Una mirada rara a la causa de Pablo Herreros
6 noviembre, 2011 – 17:18 | 18 Comentarios

Ver que un puñado de anunciantes ponen los pies en polvorosa porque un blogger la lía… eso no se había visto por estos lares. De la madre de El Cuco, El Cuco y sus crímenes …

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La crisis, pasada por Hollywood: paradojas del cambio

Escrito por el 10 julio, 2009 – 19:00Un Comentario

Es una observación generalmente obviada, quizá porque ya no lo recordamos, pero es verdad que la aparición del DVD hizo que desearamos poseer las películas: no fue el primer formato digital que se ponía a disposición del público pero sí fue el que triunfó. Rebuscando en mi propia memoria, la espectacular calidad de imagen que daban los DVD’s comparados con las cintas de VHS que alquilábamos y que, sí, también amontonábamos compradas o grabadas de la tele, me llevó a cambiar de televisor.

Fue un impulso. Me gasté un dinero de los de entonces, cien mil pesetillas en incómodos plazos, y tuve mi primer reproductor DVD. Con él, compré dos películas y las probé en mi televisor de catorce pulgadas. Tal cual terminé de verlas, ese mismo día, bajé a la calle y subí a mi casa con un televisor nuevo, panorámico (no hablábamos de 16:9 así como así entonces), por otras ciento y pico mil pesetillas en otros incómodos plazos, y me lancé a acumular películas. Todas las que amaba. Mi entusiasmo bajó con los años, pero debo tener más de quinientas.

La compra de películas borró otro hábito de nuestra vida: dejamos de usar el vídeo con la intensidad con la que se usaba. Conviene recordar que ya había quejas de piratería y de que lo visto en vídeo no contaba para las audiencias: las lágrimas de cocodrilo de los que no triunfaban con las reglas del espectáculo que imponía la tele de entonces. Ya las quisieran ahora. El problema de Hollywood, dicen, es que hemos perdido la ansiedad por poseerlas: las ventas bajan, en parte se reponen por ventas de Blue-Ray, pero una barrera psicológica se está cruzando con el éxito de Netflix y de Redbox, una empresa de kioscos de alquiler que crece como la espuma y de la que aquí no hemos hablado pero que está siendo la verdadera preocupación de la misma Netflix, los creadores del nuevo paradigma de la subscripción.

La preocupación no es baladí. El DVD cambió muchas cosas, pues si el video doméstico dio mucho dinero a los estudios, el DVD hizo posible que la mayor fuente de ingresos de las películas viniera por la venta de copias y no por las entradas a los cines. Es decir, la película se lanzaba en salas donde se amortizaban los costes de promoción y gran parte del coste del negativo pero el dinero se ganaba en el DVD. Pero si la gente vuelve alquilar, incluso en video on-demand a través de sitios como el Apple-TV, las subripciones de Netflix o las copias a dolar de Redbox, el rendimiento es muy inferior. ¿Qué hacer? Pues inventar, buscar estrategias comerciales para dar valor al Blue-Ray, a la copia vendida sobre la alquilada, no ampliar demasiado los catálogos online (piratería aparte) etc. Y supongo que rezar.

El caso del DVD menguante (una tecnología madura destinada a morir en manos del Blue-Ray, pero en la que queda la duda de si volveremos a comprarnos toda nuestra biblioteca de títulos antiguos cuando, además, es esperable que estén online), sólo es uno de los conflictos a los que se enfrenta el entramado de unos pocos megagrupos de empresas que llamamos Hollywood. Otra parte de la caída de ventas es debida a la recesión. Una recesión que, sumada al cambio tecnológico, la época que la ha tocado, adopta unos rasgos curiosos. Puede que no tanto.

Lo primero es la ausencia de financiación. La revista The Economist (que también explica el asunto del DVD) sugiere en su análisis de hoy que – yo diría que por fin – los inversores profesionales se han dado cuenta de que como otros muchos antes en Hollywood en el negocio de las películas, y esto es literal del artículo, son mejores las fiestas que los beneficios. A mí en Los Ángeles siempre me han dicho que los que ganan son distribuidores, los agentes, los abogados, las estrellas y, en general, todo el que cobra un fee por su trabajo en la película, pero el inversor privado…. Ese que siempre tiene ilusión porque produce una película. Hay un par de entrañables capítulos de Los Soprano con este ánimo del sobrino de Tony Soprano y sus formas de convencer a la cutre y peligrosa mafia de New Jersey de que se juegue sus dólares que resultaban muy ilustrativos del asunto.

La consecuencia es que faltan dólares. Sólo quedan vivos o con ganas de hacerlo no más de doce bancos que se especializan en financiar – como inversores, no como prestamistas – las películas. Hace poco eran de 25 a 30. Y, si hay menos inversores, hay menos películas. En resumen, que en vez de las seiscientas películas anuales del entorno no independiente, se espera que la cosa se quede en cuatrocientas. Como lo que se comienza a rodar en un año tarde de uno a tres años en verse en las salas, puede que para cuando la recuperación haya llegado no haya material para estrenar en las mismas proporciones. Y, es evidente, los estudios se enfrentan a un horizonte de menos ingresos teóricos.

Pero, como hemos dicho, la situación es paradójica. Hay más taquilla. El cine en tres dimensiones está funcionando y, oh milagro, la dificultad está bajando el caché del talento (menos películas que producir, menos espacios donde poder trabajar) y también, importantísimo, el coste de la publicidad. Puesto que vale tanto o más lanzar una película que producirla, la bajada de los precios de la publicidad es un elemento altamente favorable para la rentabilidad de los estudios (que son los que distribuyen, no los que necesariamente producen). O más públicidad, es decir, más capacidad para rentabilizar copias, o menos inversión: el umbral del break-even más bajo, ideal para películas con mucho boca a boca y apariciones naturales en medios. Léase Harry Potter que, no obstante, tendrá una campaña a su altura.

Los fundamentos económicos del cine están cambiando: me alegra comprobar que una percepción mía parece tener fundamento. Que vamos a una era de grandes presupuestos o de presupuestos pequeños, casi guerrilleros, conviviendo simultáneamente y que, lo que se queda en medio, indefinido en presupuesto y género, sale mal desde el punto de vista de la rentabilidad. Por otro lado, conviene darse cuenta de lo que es una gran producción: el Grupo Vértice360, un conglomerado de empresas de servicios y producción audiovisual, factura alrededor de los 120 millones de euros. Y es un player. Sogecable anda por los mil y algo. Un telecinco, son setecientos con la publicidad actual. Una producción, sólo una, como Star Trek, sumados los costes de promoción y de producción son un entramado que requiere 300 millones de dólares de ventas.

Calculen el riesgo y la dimensión que un solo producto adquiere en esos rangos. Cuando Álex de la Iglesia se queja de las comparaciones con la industria local, tiene un punto de razón, aunque sea una excusa para ocultar otros males (y él no es el peor representante de ellos, más bien al contrario). Puesto que las grandes producciones viven del inmenso ingreso que produce lo que no es taquilla, licencias, televisión, etc. , menos producciones este año y lo que dure la crisis de financiación son, como hemos dicho, importantes reducciones de los ingresos esperados para el futuro. Por si acaso, ya hay rumores de fusiones en aspectos como las ventas de DVD doméstico entre los grandes grupos.

Y todo esto es muy curioso cuando, repitiéndose algo el clásico de que las épocas difíciles atraen a los espectadores a la distracción y acudir a los cines, deberían estar mejorando sus perspectivas. Los datos de taquilla americana que me llegan cada semana muestran un ligero incremento de ingresos sobre el año pasado. Pero sobre todo la mejora se da en el 3D, el sitio donde hay capacidad de sorprender. En España, la taquilla ha mejorado un 16% en lo que va de año, a pesar de que los españoles le dicen al EGM que no van al cine. También aquí el 3D está adquiriendo cada vez mayor importancia en la recaudación y el número de salas aumenta y aumentará. Todos a la espera de Avatar. Tecnología y crisis, poco será lo mismo a la vuelta de dos años.

Créditos: la imagen forma parte de la galería de nkenji, y es compartida con licencia CC

Un Comentario »

  • jrecuenco dice:

    El 3d funciona por algo muy sencillo: la gente solo se desplaza a experiencias que no pueda emular en la comodidad de su hogar en un pantallón de 40"

    Por eso tengo mis dudas de que funcione lo de los partidos de fútbol, a no ser que el HD proporcione una experiencia en pantalla grande realmente diferencial.

    Eso es lo que terminó con los salones arcade y lo que estaba fulminando al cine.