Fandor cobra diez dólares mensuales por subscribirse a sus películas, todo cine independiente (léase minoritario) sin pedirte exclusiva (las puedes poner en Netflix). De esa cuota, el 20% va a parar a los productores independientemente de los visionados. Un 30% se paga por un “algoritmo de atención” (es decir, el que es más visto, tiene más). El cincuenta que quede se supone que debe ir para pagar los costes del site. Esta forma de concebir el reparto me suena a novedosa, me puedo equivocar: no hay un mínimo garantizado (que para los agregadores online es de una enorme complejidad recuperar) pero tienes una cuota permanente a tu favor aunque ya no te vean. El premio por mantener el catálogo y aumentarlo. Otra cosa es cómo convertir estos esquemas en ingresos decisivos para la financiación del productor. Aunque yo creo que si de independencia artística hablamos, operan otras reglas.