Ayer, a propósito de la presentación de Twitx, recordaba la idea de la cuarta dimensión en salas. Y me decía que hacía tiempo que no hacía mucho seguimiento sobre el tema. Si antes lo digo… El Confidencial es un medio relativamente masivo y hoy le dedica un artículo larguito al asunto con tintes de haber descubierto el mundo. Es interesante porque, aunque sin dar fuentes y enlaces (caramba, y es un medio digital), asegura que las películas estrenadas con este método tienen recaudaciones y permanencias en taquilla mucho mejores: 50% más que el 3D y mucha mejor que las dos dimensiones. También dice que el espectador paga el triple. El epicentro de estas cosas es Asia – oh, la, là – ese mundo de videojugadores compulsivos, y se busca el salto a los EEUU: CJ 4Dplex es una compañía coreana que ya tiene salas montadas. Pero también hay canadienses. Y se relatan experiencias de asientos vibratorios y con movimiento, agua pulverizada y el regreso de remedos del Smell-O-Vision gracias a Robert Rodríguez y una nueva entrega de Spy Kids o el ya antiguo documental de Tom Hanks para el Museo de la Segunda Guerra Mundial de Nueva Orleans. ¿Alguien tiene años para recordar la sensación que provocó el estreno de Terremoto, en Sensurround? ¿Los que han ido a los parques de Disney no recuerdan esas salas con asientos móviles y escenas galácticas? Como sucede con el 3D la recuperación de viejas tecnologías puestas al día, tiene que someterse a la prueba de la creatividad para superar el efecto novedad. Y, como sucede con el 3D, alguien debe pagar la inversión para que haya donde poner estas películas. Y hay que contar con títulos que arrastren. Pero, por otro lado, son la forma de crear experiencias diferentes poco repetibles fuera de la sala convencional y que justifican el paseo, un precio y, sobre todo, un precio mayor. Para que no suene infantil únicamente, repasen la propuesta de Coppola, que no tiene asientos móviles ni olores y por tanto seguramente no catergorizaría como “4D”, pero estamos ante la misma esencia, acercarse más a la performance y no sólo a la exhibición: la cuestión para el análisis es plantearse si lo que tiene sentido es poner el acento en el control de la obra tradicional para respetar las ventanas o trabajar mucho más una concepción del producto donde la sala vuelve a aportar experiencias diferentes y diferenciadas realmente a las de otros consumos, que ahora casi todo se ve muy a gusto en la tele.