Leo con retraso la revisión de Juan sobre los Goya y el cine. No acabo de compartir su conclusión: le parece que para lo raquítico del negocio debieran tener menos lujo en sus galas y menos ambiciones presupuestarias. Yo creo lo contrario: si algo le falta al cine español es marketing y esta gala lo es. Y no malo. Deben trabajar en reducir su polemización sociopolítica permanente, en ampliar el ámbito de mercado para convertirse más en una fiesta del audiovisual del español y el portugués y dejar la especialización en cine y local que queda corta como remedo de los Oscars. Y hasta de los BAFTA. Pero hace falta lujo y brillo, que el buen paño en el arca se vende. Algunas producciones deberían bajar de presupuesto, pero otras debieran tenerlo alto: que el sistema legal juegue a crear productos para funcionar en el mercado internacional. Las producciones pequeñas que, por ejemplo, David Trueba teme perder, deben buscar un mecanismo de financiación más parecido al arte a base de donaciones y fundaciones. Pero me paso de la brevedad de este espacio. Lo que sí comparto con Juan es que para esta miseria – aunque es un mal año, es coyuntural que sea tan malo – hay que afrontar una revisión de conceptos y supuestos al completo: la sociedad es muy generosa con el cine, pero el cine no parece ser tan generoso cuando cierra filas ante algo tan imperfecto como la Ley Sinde.