Pues estaba comiendo esta mañana con David Bravo cuando me explica el experimento que ha resultado en lo que se ha conocido como #tablasinde. Eso ocurría mientras yo le decía que, por el contrario, le iba a prometer a alguien del público que le pagaría una cerveza si levantaba la mano cada vez que yo dijera Ley Sinde. Nos hemos reído.  En fin: uno pretendía introducir variables de reflexión más amplias que las descargas para mirar el conjunto de la cuestión propiedad intelectual desde una forma más elevada y plantear lo que suelo plantear: que es necesario un debate social diferente y que, vaya por dios, la cuestión de las descargas lo contamina. Es obvio que todos ustedes saben ya que no he tenido éxito. Conviene precisar algo: se ha planteado por la prensa y la red la sensación de que esto era como una especie de humillación porque se ha hecho delante de la industria del cine. Debe decirse, igualmente y por respeto a la verdad que, aunque aquí nos trae la organización del Festival de San Sebastián, el festival empieza mañana. Y sí, había cineastas, pero casi todos ellos jóvenes y cercanos al mundo online, no quienes en sus sueños más húmedos se puede imaginar la marea de indignados. ¿Que qué opino? Pues qué va a ser, una bella e inteligente demostración de cómo funciona la red suficiente para sugerir que hace falta otra conducción pública (y, seguramente, mediática) de esta cuestión.