Algún conocido estará poniendo un nombre muy conocido de ciertos ámbitos de la red, pero el ejercicio de malabares lo ha hecho hoy El País en un artículo de bello domingo que titula “La Telebasura en el punto de mira”. Más o menos viene a decir que con la presión vertida por la ciudadanía habría un estado de opinión que lleva a poner en retroceso el género sensacionalista (¿es un género?). Ni una palabra de si es un modelo que interese comercialmente, punto olvidado, y un cierto aroma a que hemos tomado la definición de telebasura de la wikipedia para inspirarnos (que es totalmente legítimo, pero sirve para reeditar lo que sabemos del periodismo y su funcionalidad en el mundo red: el sábado un periodista que ha dimitido de los medios para hacer su proyecto me decía que ya no existía). Cuestionado sobre el tema el profesor Víctor Manuel Marí “no duda de la repercusión de Twitter o Facebook respecto a los canales convencionales, pero sobre su papel en el boicoteo a La noria vislumbra “cierto cálculo de mercadotecnia por parte de los anunciantes”. “La dimensión ha sido brutal, pero yo veo algo de papatismo ante la Red”, remata”. Comparto mucho de estas aseveraciones, pero el hecho de resaltar – por la redactora – estos dos servicios de relación – en realidad, de sobrevaluarlos, como ya sucede con todo atisbo de revolución – al tiempo que se ignora que el mecanismo se pone en marcha a través de un blog (y no, caramba, por una página de ese diario) resulta chocante. No, resulta interesante fijarse en el grado de pensamiento que han adoptado los medios convencionales sobre el funcionamiento de las redes. En realidad, twitter y facebook no les amenazan, pues sirven para convertir la cháchara en noticia elaborada, con espacio y puede que reflexión, mientras que los blogs y sus autores susbtituyen con éxito esa función. Y eso es mucho más chungo para el negocio y el rol social que ejercen los medios amenazados. Pablo Herreros ha hecho un trabajo elaborado, periodístico, y ha sido el catalizador de una revuelta, se tenga la postura que se tenga sobre el caso. Este artículo podría ser anécdota, pero la tendencia a ignorar al protagonista del caso ha sido muy extendida en medios convencionales y, si no me he perdido nada, por la propia Telecinco. Y no dejo de pensar que el origen reside en esa distancia, que era un clamor señalarlo durante el auge de los blogs, entre medios convencionales y blogosfera.