Leyendo a Bernardo Hernández esta mañana con ocasión de su presencia en La Red Innovame he acordado de Nikodemo. Cuando tuvo que cerrar, una crítica frecuente al lamento (la red es muy plañidera) se centraba en la voz del mercado, la viabilidad, y tal y tal. El caso se sumaba entonces al muy cercano de Soitu. Bien se podrá decir – cuando se lea el enlace, buena costumbre del lector – que Bernardo hace mucho hincapié en los proyectos tecnológicos innovadores y aquí hablamos de negocios de contenidos, una cosa ¿mucho menos compleja y menos innovadora?. Pero la explicación que da se parece mucho a lo que sucedió, al menos en el caso que conozco un poco bien, el de los creadores de Cálico Electrónico y, con matices, en el de Balzac TV: “Suelen decir que el capital riesgo en España, ni es capital, ni es riesgo. Las cantidades son pequeñas y no se quieren correr riesgos”. Mucho de lo que pasó en esos casos se debe a algo que queda bien explicado en la misma entrevista: “Además falta sofisticación en el capital, que no sólo debe financiar, sino acompañar. No basta con la inversión, sino que hay que complementarlo con un modelo de negocio. En EEUU, el capital ayuda al emprendedor. Los fondos españoles preguntan al emprendedor cómo va a vender la empresa, cuando tiene que ser al revés”. Falta sofisticación. Sin perjuicio de los errores de los empresarios que empiezan. Y, mientras, ves cómo se llenan las administraciones públicas de eventos para emprendedores en donde se gasta más dinero que el que cuesta arrancar. En mi barrio hay un centro de innovación lleno de macs y de lujo asociado a una catedral… a otra magna obra arquitectónica.