Una mirada rara a la causa de Pablo Herreros
6 noviembre, 2011 – 17:18 | 18 Comentarios

Ver que un puñado de anunciantes ponen los pies en polvorosa porque un blogger la lía… eso no se había visto por estos lares. De la madre de El Cuco, El Cuco y sus crímenes …

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El conflicto entre impuestos y gasto deja fuera del debate a las televsiones públicas

Escrito por el 29 septiembre, 2009 – 7:238 Comentarios
En algunas comparecencias de representantes políticos defensores de las posiciones gubernamentales se ha retado a la oposición a designar qué gastos consideran que se deben reducir para dismuinir el déficit (en las empresas diríamos pérdidas) de las cuentas públicas. El silencio más notorio ha sido la respuesta. A la inversa, los primeros aducen que la dificultad de reducción proviene del sostenimiento del gasto social.

La curiosidad proviene del hecho de que nadie, ni siquiera la prensa, ni siquiera UTECA, ha puesto en cuestión en un momento de crisis recaudatoria del estado, en un clásico momento de reorientación de prioridades de financiación, el coste de las televisiones públicas. Todo lo más, los titulares de licencias de televisión privada han venido a decir que, tras la supresión de la publicidad en RTVE, deben ser las televisiones autonómicas quienes continúen el proceso de liberar recursos publicitarios para el mercado. Por supuesto, a nadie racional se le escapa que si las televisiones públicas gastan lo mismo (o más) pero reducen sus ingresos provenientes de la publicidad, el recurso al estado (ergo, en contra de las cuentas públicas saneadas) aumenta.

Medios informativos de gran tirada y audiencia no han planteado lo más mínimo de esta cuestión. Hoy leemos que RTVE le costará a los contribuyentes 26 millones de euros más. Eso sin contar con las contribuciones que telecos y televisiones privadas deben hacer para sostenerla o la reasignación de más trescientos millones de euros por el uso del espectro radioeléctrico que antes tenía usos alternativos. Todo estudiante de económicas sabe que, de una forma u otra, esas tasas al sector privado se trasladan al precio final. Es decir, termina pagando el consumidor, sea por más coste de las líneas de telecomunicaciones, los precios de los servicios de televisión de pago o las propias tarifas de publicidad que forman parte de los costes de las empresas que se anuncian. Un impuesto diluido.

Ningún bien público administrado gratuitamente es realmente gratis. Pero lo parece. La televisión pública no es gratis y se hace más duro en un entorno de fuerte exigencia de recursos para el sostenimiento de situaciones y bienes que aparentemente son superiores. Es una elección social que, teóricamente, se produce por el traslado en las discusiones presupuestarias de las preferencias del electorado en materia de gasto que se hacen en los programas electorales. Creo obvio que este nivel de abstracción teórica no es así en la práctica, pero también es cierto que ningún partido ha prometido cerrarlas.

En esta página éste autor ha optado siembre por debatir la conveniencia del mantenimiento de las televisiones públicas, tanto recaudando publicidad como sostenidas con impuestos. La postura que adopto, creo que conocida, es contraria a su pervivencia. La razón principal, por encima de las posturas pro o en contra de más o menos mercado o presencia de lo público, reside en que, simplemente, su presencia es innecesaria para garantizar lo que se suele prometer: contenidos minoritarios, sociales, pluralidad, diferenciación, etc. La tecnología permite y está permitiendo opciones infinitas de contenidos para todas las sensibilidades y vocaciones, decididos y financiados por la sociedad civil a costes significativamente inferiores. La presencia, con publicidad o no, de las televisiones públicas dificulta el que las opciones creadas en el nuevo entorno encuentren su espacio de viabilidad. Nadie aspira a que el estado tenga periódicos, pero se da por hecho que tiene que tener televisiones. Curiosamente, nadie tampoco pide que aumente su presencia en radio.

Súmesele el conflicto, si no en el debate público sí en la mente del financiador y el gestor de la radio y televisión públicas, que supone el dilema al que se enfrentan: competir y ser líder de audiencia implica más coste para el erario público ante la necesidad de pujar por derechos y contenidos mayoritarios. Los contenidos mayoritarios tienden a adolecer de diferenciación con lo privado y, especialmente, implica que el resto de la sociedad es capaz de proveerlos sin intervención del sector público. A la inversa, mantener audiencias minoritarias al coste de los servicios públicos plantea la pregunta de la necesidad de sostener organizaciones tan caras para tan pocos espectadores. Los medios públicos no son ajenos a los problemas estructurales y de organización que la sociedad digital impone a los privados: ¿podrán amoldarse a un entorno de reducción de costes progresivo y de audiencias microfragmentadas ofreciendo algo insustituible que la sociedad no dé por sí misma? Una mirada a los temáticos de televisión española permite ver que hay alternativas privadas para todos ellos, generalmente con más preferencia de público.

Tómese nota, pues, de cómo la clase política no parece dispuesta a debatir ni por un segundo la reducción y/o desaparición de los gastos y deudas generadas por eso que Juan Varela acertadamente denomina el telestado del bienestar. ¿Puede la clase política en un momento en que buscan versiones favorables para sus escándalos de financiación o para sus posiciones de recaudación impositiva resistir la tentación de no tener medios poderosos donde transmitirlas en la esperanza – ¿vana? – de que la ciudadanía no recurra a su raciocionio ante la propaganda?. Lo grave es que los medios tampoco quieren discutirlo. Y parece que ni siquiera la red.

P.D.: rumores periodísticos sobre la permanencia de Luis Fernández al frente de RTVE.., a mis orejas llegan cosas parecidas. Esperar y ver, como siempre.

8 Comentarios »

  • Luis dice:

    Hola Gonzalo,

    interesante disertación. La verdad es que coincido en muchos de los puntos señalados.

    Compartiendo una base de liberalismo, debo decir que, tras mucho dar vueltas a este asunto, mi conclusión es la contraria. Puesto que la respuesta requiere mucho espacio, pondré un post contestándote desde mi blog.

    Básicamente y en resumen, aunque es preciso detallar la argumentación, en ambos casos, publicidad e impuestos estatales, hablamos de una cosa muy parecida si no igual. La publicidad acaba actuando también como un impuesto.

    Posiblemente y, aunque nos duela, el Estado (no el español, sino, en abstracto) tiene finalidades muy superiores a que existan empresas periodísticas. Y es posible que nos debamos hacer a la idea, y, como ciudadanos, alegrarnos.

  • Gonzalo Martín dice:

    Bueno, efectivamente, la publicidad termina funcionando como un impuesto. Pero no sé si hay algo que no he explicado bien: yo opto porque desaparezcan las empresas de medios estatales. Y empleo un argumento transversal: la ausencia de necesidad ante la evidencia de que ya lo da la sociedad. Otras consideraciones "más liberales" también las comparto, pero creo que racionalmente el debate debe ser situado allá donde creo que toda la sociedad converge: el empleo de recursos finitos para necesidades infinitas.

  • Luis dice:

    Gonzalo, entendido tu argumento. A eso me refería diciendo que mi conclusión es la contraria.

    Puede verse como argumentar a favor del despotismo ilustrado, pero no es sólo eso. El ciudadano no elige qué ver, sino que elige qué ver, de entre lo que se programa. Si sólo se programa lo que es rentable económicamente, muchos contenidos, quedan fuera. En, por ejemplo, plataformas de pago.

    Si el Estado patrocina la ópera, para unos afortunados, los conservatorios, o los grandes museos, el hecho de que tenga medios públicos de comunicación, no debería extrañar. Es un instrumento más de política educativa y cultural. Y, seguramente, la política educativa y cultural más incluyente y la única que puede superar la brecha digital.

    No es que apoye abiertamente que haya medios públicos, más bien es que entiendo perfectamente el razonamiento por el que se acaba concluyendo su necesidad.

    Un saludo

  • Gonzalo Martín dice:

    Efectivamente, ese es el argumento "social". Lo que sucede es que ese argumento se cae por su propio peso al mirar internet y un quiosco de prensa: todas las opciones son posibles. Unos serán rentables, otros no, otros se harán sin ánimo de lucro, pero donde hay libre concurrencia con el descenso de costes de la red termina habiendo un medio de expresión accesible a todo aquél que desee conectarse. Plural, suficiente, diverso y de todas las temáticas. La suma de cuatro o cinco bloggers de televisión bien reconocidos es imposible de emular en calidad a la página de televisión de El País, casi ni siquiera para un lector generalista. Costes inferiores, más diversidad. Y eso frente a un medio privado tradicional. Hay más contenidos de interés social en la red creados por todas las motivaciones que todos los que pueda ofrecer RTVE. Que los duplica en todos los casos que me encuentro. Es como el intento delINEM de hacer una web de empleo, cuando internet ya lo ofrece. O cuando los gobiernos quieren intermediar en los alquileres con webs informativas o sociedades de alquiler: ya lo hace la sociedad y sin costarle un duro.

  • mercedes dice:

    Pues yo abogo porque se mantengan. No puedo imagunar el mundo sin la BBC… Me gustaría eso si, un modelo a la BBC.

    No me gusta demasiado la decisión sobre la publicidad y menos el debate de eliminar las televisiones públicas. Como no me gusta que día si y otro también se olvida que el espectro radiofónico sigue siendo del Estado y esas empresas privadas que emiten a través de él sólo tienen una concesión. Supongo que mi natural antipatía hacia la industria de la televisión guía mis palabras. Solo me es más antipática ese otro emporio llamado SGAE. Y me son antipáticas porque no juegan a la libre regla de la oferta/demanda/competencia cocomo debería cualquier empresa privada.

  • Luis dice:

    La verdad es que coincido en que lo que la sociedad se resuelva a sí misma, mejor no dejarlo en manos del estado. A veces, hacer zapping en radios y tdt me resulta descorazonador. No entiendo por qué todas las radios tienen programas similares al mismo tiempo (a las 12 el de fútbol, antes, la tertulia, por la tarde el magazine, etc.) y no entiendo la porción de tiempo en tdt para la teletienda o los juegos esos de llamar por teléfono. Eso es lo que me hace pensar, a veces, en que el mercado no está consiguiendo ofrecer algo de calidad.

  • Gonzalo Martín dice:

    "No entiendo por qué todas las radios tienen programas similares al mismo tiempo (a las 12 el de fútbol, antes, la tertulia, por la tarde el magazine, etc.) y no entiendo la porción de tiempo en tdt para la teletienda o los juegos esos de llamar por teléfono"

    Me encanta eso. Porque llevo años rumiando por qué a la hora de competir todo el mundo pretende hacer lo mismo y no aspira a diferenciarse. Sospechas: a) el gran consumo español es conservador hasta las cachas b)la publicidad que contratan los grandes grupos sólo va esencialmente al gran consumo c) las masas de consumo se concentran en lo mismo, cojamos pues una porción porque fuera no hay tarta.

    Digo yo. La cuestión es que la diferencación y diversidad no la está produciendo el oligopolio de medios, sino el único sitio donde queda resquicio para inventar, y ese es internet. El concepto de medio cambia, irremediablemente, el consumo de medios también. Y ahora los grandes anunciantes españoles no saben que hacer si no disparan con un cañón Berta.

    Todo el mundo esperando el valor del nicho, pero el que tiene el dinero para gastar en comunicación no lo quiere o sólo tiene para Adwords.

    Es una interpretación.

  • Gonzalo Martín dice:

    Mercedes:

    Ah, la BBC, ese mito del siglo XX. Lleva una mala racha: sanciones y limitaciones porque compite con las privadas haciendo lo mismo o fagocita a los pequeños medios privados de información local. O porque crea oligopolios (Kangaroo) y el regulador inglés entiende que donde no existe escasez, las redes de telecomunicaciones, los intentos por crear espacios cerrados, jardines amurallados, no son legítimos.

    La cuestión es que la BBC es un modelo irrepetible, producto de un tiempo y de un país, pero que empieza a funcionar mal en la sociedad digital. Ahora Sarkozy lo quiere en Francia, con un estatuto con propuestas claramente políticas: crear un modelo moral para la República y defender la identidad francesa. Me parece de una ingenuidad enternecedora. Tanto como ridículo o patético el hecho de ver el esfuerzo que dedican las autoridades británicas y francesas en perseguir a los ciudadanos que se esconden para no pagar la tasa obligatoria por ver estos canales si tienes un televisor. En ITalia va metido en el precio del cacharro.

    Me gusta más el PBS. Es un esfuerzo más cercano a la sociedad que a un patrón dirigido por la clase política. Sin duda, un modelo más potente para la sociedad digital, aunque veremos.

    El caso es que el cambio de la comunicación es tan grande que el problema de la televisión pública es que, o es innecesaria, o es excesivamente costosa, al tiempo que tiende a expulsar al resto de iniciativas minoritarias: difícil encontrar un espacio propio ante la potencia de medios y la capacidad institucional para atraer patrocinios. Juega con ventaja. Y la oportunidad de las redes, esas que califican de salvaje oeste, es que existen medios para que el público cree tantas voces como crea necesario. La política del siglo XXI va a estar marcada por el control de las redes, las estructuras estatales y privadas como las de la era de la comunicación de masas caminan cojas. Pero tienen mucha inercia. Véase nuestra lógica admiración por la BBC.