Una mirada rara a la causa de Pablo Herreros
6 Noviembre, 2011 – 17:18 | 18 Comentarios

Ver que un puñado de anunciantes ponen los pies en polvorosa porque un blogger la lía… eso no se había visto por estos lares. De la madre de El Cuco, El Cuco y sus crímenes …

Leer el texto completo »
La Sociedad Red y el Audiovisual

Contenidos para la Era Digital

De la Red al Televisor

Distribucion Online

Modelos de Negocio

Pulsiones
Corolario al síndrome de Aute
La clave es observar esto: “la escasez en la que crecí”. De la escasez a la abundancia, al cambio de reglas y al cambio de la forma de organizar tu cerebro. La antísesis[..] Leer más
Hace 30 años que El País dijo que la industria musical estaba acabada: al hilo de la caída de Pirate Bay, Series Pepito…
Hace pocos días recordábamos el fracaso de Aute como explorador del futuro: la música, que no iba a existir, existe. Mientras los sospechosos habituales nos regocijábamos,[..] Leer más
Inicio » Crowdfunding

Breve elogio de El Cosmonauta

Escrito por el 7 Junio, 2010 – 9:279 Comentarios
Breve elogio de El Cosmonauta

Las dos cosas más admirables del equipo de El Cosmonauta son la osadía y su capacidad de absorber ideas y conocimientos como esponjas. Tienen más, porque algunos me dirán que por qué no menciono sus cualidades artísticas, al menos su potencial, tratándose de un proyecto creativo. Bueno, eso lo tienen, pero lo diferenciado son otras cosas.

Para empezar, si hubieran sabido bien cómo funciona el mundo de la financiación y distribución de cine, seguramente ni habrían empezado. ¿Cómo era el adagio olvidado del sesenta y ocho? ¿Debajo del asfalto está la playa? ¿Sé realista, pide lo imposible?. Redundando en realismo, escuché que Ben Gurion, el padre del estado de Israel – vaya, alguien dirá que no soy oportuno en este momento político – decía que el que no creía en los milagros no era realista.

Ahora que más o menos lo saben, el mérito más importante es que no les importa: ellos continúan con su idea de romper las reglas del juego y hacer lo que, en principio, no se puede hacer. Hacer una película que se pueda distribuir libremente sin ánimo de lucro, que se pueda estrenar en cines y verse en tele, internet y DVD a la vez y sin ninguna ventana. Las ventanas no son un capricho oscuro de la industria: resultan anómalas al sentido común en la era digital, pero son la forma de exprimir el dinero en un mercado estructurado en torno a ellas.

En vez de rendirse, cambian las cosas: aceleran su apuesta internacional y se van por el mundo a maravillar a los interesados en su contenido. Las antiguas repúblicas soviéticas, las sociedades dedicadas a la cosmonáutica. En vez de pensar en un producto del siglo XX, se dedican a construir sus grupos de fans antes de estrenar la película, crean teasers sin descanso que el público recrea con fragmentos de la historia que puede que nunca se vean en el largometraje final y que, en pura lógica transmedia, deberían darnos claves de la trama imposibles de encontrar en un único medio.

Finalmente, el dinero viene en parte del público. Se lo piden. Si amas esto, hazlo posible. Sin perjuicio de que la lógica final les permita optar al sistema de financiación pública (a ver si vamos a ser tontos y, si consiguen estrenar en salas, no van a optar a lo que tienen derecho los demás), sospecho que en Riot Cinema estarían mucho más contentos de no tener que tocar un solo papel del Ministerio de Cultura. De hecho, si tuvieran ya el dinero, no esperarían un segundo a cumplir con las infinitas obligaciones de la cultura intermediada y la rodarían pasara lo que pasara con la distribución tradicional: ellos se asegurarían de que fuera vista por quien quisiera verla.

Y ahora viene la gran pregunta: ¿lo lograrán?. No tengo ni idea. Lo más racional, lo más aparente, lo más puramente consecuente con la forma de hacer este negocio, es decir que no. Pero, ¿es tan importante? Me extenderé un poco sobre ello. Es importante, por supuesto, porque las cosas se empiezan para acabarlas. Pero pongamos otro punto de vista: ¿cuánta gente que lo intenta consigue realmente hacer su película? Digamos la verdad, señores de la industria y aficionados en general: las calles están llenas de gente que ha intentado su corto y su guión y, lo que es peor, nadie sabe quienes son. Fracasar en el empeño de El Cosmonauta no sería, pues, nada diferente a lo habitual y se habría intentado hacer de otra manera. Y no pasa nada por intentarlo, señores residentes del país maldito y acomplejado ante la gente que intenta cosas, ese estado de ánimo que casi se alegra de que al vecino le salga mal. Por el camino, se han dado a conocer, han aprendido, seguro que han surgido trabajos para su pequeña productora y, todos ellos, de una juventud que abruma y que a uno le da nostalgia, se han empoderado a sí mismos y han crecido como personas.

Si sale, pues, ya sólo es el toque final. Y son la pura fe. El empeño que no cesa. Muchos me dicen en susurros que no lo ven y que, en todo caso, su repercusión se debe a que son los primeros. Son los primeros en poner encima de la mesa pública de este territorio del sur de Europa que se puede ser osado pidiendo dinero al público en general. Ese público que tanto suele exigir calidad a la televisión que no paga (sí, en el caso de la pública solo aparentemente no la paga) y que tanto sufre para pagar lo que dice que quiere ver. No es, desde luego, original: cualquier cortometrajista sabe de estas cosas, pero pocos han recurrido a internet. En los entornos anglosajones esta forma de patrocinio privado es corriente en la estructura social. Pero han logrado el ruido. ¿Sin ese ruido habrían logrado lo que han logrado hasta ahora se valore como se valore?

Muchos dicen que el ruido es por ser los primeros. ¿Qué pasará con los siguientes? Me temo que en el sector audiovisual todo el mundo está condenado a crear marcas y universos alrededor de sus contenidos. Ellos han empezado por ahí. Los que vengan, que vendrán, tendrán que hacerlo ya únicamente por sus ideas y tendrán menos efecto halo por la novedad relativa de esta forma de producir. El miércoles pasado presentaron su plan. Siempre me asombra lo que trabajan y lo que aprenden: desde charlas borrascosas y profundamente pesismistas sobre las opciones, terminan sacando en limpio rayos de luz y una estructura. El plan es un plan, es decir, papel. No se basa en la nada, sino que atiende a otros casos de éxito y son conscientes de cómo alteran los ciclos habituales de la industria para decir: hacemos otra cosa y lo intentaremos hasta que salga. Pero siendo papel contiene el riesgo de todos los papeles: que la realidad no lo aguante.

Pero, para duchas de realidad, van sobrados. Y, total, no sería ni el primer ni el último proyecto que no lo logra. Juzgarlos porque quieren hacerlo por la vía no explorada y reinventando el mundo cuando yendo por el camino tradicional sólo hay peligros y noches oscuras, pues tampoco es una gran regla de medir. No quiero que tengan suerte, que sí quiero, pero que es como el recurso a Santa Rita, quiero sobre todo que sean capaces de continuar con su empeño y financiar su producto sobre bases racionales para sus objetivos. Que no es forrarse. Aunque ojalá se forren. Tienen tiempo y todos aprenderemos. Y, si no sale, pues no ha pasado nada.

9 Comentarios »