La lectura de Isaiah Berlin plantea a los interesados en la historia de las ideas un interesante punto de vista sobre los conflictos políticos: los conceptos de libertad, igualdad y fraternidad, tan célebres y refugio corriente de los ideales colectivos, resultarían ser objetivos incompatibles entre sí. La igualdad absoluta termina con la libertad y la libertad total impide la igualdad, por ejemplo. Independientemente de la valoración que haga cada uno de la solución al problema, lo interesante es que la posibilidad de alcanzar la consecución de varios objetivos deseables simultáneamente pueda no ser posible. Aludo a este problema intelectual porque me lo ha recordado una cita que realiza la prensa al catedrático José Mª Álvarez del Manzoncillo sobre la televisión pública. Por experiencia propia sé que lo que te reproduce un diario no suele ser ni tu literalidad ni suele recoger el contexto como uno mismo lo haría, así que lo interpreto como lo publicado y no como la prueba irrefutable de un pensamiento. La cita es la que sigue: resulta que defendería una televisión estatal “de verdadero servicio público, de calidad, independiente, con un modelo de financiación estable y socialmente influyente”. Esta formulación es un clásico popular, pero yo defiendo que, por deseables que sean, son objetivos incompatibles en el entorno de comunicación hiperfragmentada actual, con el fin de barreras de entrada a la emisión y las opciones de un entorno de abundancia frente a otro de escasez: ser influyente socialmente suele implicar la pérdida de lo que llaman calidad, depender de una financiación determinada impide ser independiente, un verdadero servicio público no sólo es difícil de saber, sino que probablemente no sea influyente (¿trasmitir un torneo de bolos puede ser un servicio público a pesar de que lo vean cuatro?). Y así podemos seguir: la era de la comunicación en red es la era de la personalización, la televisión pública se construyó para la era de comunicación de masas, y se sigue juzgando su viabilidad y necesidad por una visión que ya, me parece, no es posible.