámaras de vídeo van en las manos de todas las personas, la vida se convertirá en video si no lo está siendo ya”. A) es cierto. B) No estoy segura de que sea una buena noticia.

  • Gonzalo Martín dice:

    Neus: mala o buena, es un hecho. Las pistolas existen y no es una buena noticia, pero hay que convivir con ello. También la bomba de neutrones: lo malo del progreso es que no va para atrás y que la misma tecnología se usa bien o se usa mal. Y suceden las dos cosas a la vez.

  • Gonzalo Martín dice:

    Chicadelatele, sabes que pocos hay más militantes que yo sobre la reformulación del negocio clásico. Creo que he llegado a publicar una “paja mental” en la que se cerraba la recepción atmósferica y todo el mundo al cable y al satélite. Se deja el espectro para datos en movilidad y se deja la regulación de la televisión exactamente igual que cualquier otro negocio: leyes mercantiles y derecho civil.

    Pero eso, como me dijeron una vez acerca de la regulación de la fusión Canal Satélite/Vía Digital sería “muy fuerte”. Vamos, que no hay narices.

    Asistimos al espectáculo de como concesionarias privadas de un bien público se reparten el negocio en connivencia con los políticos creando un engendro sin que la sociedad participe, ni en la definción de lo público en lo audiovisual ni en cómo y por qué se tiene un monopolio sobre un fragmento del espectro. Por supuesto, creo que tu eres de las que no se creen que eso del Parlamento es “la sociedad” y ni mucho menos “sus representantes”. Legítimos son, legiitmados lo dudo.

    De todas formas, toda esta farsa de muere con un único motivo: se llama fibra al hogar y libertad de concurrencia por la red.