Una mirada rara a la causa de Pablo Herreros
6 noviembre, 2011 – 17:18 | 18 Comentarios

Ver que un puñado de anunciantes ponen los pies en polvorosa porque un blogger la lía… eso no se había visto por estos lares. De la madre de El Cuco, El Cuco y sus crímenes …

Leer el texto completo »
La Sociedad Red y el Audiovisual

Contenidos para la Era Digital

De la Red al Televisor

Distribucion Online

Modelos de Negocio

Pulsiones
Corolario al síndrome de Aute
La clave es observar esto: “la escasez en la que crecí”. De la escasez a la abundancia, al cambio de reglas y al cambio de la forma de organizar tu cerebro. La antísesis[..] Leer más
Hace 30 años que El País dijo que la industria musical estaba acabada: al hilo de la caída de Pirate Bay, Series Pepito…
Hace pocos días recordábamos el fracaso de Aute como explorador del futuro: la música, que no iba a existir, existe. Mientras los sospechosos habituales nos regocijábamos,[..] Leer más
Inicio » Medios Sociales, Portada

Una mirada rara a la causa de Pablo Herreros

Escrito por el 6 noviembre, 2011 – 17:1818 Comentarios
Una mirada rara a la causa de Pablo Herreros

Ver que un puñado de anunciantes ponen los pies en polvorosa porque un blogger la lía… eso no se había visto por estos lares. De la madre de El Cuco, El Cuco y sus crímenes uno no sabe prácticamente nada, pero servidor de ustedes sí acierta a tener una impresión, más bien repleta de grises, de lo que ha pasado y que no sabe si llamar campaña. Mis horizontes están en otros lados y, si tienen paciencia, lo mismo los comparten.

Empezaremos en un lugar lejano. Digamos que El Cosmonauta representa el poder y las potencialidades de las redes. Es decir, la capacidad no sólo de construir el contenido que quieres expresar sin esperar a que te lo sancionen los filtros clásicos de la era industrial (políticas estatales, conglomerados mediáticos soportados con una licencia gubernamental), sino de contribuir a que exista aquello que desearías ver (si quieres que esos contenidos existan, puedes poner dinero para que se hagan, de nuevo retirando al intermediario de la estética, a los gobiernos y a esos grupos que hemos mencionado).

De la misma forma, el documental lanzado desde la red sobre el movimiento de los indignados llama la atención sobre la no existencia de ninguna televisión que los apoye y deciden publicarlo por su cuenta. Todo lo que rodea al 15-M ha sido saludado como poder de redes pero, en realidad, ha buscado desesperadamente la ratificación de los medios convencionales para existir, negando precisamente el verdadero sentido que tiene el mundo en red: crear autonomía para no tener que pasar por un centro sancionador, filtrador y que se arroga el derecho de crear la agenda pública. Una vez que descubres que si aceptas el filtro de otro no vas a poder seguir adelante con tu proyecto, descubres que lo que la red hace es facilitar que lo puedas hacer: desintermediar, personalizar, eso es el poder de las redes. Eso sí, a todos nos mola estar en lo alto de la cola y que nos saluden por la calle porque nos han visto en la tele: para que luego se diga del ego de los bloggers.

Telebasura

Viceversa, la crítica a la telebasura supone la negación de esa autonomía. Las vestiduras rasgadas por el mal gusto, la estridencia, etc. suponen, por mucho que se digan en twitter, una ratificación de un mundo filtrado en el que te impusieran ver un programa o no existieran alternativas. Y es justo decir que sucede exactamente lo contrario: que existen tantas opciones alternativas de consumo banal, de ocio, cultural o como se le quiera llamar o etiquetar…  que es irrelevante si existe una cosa llamada telebasura o no. Aparte de que es una crítica que implica, sobre todo en sus variantes agresivas, una censura encubierta. Supone considerar que las personas no somos adultas para discernir por nosotros mismos lo que vemos. Es un estado de opinión publicada en el que se enardece a una población considerada poco madura como para decidir por sí misma lo que quiere ver cuando tiene todo el derecho a ver y juzgar lo que quiera. Por supuesto, basado en criterios estéticos y editoriales ajenos.

Es, igualmente, un error de cálculo: si nos tomamos en serio las mediciones de rating, resulta que el número de personas que ven estas cosas no son tantas si se compara con el número de adultos que dicen que viven en este territorio. Así que es indignarse y enardecerse por algo que, por otro lado, en el fondo se dice no ver, que sólo se sigue con el rabillo del ojo porque le concedemos el derecho a fijar la agenda pública, es no aceptar o no asumir lo que supuestamente deseas: las posibilidades que da el mundo red para ser autónomo de todo eso. Es precisamente el empoderamiento de las redes – algo que a todo el mundo le gusta resaltar – y que no es otra cosa que el hecho de que todo el mundo tiene voz, lo que permite algo todavía más importante: aprovechar esa voz para crear tu propio mundo, para contribuir a la existencia de un universo de contenidos. La red sirve y nos permite crear sin barreras de entrada y crear cooperativamente.

Don’t feed the troll

Es por esta concepción que tengo de la red por lo que no comparto con muchos amigos (que son grandes activistas de la red y que se dedican a analizar el periodismo o la televisión) su mirada a las programaciones y a la telebasura. Si algo sabemos en internet, al menos los viejos, es ese don’t feed the troll. Hablar de la telebasura (concepto que, ya he dicho, no me creo) supone alimentar el troll de lo que dices que no quieres que exista y que juras no ver o no querer ver renunciando a poner toda tu energía en lo que sí quieres que exista y que, gracias a la forma en que funciona la sociedad red, puedes contribuir a crear.

Ser un entusiasta de la red supone asumir que no existe la salsa de spaghetti perfecta y que nunca puede existir ese mito de la televisión de calidad: es imposible que la televisión, toda ella, guste a todos. Sólo existen los programas que te gustan y que no te gustan. Los gustos son como los colores. O el clásico de los culos: todo el mundo tiene uno. Pero a la prensa (y a los bloggers, y a los tuiteros) le encanta recoger esas encuestas sesudas del CIS que preguntan con todo rigor metodológico si le parece que la televisión tiene calidad: no lo preguntan de la radio, ni de los libros, ni del circo. Es que no se le ocurriría a nadie porque es absurdo, lo que pasa es que lo de la tele y su poder tradicional lo tenemos atornillado en el cerebro y le atribuimos casi una exigencia unificadora que, por otro lado, no practicamos.

Estar preocupado porque se ven determinadas cosas en la televisión y alarmarse por si los niños, pobres niños, pueden verlo y correr el riesgo de que el resto de sus vidas quede atormentada y violentada por una imagen o escuchar un taco, es la misma argumentación de quienes quieren romper la neutralidad de la red en nombre del control de la pornografía infantil o el terrorismo. Es una excusa de control de las comunicaciones. Es como cuando señoras y señores bienpensantes se indignaban en la tele del posfranquismo por tetas, culos y palabrotas y el mundo avanzado de la época, ansioso de libertad, les decía ¡no lo vean señoras y señores!.  O cuando filas de creyentes católicos, incluso confesando que no la habían visto, se apostaban a las puertes del cine Alphaville de Madrid para protestar porque se exhibiera Yo Te Saludo María y atentara a sus convicciones cuando ni siquiera se veía libremente y había que pagar la entrada.

También es como cuando el diario ABC organizó un escándalo monstruoso por aquéllo de Me Gusta Ser Una Zorra de las ignotas y desaparecidas intérpretes de ese grupo que no ha dejado vestigio en el acervo cultural de la humanidad y que se daba en llamar Las Vulpes. El asunto tiene dos lecciones, visto hoy: los que éramos púberes en la época y lo vimos no hemos sido condenados a vivir con un trauma irrecuperable. En segundo lugar, el escándalo sólo surgió un par de semanas más tarde de ser emitido cuando se inició la cruzada moral creando un efecto Barbra Streisand primario y pre-red: de no saber ni dios quienes eran esas Vulpes, ni haber escuchado la enorme altura literaria de la letra, de repente supieron todos quiénes eran. Estas cosas se supone que, la gente de la red, las saben.

Así que lo del asunto de la madre del criminal entrevistado y la subsiguiente indignación me importaría realmente un pito salvo por lo que supone de construcción de un cierto discurso sobre las redes y su poder por parte de quienes son actores y activistas de ella. Desencadenar una espiral de este tipo, lo saben bien todos los que de una forma u otra trabajamos y actuamos en estas cosas, no sólo no es sencillo, sino que no se sabe cómo se desencadenan. De repente caes en que has tirado un cerilla en un pajar seco y arde solo. Lo difícil es saber cuándo hay un pajar seco. Este artículo de Ivan Vilalta a partir del caso de la financiación de Diaspora e interpretando las ideas de Juan Urrutia sobre ciberturbas, le dará al lector curioso una explicación sobre el fenómeno de la congregación súbita de gente y provocar eso que dan en llamar swarming, otra forma de considerar eso que denominamos viralidad. Me parece una lectura obligatoria para activistas y teóricos de red.

Con Pablo

Decidí comentar este asunto tras hablar con el protagonista, mi buen amigo Pablo Herreros, vencedor y derrotado a la vez de este interesante paraje de la comunicación de nuestros días y porque el tono de lo que se avecinaba no presagiaba nada bueno para él. Vencedor porque ha sacado su causa adelante, derrotado porque al desbordarse por la marea humana ansiosa de vengarse del Telecinco que dicen no ver, ansiosos de impedir a los demás que juzguen por sí mismos y seguramente incapaces de coger un libro o ponerse una película cuando aparecen estas cosas que nadie les obliga a ver, se ha topado con el mainstream desmelenado, con el mismo trollismo de la telebasura pero invertido. Y todo eso ha desvirtuado su mensaje y su posición personal. Pablo es un tipo excelente para los que no le conozcan. No se le pueden atribuir conspiraciones oscuras salvo su pasión por escribir de comunicación y tener un buen don para hacerlo llamando la atención y congregando públicos. El problema de la comunicación de masas es que tiende a igualar a todo el mundo por el mínimo denominador del gusto, y eso afecta igual a Telecinco en busca de audiencias masivas… como a sus críticos lanzados a la banalización del análisis por las mismas conductas estridentes de cualquier Belén Esteban.

En definitiva, lo que me importa, es que si él y otros a quienes respeto y con quienes comparto y he compartido muchas charlas y cervezas sobre lo que nos gusta internet y el potencial que tiene para hacer otrsas cosas, contribuyen a dar relevancia a un modelo de comunicación que no es el que aspira a desarrollar la red, no nos libraremos de lo imperfecto del modelo tradicional, no se contribuirá a dar luz a las alternativas que están ahí. En realidad, se trata de poner la energía en la construcción alternativa de contenidos y en contribuir a efectuar selecciones personalizadas y no a la masificación que, de modo indirecto, significa crear más relevancia de la que realmente tiene (datos en la mano) eso que se descalifica como telebasura.

Si nos quejamos de la publicidad intrusiva, que dejen de financiar La Noria no conlleva que substituyan el formato de financiación de contenidos que lo permite y que no quiere trabajar de forma respetuosa con el espectador. Un modelo que concentra una enorme cantidad de dinero en modelos de producción que no hacen avanzar la promesa de la red, por muy utópico que se pueda considerar el criterio: volverán al spot que interrumpe, se mantendrá el miedo a construir contenidos propios. Eso sí, Pablo y cualquier otro tienen derecho a pensar de otra manera. Si la gente de la publicidad dice que el público ha tomado el control, que se preparen que todavía no han visto nada. El noventa y pico por ciento de los lectores de TV Guide que tienen PVR dicen que se saltan los anuncios. ¿Qué pasa si creamos listas de cosas que queremos ver para provocar a creadores y ponerles una masa de público dispuesto a financiarlo? Eso es un cambio de juego y eso es lo que la lógica de red nos dice. Y creo que es donde merece poner la energía si tienes algo de influencia. Algo. Es mi criterio personal, por supuesto.

Y de la causa, ¿qué?

Por terminar, ocho apuntes de lo que pienso sobre el tema. Uno: un anunciante tiene todo el derecho a elegir donde se anuncia y a retirarse si no está conforme con lo que el contenido transmite. Dos: cualquier ciudadano tiene derecho a movilizarse para defender lo que considera una causa justa. Tres: la madre de un criminal no es un criminal. Cuatro: el criterio editorial de un medio es su criterio, no el mío o el de cualquier otro, si cree que entrevistar a la madre de un criminal es lo que tiene que hacer, adelante con los faroles. Cinco: si la madre del criminal es responsable civil subsidiaria de las acciones del hijo criminal y éste debe una indemnización serán las leyes y los jueces los que digan o debieran decir qué se hace con el dinero percibido, si es que lo ha percibido. Apunto a que es deseable que la ley no permita enriquecerse con el daño sin compensar a la víctima, piénsese en la esperable venta de derechos para el cine de la heroica vida de tipos como Madoff. Seis: no se puede culpar a una madre de defender a su hijo ni de buscar todos los recursos para hacerlo. Siete: es una práctica legítima y extendida el pedir dinero por aparecer en televisión. Ocho: las protestas legítimas pueden convertirse en matonismo y censura y tienen tendencia a crear dobles raseros; es buena cuando estoy de acuerdo, es fatal cuando no lo estoy.

Créditos: la imagen pertenece a la galería de Dudua, con licencia CC.

18 Comentarios »

  • Estoy muy de acuerdo con la amplia mayoría del texto, digamos un 99%.

    Pero además, y al menos en mi cabeza es compatible, entiendo la causa de Pablo, porque aunque a muchos no nos gusten los contenidos que otros ven, debe existir un límite en el pago, directa o indirecta, a personas que cometen delitos de sangre.

    Monitorizando ayer el tema en Twitter, había una persona que puso un tweet, una burrada pero que pudiera reflejar la forma de pensar de alguien, algo así como: “mi madre necesita dinero, voy a matar a alguien y que luego ella lo obtenga saliendo en la tele”, exagerado sí, pero es que es la consecuencia de la madre de ese desalmado.

    Creo que hay unas víctimas que no somos los teleespectadores, sino que son los familiares de las víctimas, en este y otros casos, que no merecen que se premie directa o indirectamente a asesinos, para mí es algo que provoca volverles a hacer daño, no tanto como la pérdida del familiar, pero sí algo que duele y mucho. Y es especialmente grave en casos de delitos de sangre, una barrera que las televisiones no deberían cruzar, al menos cuando ya hay sentencias en firme.

    Hay muy pocas ocasiones en las que se paguen a asesinos, cómplices o familiares directos en televisión (con sentencias en firme), así que creo que el ejercicio más inteligente del programa podría haber sido una autocrítica a lo que hicieron (que probablemente fuera su primera vez), que con una puesta en escena como la que hicieron ayer podría incluso ponerles en mejor situación que hace una semana, un lavado de imagen total y absoluto, pero optaron por lo que dijeron. Como dice Pablo en Twitter, “legítimo”.

    Desde luego, quienes conocemos a Pablo podemos aseverar y poner la mano en el fuego en que su iniciativa hubiera surgido contra cualquier cadena y/o programa, y no como quieren insinuar otros con nulo acierto en que es algo contra ese programa y/o cadena.
    Además, llego a ser yo el que promueve esto y me desacreditarían muy rápido, pero han topado con alguien como Pablo que argumenta muy bien todo y donde no hay nada que criticar.

    Lo anterior, mi modesta y particular opinión.

  • Lluís Joan dice:

    Hola, me parece un argumento y un análisis excelente. Todos sabemos, o es mi modesta opinión, que no es la intención fundamental el que una madre defienda a su hijo, que un anunciante se anuncie o no, o que veas o no veas eso. Lo importante es la crítica al modelo televisivo al que nos referimos y yo creo que es ese el trasfondo del asunto. Es verdad que todos podemos elegir que ver, que como dices, hay mil maneras de evitar tener que tragar con estos programas, pero, como analistas tenéis la obligación de denunciar esos contenidos, os parezcan o no correctos, para que la opinión, como yo, tengamos todas las herramientas necesarias a nuestro alcance para poder formarnos una opinión. Que luego cada uno haga con ella lo que quiera, se trata de tirar la piedra y no esconder la mano, que como especialistas en comunicación nos desgloséis lo que se cuece en los medios, para mí es muy importante y os pido por favor que sigáis así.
    Un saldo, Lluís.

  • @ElExpecial dice:

    Aplaudo tu texto. Hace meses que desintonicé T5 y otras cadenas que me ofendían aunque sólo fuese pasando haciendo zapping. Actualmente no veo la Tv, tan solo series desde Internet. Desgraciadamente me entero por el ruido mediático que se produce y que, coincido contigo, alimenta al troll.
    Un saludo.

  • Don’t feed the troll, siempre me ha encantado la expresión, amén de ser cierta y necesaria. Gran análisis hermano, intelectual y desapasionado, as usual, lo comparto por ahí, que falta hace.

  • En cuanto caiga por Madrid, no lo dudes! tengo mucho que contar bueno mucho que contar, que reír y que beber, y falta que hace!

  • Iván Fanego dice:

    Muy cargado de sentido común todo tu post.

    El gusto por controlar “la calidad” de lo que echan en la tele es algo que no entiendo del todo: nadie te obliga a ver nada. Bien es cierto que a veces me gustaría otro tipo de programación, pero que decida cada uno.

    La corrección política es la censura más peligrosa, porque la mayor parte de la gente no la considera censura.

    Me parece algo interesante porque es un movimiento que nace del “público” (de los que dicen no verlo), pero ¿y si este tipo de cosas sigue adelante? ¿Tendremos que soportar censuras mojigatas de un montón de twitteros iluminados?

    P.d.: Las Vulpess se volvieron a juntar para un concierto en 2005 creo. Se quedaron, con sus dos temas del single y una maqueta chunga, como icono del punk español, entre los círculos más minoritarios, pero no se puede decir que quedaran olvidadas.

    • Comparto tu preocupación, Iván. Pero creo que no tiene sentido. Si hay una razón para que tanta gente nos hayamos unido en esta ocasión, creo que es porque lo que se cuestiona es la relación “CRIMEN = DINERO PARA EL AUTOR O SU ENTORNO”.

      Si el motivo central de la protesta fuese un vago “NO NOS GUSTA ESE TIPO DE TELE”, entonces no firmaría ni Perkins. Sí puede surgir un iluminado que intente una censura de otro tipo, e igual no soy capaz de imaginarlo ahora, pero no sé si tendría impacto. Porque si no fuese compartida por espectadores, marcas, e incluso profesionales de la TV, no llegaría a tener recorrido.

      Gonzalo, te lo dije en privado pero te lo digo en público: escribes denso pero largo ;). Me he tenido que concentrar fuerte fuerte para entender tu sesudo análisis. Y ya sabes que yo soy más de comer #callos que de pensar…

      Un saludo a todos!

      • Gonzalo Martín dice:

        🙂 Bueno, si piensas que es “denso pero largo” es que te has aburrido: mejor “largo pero liviano”. En fin, mi fama de sabanero no me la quita nadie ¡porque solo venís con las polémicas! y no me leeis, que lo sé yo, con los cortitos.

        Pero, entrando en materia: ¿os dais cuenta de la soberbia implícita de los grandes medios frente a la red? ¿Se ha molestado Telecinco en hablar con Pablo? ¿Le cita o le tiene en cuenta en su versión de los hechos? No. No diga “otra tele es posible”, diga “otro vídeo es posible” porque, ese sí, ese es posible y real. Y lo voy a argumentar hoy en uno cortito ;-), hale.

  • […] Mi mirada rara al caso La Noria se centra en la idea de que la red es autónoma y tiene el potencial suficiente como para que la gente seleccione, decida y produzca lo que quiera ver. Incipiente en muchos aspectos, pero la realidad está ahí y crece, aunque puede que se intoxique (luego lo explico). Y pienso que quienes se desesperan por una televisión decente están perdiendo el tiempo cuando se pueden personalizar pero que muy bien lo que desean ver. Este es el momento en que alguien siempre dice que a todos nos gusta tirarnos en el sofá y hacer zapping porque no se quiere pensar y se descubre y tal y tal… pero entonces no vale quejarse: se renuncia a pensar con lo que no vale quejarse de lo que hay. Yo le dedico algo más de treinta eurillos al mes a Digital+ que con el PVR que les he comprado me permite seleccionar estupendamente creo que verdaderamente todo lo que de interesante tiene la producción convencional completamente a la carta. Periódicamente conecto mi maquinita a la tele y veo en Filmin por muy pocos euros otras producciones que, asombrosamente, tienen poco espacio en la televisión de pago. No descargo o no descargo apenas. No por razones morales, sino porque no me gusta la experiencia de uso y el hecho de no poder controlar la calidad visual que voy a percibir. Y he decidido que, todos los meses, voy a dedicar un dinerito a contribuir a proyectos que me gustaría que existieran. Acabo de elegir dos en Kickstarter y otro en Verkami. Y he decidido que cada mes elegiré al menos uno y lo publicaré por aquí. Cuando se dice que otra televisión es posible yo diría más bien que otro video es posible y recomiendo a muchas personas que están dedicando energía a criticar los contenidos de las parrillas convencionales a que propongan al público que seleccione lo que quieran que se produzca: si es que es desde cinco euros o un dólar. ¿Por qué decía que se puede intoxicar? Porque lo duro de recaudar microdonaciones es hacer el marketing para llegar a público suficiente para que se financie y puede cundir el desánimo cuando lo cool de aportar desaparezca. Así que, pienso, que es una buena práctica invertir la energía en fomentar el potencial verdadero y más interesante de la red, que no es mandar un twit a un programita de una cadena con licencia. Mis elecciones del mes han sido tres. Good Ol’ Freda, un documental sobre una curiosidad: la secretaria de los Beatles; La Tierra de los Adioses (otro documental, dedicado a un pueblo de México donde la mitad de la población ha emigrado a EE.UU) y a una pieza documental más la tesis de una investigadora sobre estos nuevos métodos de distribución y financiación: El Cine en la Era Digital. ¿Es mejor que La2? Pásense por las páginas de Verkami, Kickstarter, Lanzanos, Goteo… y verán que aparecen montones de propuestas minoritarias valiosas que nunca veremos allí. Si se dan una vuelta por la producción original en Blip o Vimeo la sensación se acrecienta.. tags: crowdfunding, el cine en la era digital, goog ol' freda, goteo, la tierra de los adioses, Lanzanos, Verkami, video que quiero que exista Anteriores » El modo de producción del software libre como sustrato de la nueva producción audiovisual » Sin Comentarios sobre "El crowdfunding ya [casi] es mejor que La2". Puedes subscribirte al feed de comentarios Si tienes algo que decir, dilo […]

  • […] otra cosa. Ayer, gracias a una entrada de @Gonzalomartin recordé la Leyenda de la salsa de Spaghetti perfecta, así que os pongo un […]

  • […] y sin embargo hay des-orden. Y, sobre todo, mucho miedo a salir de la que seguimos creyendo, por derecho divino, nuestra zona de […]

  • […] en una red peer to peer… O, con riesgos de que haya demagogia, si tienen que pagar Torrente (el fenómeno de La Noria, no tiene por qué terminar ahí). Incluso muchos se preguntarán, ya que hay que pagarlas y la […]

  • […] y nunca – nunca – volverá a tener que discutir con ellos lo que aparece en su página. Como sucede con el escándalo de La Noria, la crítica al medio centralizado sólo representa la sumisión a su poder, no la construcción de […]

  • […] bastó un disparo. Es una buena forma de referirse al tipping point. Lo cierto es que hace días yo invitaba a ver el caso desde el punto de vista del análisis de teoría de juegos sobre revueltas en red acudiendo a un […]

  • […] con el empoderamiento que otorgan los modeles de red para la construcción de alternativas: los lamentos sobre la telebasura son innecesarios, los consumos son cada vez más cooperación entre artistas y […]

  • […] y sin embargo hay des-orden. Y, sobre todo, mucho miedo a salir de la que seguimos creyendo, por derecho divino, nuestra zona de […]