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6 noviembre, 2011 – 17:18 | 18 Comentarios

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¿El modelo de negocio condiciona los contenidos?

Escrito por el 9 febrero, 2009 – 10:094 Comentarios
Podría decirse que inevitablemente sí o que es una obviedad. Pero a lo mejor no lo es, especialmante si tenemos en cuenta el debate habitual en cafeterías y medios sobre la calidad de las programaciones. Esta entrevista de El País a Glenn Close por su papel protagonista de Daños y Prejuicios (Damages) es una síntesis muy interesante de cómo las diferentes formas de generar ingresos condicionan los productos y los conflictos entre arte y negocio:
P. Muchos críticos sostienen que el verdadero talento está hoy en la televisión, en series como la que usted protagoniza. ¿A qué atribuye ese fenómeno?

R. La revolución empezó en la televisión por cable, con la HBO, que podía hacer lo que quería porque no tenía que apoyarse en los anunciantes. Y eso atrajo a muchos escritores que querían trabajar en libertad. La televisión acapara el talento porque allí el guionista es el rey
En otras palabras, el modelo de televisión en abierto obliga a crear contenidos masivos que reduzca los riesgos económicos del productor. O, a la inversa, que maximice el ingreso. Los contenidos masificados se mueven por el mínimo común denominador de las consideraciones estéticas que asume el espectador promedio. El cine comercial tiene una lógica parecida. En ninguno de los dos casos sé de antemano cuánto dinero voy a ingresar.

El modelo de subscripción del cable entronca con usuarios dispuestos a salir del mínimo común denominador que busca sustituir la televisión convencional, necesariamente comercial o masificada, por propuestas más sugestivas para espectadores con ambiciones diferentes, ambiciones que no tienen sitio en el mínimo común denominador aunque también compartan parte de su tiempo en ellos. En un modelo de subscripción conviven muchos contenidos que no viven de la audiencia diaria sino de la fidelidad a su disponibilidad o de la exclusividad forzosa por su alto valor (fútbol).

Invertir en productos de alto riesgo artístico destinados a ofrecer una diferenciación sobre la oferta comercial para personas que pueden pagar algo todos los meses no tiene un riesgo económico tan alto pues su rentabilidad no se juega en una noche, sino en la renovación de un paquete repleto de pequeños ganchos para públicos que ambicionan la posibilidad de acceder al menos a uno de ellos y no necesariamente a todos.

Todo esto, claro, repleto de matices que me parece largo hacer ahora y que seguro que alguien desea comentar. Pero las consecuencias de asumir tengo que pagar y no esperar al anunciante si quiero contenidos sofisticados en su ambición artística o periodística (que pueden no funcionar al igual que los comerciales, pues eso es inevitable) son interesantes: la ciudadanía puede optar por pagarlos mediante impuestos o dejar que el mercado se los proporcione mediante cuotas.

Me extraña que Uteca no emplee estos argumentos: cualquiera de los cálculos que presentan sobre el coste para la ciudadanía de la televisión pública es parecido o excede el de pagar algo como Digital+. Hacerlo con impuestos implica, teóricamente, que toda la sociedad accede a ellos y mediante el pago de cuotas que sólo lo hagan quienes estén dispuestos a pagarlo. Implica, también, que lo que es artísticamente arriesgado y/o servicio público es una elección de los gestores puestos por el estado y no una respuesta a cambios en la orientación del público que vota con sus renovaciones de cuotas.

Es una elección social que permite preguntarse si la televisión pública financiada parcialmente con publicidad no resulta una variante aberrante por no llegar a ambas cosas. ¿Sirven estas conclusiones para el esperado mundo de la libertad creativa que se espera de internet? La carencia de publicidad suficiente para pagar la escala de costes que requiere el valor de producción necesario de cualquier pieza tenida por minorataria o arriesgada, el hecho de que la publicidad busca unos públicos y no otros, públicos que pueden no ser los que demandan esos productos, conlleva razonar que encontrar esos nichos y trabajar su fidelidad vía renovación (como las ONG's, que cobran por su misión y no por su acción) puede ser el modelo de negocio.

O puede ser la donación. Me he propuesto vigilar la evolución de Indiegogo y Spot.us como referentes para saber si pagar a escote el producto raro, escaso o arriesgado entre su público natural, incluso abriéndolo a las inversiones de fundaciones y obras sociales (que no sé si se les ha ocurrido) es un servicio viable o bajo qué condiciones de éxito es viable. También pudiera ser que recuperar uno de los elementos que, inesperadamente, favoreció el éxito de Canal+ en Francia, la obligatoriedad de dar parte del contenido codificado en abierto, sea un modelo para proyectos como Balzac, Tendencias o Vinus. La emisión en abierto permitía que los espectadores probaran el producto y, si se enganchaban, pagaban la parte premium. Hoy hablamos de freemium.

Esto, en definitiva, no es nada que el porno no haga, esa industria que viven en los sumideros de la conciencia colectiva pero que lo inventa todo. Bueno, la cuestión original es seguramente al revés, ¿es el contenido el que condiciona el modelo de negocio? Cerrarlo, en el mundo de los bits libres y del paradigma de lo abierto para ser enlazado y optimizado en el buscador lo complica todo. The Wall Street Journal ha funcionado estupendo cerrado precisamente por su especifidad de contenido, puede decirse lo mismo de Financial Times. No son televisión, pero son una experiencia interesante sobre todo si tenemos en cuenta que el video por la web es una actividad, todavía, puramente de internet. Ahora sus dueños buscan jugar a la semiapertura para probar ambos mundos. Los ingresos dirán.

Todo esto tendría otra reflexión final: no hay un único modelo de negocio para el video en la red, sino que cada propuesta de vídeo tiene que optar por el que exige su contenido. O, elevándonos, que de toda la vida ha existido el mecenazgo y que la financiación del arte siempre se ha manejado caminando sobre cables en al aire. Debatan si tienen ganas.

4 Comentarios »

  • Enrique Castro dice:

    “Mecenazgo”…terrible expresión de la que muchas personas en el mundo “2.0” huyen como de la peste.

    Efectos lógicos del lenguaje políticamente correcto.

    Un saludo

  • Habanito dice:

    Sí, para mi el modelo de negocio condiciona los contenidos. Otra cosa es cuáles serán estándares en el futuro.

    Creo que la cosa pasa por un equilibrio de los mismos. Pues el mecenazgo se queda corto en viabilidad (en Indimaverick la película más subvencionada sólo llega al 15% de presupuesto. Y lleva año y pico colgada…); y la inversión tradicional y directa en la red todavía no es retornable.

    El núcleo es concebir un desarrollo desde el gusto, interés o como se quiera llamar. No en términos de publicidad o marketing sino expectación: que sepas que va a hacerse y sigas su elaboración. Al fin y al cabo eso pasa con Indiana Jones, La Guerra de las Galaxias o la próxima de Woody Allen.

    Si Cuatro y su “que te” fallan en darle más importancia en las opiniones (hacerlas partícipes), indiegogo cojea por no ofrecer una impresión de poder hacer. Pero por ahí van los tiros.

  • Txaber Allué Martí dice:

    Me desvío del debate. Simplemente confirmar que, en mi entorno, ya hace tiempo que las series han superado al cine. Hace ya tiempo que cuando alguien pregunta por qué no hay pelis buenas y son repetitivas y reiterativas, la respuesta que damos es que el talento está en las series. y, para mi gusto, casi todas de cable (The Wire máximo exponente).
    Con la piel de cocinero, aunque no sea negocio, nada más evidente que el formato condiciona, ¿no?

  • teleymedia dice:

    Pienso que el problema radica sencillamente en el hecho de que aún hay que pensar en que modelo de negocio se tiene que basar el video por la web.
    En un entorno (la red) en el que se vendió el “alma”(el pago por el uso de servicios y contenidos) a cambio de la acumulación de usuarios y su financiación a través de publicidad, el paso atrás, el pago por uso, es francamente complicado.
    La conciencia colectiva es que lo que circula en internet tiene que ser gratis.
    Existe la paradoja de que en la red está mal vista la publicidad pero tampoco hay disponibilidad al pago (en especial en este pais donde reconozcámoslo la picaresca no está mal vista)empuja al creador de contenidos a la busqueda de un modelo de negocio “ad hoc” mediante servicios complementarios o productos paralelos que realmente crean dudas ante una aventura empresarial en este campo.

    Asumiendo de que estamos en los inicios de el video y la televisión por la web, ¿en nuestro país realmente hay ofertas que puedan permitirse el pago por visión debido al valor de sus contenidos?
    ¿Se puede pueden ofrecer contenidos de valor a través de la donación? No creo que la donación se pueda tener en cuenta como principal fuente principal de ingresos de cualquier empresa.

    Creo que un cambio de orientación en la obtención de ingresos en toda la red es el gran cambio que posibilitaría el despegue empresarial en el video y la televisión por la red. Podría ser que está crisis económica obligue al cambio (si no al cierre) de muchas empresas basadas en la gratuidad y el cambio de conciencia al pago por uso.