¿Recuerdan que los chinos, privados del presentado como primer 3D erótico-chic, se hacían una españolada y marchaban a Taiwan y Hong Kong para ver una película censurada cual Perpiñán simbólico? Sex and Zen sigue su marcha triunfal aceptando censura en Singapur (y en Korea), pero con el éxito – suponemos que la palabra sex también tiene que ver – la película empieza a tener distribución occidental, llegando a Perú y pasando por Rusia y Francia. Al tratarse de un tratamiento, según dice su productor ejecutivo, más grueso que Nueve Semanas y Media pero menos agresivo que Calígula, la cosa promete para que pueda aparecer por salas decentes en estándares occidentales. El reclamo del 3D debería funcionar. Como está funcionando en términos económicos en todas partes: vimos que la recaudación europea se sostiene gracias al 3D (de los blockbusters americanos, sorry), una tendencia internacional que santifica Hollywood Reporter. Muchos creen que el 3D no tiene futuro en el hogar: no sé si la industria tiene otra opción que intentarlo. De momento Digital+ acaba de presentar otro primer porno en 3D (¡y decían los clásicos que the internet is for porn!), los jueguecitos de Nintendo (sin gafas) crean su culturilla y contribuyen al hábito y seguro que lo que den de sí los Juegos Olímpicos de Londres marcará tendencia al respecto.