Una mirada rara a la causa de Pablo Herreros
6 noviembre, 2011 – 17:18 | 18 Comentarios

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Qué puede hacer el gobierno por el consumidor de televisión en la era de la TDT de pago

Escrito por el 16 enero, 2009 – 20:592 Comentarios


Comentaba con una buena amiga ayer mi entrada relacionada con la cantidad de minutos de publicidad que pueden emitir públicas y privadas. Decía que, en mi opinión, éste es ya un tema poco relevante para la ordenación de la televisión en abierto, un medio que la sociedad aspira a que sea de calidad, por muy etéreo que sea definir ese concepto. No es mi amiga una persona del sector ni que pueda considerarse dentro del espectro de lo que llamamos techies, sino una consumidora más de nuestros días, que usa internet para lo que le es útil, tiene su ordenador y se pone Firefox porque se lo dice un amigo y no porque esté al tanto de lo que pasa.

Explicándole mi entrada, llegamos a la cuestión de los set-top-boxes (ella lo llama de otra manera, y aquí lo simplificaremos con STB’s) y descubro que es una más de las personas que tienen un media center y que está encantada por su capacidad de elegir lo que ve y por las películas y series que otro amigo le coloca en ese disco duro (que ella no sabe de dónde salen, pero que se pueden suponer…). En definitiva, que ha descubierto la televisión personal y no quiere volver atrás. Por supuesto, lo que más le entusiasmaba era no tener que ver anuncios, no porque no le gusten, que le gustan, sino porque interrumpen. Pero me hizo una observación decisiva: con estos aparatos, los padres pueden hacer un muy efectivo control de los contenidos que ven sus hijos en el hogar, especialmente los más pequeños. No sólo eso, sino que es más fácil racionar el consumo de imágenes.

Quizá por la carencia de hijos, nunca se me había ocurrido razonar en esos términos. Sí se me ocurría, por cercanía con mis familiares, que la posibilidad de elegir (un DVD, vaya) proporcionaba muchas horas de tranquilidad cuando el aparato de televisión se emplea para hacer de niñera. Esto es trascendente, pues si algo preocupa a los gobiernos en sus poco útiles cruzadas morales es la protección de la infancia. ¿Qué mejor manera de hacerlo que asegurándose que los padres pueden decidir qué y cuándo ven sus hijos lo que ofrece la televisión?

En plena discusión entre bastidores de cosas como la TDT de pago (que va a salir) hay otros elementos subyacentes a esa regulación. En concreto, son las especificaciones técnicas de los dispositivos (televisores y STB’s) que sirven para lo que llamamos pago y que los ingenieros llaman acceso condicional. El horror de los horrores es que alguien consiguiera que cada canal vendiera su aparato de forma que sólo se pueda ver con él su propia oferta de televisión de pago por visión y que por cualquier otro mecanismo diabólico, técnico o legal, un fabricante no fuera libre de ofertar al público dispositivos capaces de leer cualquiera de las ofertas y hacer las combinaciones que desee.

Desconozco si existe alguna forma de hacerlo (siempre la hay) pero ahora mismo y, que yo sepa, no puedo ir a la calle a comprarme un aparato para ver Digital+ que no me lo venda o alquile la propia Sogecable. Si no es así, debe ser tan complicado que nadie se ha lanzado a ofrecerlo comercialmente. Sucede lo mismo con Imagenio. Es decir, no puedo acudir a ninguna tienda, comprar un cacharro, conectarme a mi ADSL y luego contratar con Imagenio, Jazztel, Ono o quien sea quien me da la oferta de televisión de pago.

En TDT no debiera poder ocurrir eso. Ahora mismo todos los STB’s que se venden sintonizan la TDT, ¿pero qué pasaría si no pudieran dar la oferta de acceso condicional de cualquier canal de modo libre? ¿Qué pasaría si no se pudiera desarrollar un mercado donde múltiples fabricantes y desarrolladores de software pudieran llevar adelante soluciones técnicas de todo tipo? Así, contar con un parque de aparatos instalado de dimensión suficiente que incluya conexión inalámbrica a la red, que disponga de discos duros para programar las grabaciones y permitir la personalización del consumo, que gracias a ello se puedan crear modelos de negocio basados en el acceso a contenidos por internet además de los de la propia TDT y permitir que el consumidor filtre la oferta en abierto de acuerdo con sus personales discrecionalidades, sería muy difícil o más lento.

Téngase en cuenta que lo que normalmente se vende ahora mismo para ver la TDT son lo que en la jerga del sector se llaman zappers, meros sintonizadores que, como el nombre sugiere, sirven para cambiar de canal. Elevar el nivel de prestaciones cuesta dinero, bastante más, pero hay muchas empresas trabajando en un futuro en el que la gente adquiera dispositivos que den más valor añadido a la experiencia de la televisión. Desde la poco agraciada interactividad basada en MHP de la TDT, hasta PVR’s completos con conexiones inalámbricas a la red. La TDT de pago, que socialmente se ha mirado y se mira con tanta sospecha, supone una oportunidad sin igual para que los hogares se equipen con dispositivos de verdadero valor añadido, con prestaciones donde la conectividad con internet parece necesaria si el fabricante o promotor no quiere reducir sus opciones de modelos de negocio avanzados gracias a la presencia de retorno, por no hablar del acceso a otros contenidos.

Y eso es así, porque el fútbol, auténtico motor de cualquier opción de televisión que opte por un modelo de subscripción o pay per view, empujará la venta de dispositivos preparados para el acceso condicional, los que ahora no están en los hogares. La lucha en el mercado llevará a venderlos con opciones de servicios adicionales, como videoclubs bajo demanda aprovechando todas el potencial de conectividad. Es decir, se crearía una masa crítica suficiente de usuarios para que opciones interactivas que ahora no son motivo de compra, como los juegos online, puedan ser viables. O que aplicaciones útiles, como posibles accesos bancarios o consultas a las administraciones puedan ser realmente operativas (canal de retorno) y no un mero gadget que sube de vistosidad al antiguo teletexto.

Sea por el desarrollo de la sociedad de la información que forma parte de los objetivos estratégicos del Gobierno, sea por la libertad de empresa y de mercado (no más oligopolios regulados si es posible, por favor), sea por el interés de los poderes públicos en proteger a determinados colectivos (la infancia el más claro de ellos) legislar y trabajar en favor de la personalización de la experiencia televisiva me parece una auténtica obligación moral. Se tiene que ordenar el negocio de la televisión mirando el siglo XXI: las limitaciones de publicidad en minutos y por sus categorías (placement, patrocinios sofisticados), una perspectiva que está en la mente de muchos ministros de cultura europeos el mantener a toda costa, curiosamente van más en contra del consumidor que preservar ese tipo de antiguas protecciones que tenían sentido en un mundo escaso, de pocas licencias y donde los operadores privados no tenían contrapeso en las redes ni en la tecnología de recepción de los contenidos.

Un mundo televisivamente abierto, donde el cine descargado por la red (que da oportunidades a las lenguas minoritarias y a la producción independiente, otro objetivo político) se puede hacer ubicuo, donde los padres tienen el control de lo que se recibe en el hogar, donde la publicidad tiene que buscar formas de respetar a los usuarios, cabe pensar que va a suceder sí o sí. Pero nada como tener un marco legal y de inversiones públicas que se oriente a ello. Y un último argumento de los que se utilizan generalmente para la intervención del estado en estas cosas: conectar los televisores a la red, sí permite una pluralidad de voces y opiniones efectiva, algo que nunca se puede conseguir con el sistema de licencias.


Créditos: la foto la comparte Quimpg con licencia CC.

2 Comentarios »

  • teleymedia dice:

    El problema Gonzalo, sigue siendo la financiación de los contenidos. La financiación por medios alternativos a la publicidad tal y como la concemos ahora en televisión tiene para mi tres vias, una ya en uso: el pago, otra la busqueda de publicidad integrada en los productos televisivos, que a mi entender para hacer rentable un contenido puede ser tan cargante o más que la publicidad directa, por no hablar de la indefensión del consumidor que si o sí es impactado por el mensaje publicitario y tercero buscar modelos de negocio paralelos al producto televisivo que quizás eleve demasiado el nivel de esfuerzo e incertidumbre empresarial para lograr rentabilidad. Lo más probable es que veamos un aumento enorme de la televisión de pago por unidades visionadas, sea via red sea via tdt, ¿por que no?.

  • Gonzalo Martín dice:

    Bueno, es que ese es siempre el problema. Y eso sólo tiene una respuesta en sociedades capitalistas: se llama mercado.

    Para que haya opciones reales tiene que haber libertad de elección, y no hay libertad de elección si no puedes elegir ni el momento en que ves las emisiones ni qué contenidos: por razones técnicas históricas los archivos no están disponibles a tu voluntad ni puedes decidir cuando reproducirlos.

    La existencia de una estructura distribuida de consumo y recepción de contenidos lo que permite es que se puedan desarrollar modelos de negocio fuera del oligopolio sobreregulado y plenamente intervenido que es lo que llamamos televisión.

    A partir de ahí que cada uno encuentre su modelo de negocio. No habrá sorpresas especiales: todo el mundo seguirá diciendo que le gustan los documentales pero los verá en mucha menos proporción que el fútbol. La diferencia es que el que hace el documental se puede jugar el dinero fuera de un sistema cerrado. Después recuperará el dinero o no, tendrá público o no. Le pasa lo mismo al fabricante de madalenas. Así es la vida.