Una mirada rara a la causa de Pablo Herreros
6 noviembre, 2011 – 17:18 | 18 Comentarios

Ver que un puñado de anunciantes ponen los pies en polvorosa porque un blogger la lía… eso no se había visto por estos lares. De la madre de El Cuco, El Cuco y sus crímenes …

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Manuel Martín Cuenca contesta a Rosales… y describe lo peor de las subvenciones (paradójicamente)

Escrito por el 6 octubre, 2009 – 12:19Un Comentario
Manuel Martín Cuenca contesta a Rosales… y describe lo peor de las subvenciones (paradójicamente)
Rápida respuesta en El País al debate sobre las nuevas subvenciones. Dos bloques de afirmaciones que me merecen comentario. El primero:

“El cine es industria, pero también cultura”

“Lo que me sorprende, además, es tu visión profundamente mercantilista del asunto, y claramente ideologizada aunque quieras negarlo, pues está escorada hacia la idea de que el objetivo más importante es siempre hacer negocio, y ésa es la idea dominante del capitalismo actual”

Como si la alternativa no estuviera ideologizada. Quizá la cuestión es que, después de treinta años hablando sólo de cultura, o de recordarnos que lo es, no está mal que se hable de negocio, lenguaje ausente de la industria. Mi comentario habitual en ese sentido: a Chaplin no le pagaron por hacer cultura, sino porque llenaba cines. Hemos tenido suerte, ahora es cultura. Pero sobre todo parece olvidarse que, para hacer cultura, no es preciso que se le pague a todo el mundo una película y, yo lo siento por Manuel Martín Cuenca, mi experiencia como espectador (es decir, la mía), no me lleva a un desgarro interior porque sus películas dejen de hacerse. Seguro que encuentra medios de expresión: internet está lleno de gente a patadas que hacen cosas de mérito. No nos cuestan un duro y resulta difícil no decir que no tengan el mismo nivel cultural que el de otros.

El segundo:

Lo que cuenta para entrar en este selecto club es que las películas tengan un tamaño financiero que la gran mayoría de las producciones españolas no poseen. Con el peligro evidente de que los que no puedan producir esas películas se dediquen a inflar los presupuestos para alcanzar los mínimos que exige el Ministerio. Se pide, además, conseguir un mínimo en taquilla, cosa que parece lógica, y fácil para las producciones de ese tamaño. La segunda élite estará compuesta por películas elegidas por una comisión, supuestamente objetiva, que valorará los proyectos de nuevos realizadores, de contenido experimental o interés cultural. Es decir, aquellos de “calidad artística objetiva”. Aparte de que esté en contra de ese concepto, que no es más que una vacuidad efecto del marketing y la moda, todos sabemos cómo han funcionado y funcionan esas comisiones. ¿Para qué engañarnos? Podrán ser más equilibradas, pero siempre habrá un grupo que elegirá subjetivamente los proyectos.

En fin, si es tan malo, ¿por qué entonces en empeñarse en las subvenciones? Tras treinta años de lo que se puede llamar fracaso del sistema de protección (es imposible no recordar un año en que no se diga que esto está fatal), a lo mejor va a ser tiempo de dejar que los que pretendan anteponer su carácter cultural por encima de todo lo hagan en sitios con libertad creativa total. Y que convenzan a fundaciones y, por qué no, a sus fans para que se lo paguen. Y, si es negocio, que lo haga el mercado sin que paguemos los demás. A todo esto siempre se olvida que las compras de derechos de sociedades públicas con déficit o sin él, son otra forma de subvención. También van muchos años y, a diferencia de las series, no vemos que la gente se mate por verlas: las televisiones las hubieran programado bien.

Martín Cuenca y tantos otros están tratando al cine como un museo: el arte audiovisual no es su patrimonio ni se reduce a una forma de exhibición.

[Actualización: hay que ser justos. Manuel Martín Cuenca es el director de El Juego de Cuba, lo que suele decirse un pedazo de documental. No es ironía, lo es. El resto de su trabajo, no me conmueve nada. Pero es lo que tiene ser espectador: cada uno tiene su opinión. Emplear el argumento de que lo que hace no me gusta, o le que le sale no es correcto, no es desde luego el mejor para argumentar sobre las subvenciones. Así que entiéndaseme la afirmación cuando me refiero a que no va a pasar nada si no hace películas: no, no va a pasar nada, no pasa con nadie, nadie es imprescindible, la cuestión es que tiene competencia técnica demostrada para que con un sistema de promoción y regulación de eso que llamamos cultura que prime la sociedad civil sobre la discrecionalidad de las administraciones públicas, se financie a través del mecenazgo dedicando su energía y la de sus productores a obtener financiación por mecanismos alternativos más transparentes, limpios y justamente subjetivos para hacerlo: el dinero público tiene que aparentar ser justo, el dinero privado no tiene que tener tanta buena conciencia, basta con que desee gastárselo. No sé si es necesario aclarar que cumpliendo la ley, pero por si acaso. En el advenimiento de la sociedad red, la solución al problema del conflicto del arte con el mercado tiene nuevas opciones que conviene explorar. En esencia, querer crear un entorno competitivo en el mercado con subvenciones ha fallado estrepitosamente. Lo peor es que crear un entorno de promoción de lo alternativo, artísticamente arriesgado, lo intrínsecamente minoritario y lo que requiere estar preparado para la incomprensión del público por su caracter experimental y puede que innovador, también ha fallado.]

Un Comentario »

  • Small Blue Thing dice:

    En las afirmaciones de Martín Cuenca se cuela algo que a mí no deja de sorprenderme: quienes más se quejan por la falta de subvenciones al cine "pequeño" no son precisamente quienes hacen películas "pequeñas". No oigo apenas protestar a quienes sí se embarcan en producciones documentales, o experimentales (que no aspiran tanto al circuito comercial como al de las artes plásticas) y que podrían quejarse no sé si con más razón, pero seguramente con más lógica.

    Sin embargo, creo también que el argumento de Rosales mezcla peligrosamente estas churras con las merinas (y que él, precisamente, por sus conocimientos del mercado del arte, tiene más que conocidas).

    El hecho de que las subvenciones a la producción estén dando a la mayor parte de los peliculeros españoles más disgustos que otra cosa no tiene por qué llevarnos por narices a un liberalismo que yo, ni como ciudadana ni como guionista, quiero en España. Pero no en el cine: no lo quiero en ningún área económica (yo también estoy ideologizada, como ven).

    No aspiro a pasar por una subvención para trabajar, pero si no hubiera tenido una beca de creación por ser guionista novel, no estaría en el proceso de venta en el que estoy. Tampoco, sin las ayudas que mi condición de persona con discapacidad conlleva, habría podido cursar mi Master, mucho menos terminarlo. Lo que algunos llaman discriminación en este caso garantiza, por parte del Estado, mi acceso a la igualdad de oportunidades. No soy la más tonta de mi promoción, y hay interés en mi historia, pero sin esas ayudas _parte de las cuales fueron económicas_ no habría podido ni empezar. Y honestamente, sin la correspondiente bonificación de la Seguridad Social, dudo mucho que nadie quisiera contratarme, a pesar de los premios, teniendo a mano profesionales más "cómodos".

    Claro, que estas ayudas están contempladas en otros ámbitos, no precisamente del cine, que hablan de la integración laboral se sea guionista o químico orgánico. Pero si manda el mercado y sólo el mercado, ¿por qué dar dinero a un cojo para que corra?