Mientras sigo buscando el espacio para argumentar los beneficios del mundo red para los problemas clásicos de lo que conocemos como cine español (insisto e insistiré en la cursiva, es una denominación que ya no alcanza para explicar nada), llego a un enlace que aporta un hecho interesante: Cuevana estrenaría por primera vez una película que no obtuvo distribución en Argentina y que se quedó, por decirlo así, fuera del sistema. El director, que prefiere no tomar partido por los aspectos legales del site argentino, cree que una fracción de los quince millones de usuarios registrados que tiene Cuevana ya es más que suficiente para dar a conocer su trabajo. Esa audiencia se ha construido, obviamente, con el acceso a contenido protegido de mucha notoriedad (no aloja nada, sólo facilita el acceso vía Megaupload) y ese es un aspecto importante. Pero ahora lo que nos interesa es observar como lo que no tiene cabida en las estructuras oficiales (el INCAA) puede, gracias a lo que llamamos la red, ser vista. La cita es reveladora del estado del arte de los verdaderos problemas de hoy: «Hay una explosión de tecnología, todo el mundo puede filmar, todo el mundo puede grabar discos, todo el mundo escribe libros, pero no todo el mundo puede mostrar lo que hace». Salvo que salga a internet: eso es lo que tiene el fenómeno de la desintermediación y el empoderamiento que produce. En unos días, en cuanto su autora lo libere, podremos ver un vídeo financiado mediante crowdfunding en el que una persona con una posición decisiva en la reflexión sobre la distribución online profesional y legal española, dirá que los autores (o todos) debemos contribuir a dar prestigio al estreno en internet. Obvio, se diría en Argentina. Simultáneamente, el mundo de los juegos ofrece otro ejemplo del trabajo de creación de comunidades para soportar la creación: Humble Indie Mumble no sólo recauda 1,2 millones de dólares en dos días (¡también sin DRM!), sino que eligen un sistema de microdonaciones a medida en el que el usuario decide qué parte dona a Cruz Roja y a una ONG dedicada a que los niños enfermos puedan acceder a videojuegos y qué parte va al desarrollador. Todo eso aderezado con información amplísima sobre el dinero recibido que merece la pena ver en su página web. Los nuevos paradigmas empiezan a consolidar sus espacios propios y, cree uno, la cultura no tiene nada que temer: el creador tiene la oportunidad de construir audiencias por si mismo y encontrar su modelo de financiación.