Mientras hace pocos días el jefe de la BBC nos recordaba que la promesa del time-shifting, esa por la cuál grabaríamos los programas de forma masiva y los veríamos bajo demanda cuando quisiéramos no se ha cumplido, Nielsen reporta un incremento drástico de ese consumo en los EE.UU. En realidad, la idea de fondo es que no va tan rápido como se esperaba. Y supongo que tiene que ver con el número aparatos instalados y su penetración en la población. Tampoco hace tanto que Digital+ en España atribuía parte de su inversión de tendencia en el número de abonados al aparatito que permite hacer eso, su iPlus. La amenaza histórica es que, entonces, no vemos los anuncios, pero en la práctica eso no ocurre tantas veces: de hecho, para evitar que mi iPlus pete, ya no los paso deprisa, me levanto a la cocina como antes. Treinta horas mensuales, 25% del tiempo televisivo entre los hogares que lo tienen (se supone que los mejores shows), sólo nueve horas en el conjunto de la población no son tanto, pero sí significativo. La cuestión es: si todo el mundo lo tuviera, ¿qué pasaría? No veremos a las cadenas en abierto españolas promover estos aparatos.