Un amigo me envió esta semana el enlace con el caso del humorista Louis C.K. El elemento llamativo es que el hombre se edita su propio DVD, no le pone DRM y se hace con doscientos mil estupendos dólares en lo que se interpreta como algo que el sistema debe contemplar para variar sus políticas de intento de control sobre el usuario. Si el DRM ayuda o no ayuda en algo a las ventas, es algo bastante discutido y controvertido. Quizá la famosa aseveración de Steve Jobs – no sirven para detener la piratería – bastara para terminar la discusión. Es mucho más interesante argumentar sobre la reflexión final del autor del post que he enlazado: como sucede con El Cosmonauta, se considera que este tipo de éxitos se debe más a la novedad, a la excepcionalidad y a la oportunidad del primero en llegar que en algo generalizable. Es decir, que cuando el público se canse de tener cosmonautas y louises cada día, el éxito se tornaría complejo porque se vuelve aburrido. Algo así como otro pesado que pide para su peli. Añade, además, la importante observación de que no todas las producciones (por la escala de costes que exige) son susceptibles de entrar en este juego (más sobre ello, explicado por Pancho Casal). Y algo esencial: ha podido porque previamente, existía una masa de seguidores obtenida, claro, gracias a la industria tradicional. Comparto el análisis pero no tanto la conclusión: que no debemos desdeñar su papel en el descubrimiento ni en el desarrollo de talento, pues no se debe. Pero atender a las mutaciones, sí. Lo esencial de los nuevos modelos del mundo libre de la red consiste en el empoderamiento para intentarlo. ¿Y qué hay que intentar? La posibilidad de construir un grupo o comunidad de seguidores que están dispuestos a soportar el contenido que se oferta. Es decir, es la desintermediación lo que hace que no existan límites que no sean las intenciones del creador/autor aunque sólo pueda empezar con poquito. ¿Cómo hacerlo? Es duro, durísimo, el éxito es lo más esquivo del mundo, pero la clave es que no tienes que esperar ni a la publicidad ni a las subvenciones. Ni, diría, a tu editor de libros, discos o dvd’s.