Lean esto y pregúntense si no es un disparate: «El ente regional explica que para “garantizar la viabilidad” de la televisión pública de las islas “no se apostará por las retransmisiones deportivas que se pueden ver en otras cadenas”. De hecho, tanto los partidos de fútbol como las pruebas de automovilismo los difunde La Sexta. Para rentabilizar estos derechos, la cadena privada vendió a las autonómicas la señal de los encuentros de los sábados y de la f-1, pese a que los espectadores podían seguir en toda España estos deportes a través de La Sexta». Me permitirán una opinión personal a la vista del entorno que vivimos: ¿no roza lo indignante que haya que pagar – impuestos – por lo que no habría que pagar?. La ocasión me ha servido para formalizar en un único texto este fenómeno que usualmente he calificado como la paradoja a la que se enfrentan las televisiones públicas en la era de la red. La tienen en «Contextos».
7 enero, 2012 10:01 AM
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1. Escrito por Jose Alcántara
7/ene/2012 a las 10:54 AM
¡Brillante y conciso!
Al final la paradoja sólo se resuelve atendiendo a criterios que no parten de una lógica racional sino ideológica. Y no pasa nada, que cada cual defienda su historia, pero llamemos a las cosas por su nombre: desde muchos ámbitos se defiende una tele pública por motivos ideológicos
2. Escrito por Gonzalo Martín
7/ene/2012 a las 11:16 AM
Gracias.
Efectivamente, es una cuestión meramente ideológica. La cuestión es que los mismos defensores de la independencia de la prensa que no conciben al estado haciendo periódicos, no dudan en defender una televisión pública potente.
Desaparecido el problema de la escasez, las mentes siguen razonando en esos términos. Lo que sucede es que la argumentación ideológica choca contra la realidad y existe un bloqueo generalizado en pensar en términos de abundancia: ya no tendríamos que dirimir si para que se puedan divulgar determinados contenidos tenemos que recurrir al estado. Ni siquiera para producirlos. Pero la renuncia a a empoderarse, ni siquiera a imaginarlo, conduce a seguir buscando soluciones a un problema irresoluble.
3. Escrito por Isabel
7/ene/2012 a las 1:27 PM
Coincido, brillante, conciso… y útil.
Los marcos mentales funcionan y se manejan muy bien. De todas formas, es un hecho probado que no siempre reconocemos la innovación y la abundancia cuando la tenemos delante. El hierro tardó décadas en asentarse hasta que se empezó a aprender que se podía (y debía) trabajar de forma diferente que la madera.
4. Escrito por Gonzalo Martín
7/ene/2012 a las 1:42 PM
Me gusta esa metáfora del hierro… es útil, creo que habrá que emplearla con frecuencia.
5. Escrito por Fernando Hugo
8/ene/2012 a las 6:53 PM
“El problema de estas críticas es que se basan en la elección (o imposición) por parte del Estado de criterios estéticos y editoriales que es imposible que sean neutrales, cuando no paternalistas.”
Entiendo esta crítica, y, en parte, la comparto. El ejemplo que expones de la Fórmula 1 es ciertamente significativo. Pero que el modelo funcione mal, no invalida que el modelo sea correcto. Es decir, que algo no funcione puede arreglarse; por ejemplo, revisando que las teles públicas no sean meramente un expositor de informativos partidistas. O un control de la tendencia autodestructiva que ejercen, sin percatarse, algunos funcionarios de dichas cadenas. Pero el modelo es una forma de ver la cultura y la televisión. Ideológica, sin duda. ¿Racional? Lo racional es relativo. La democracia es improbable que resista un análisis “científico”, y no por ello nos pensamos en dinamitarla.
Por otro lado, en verdad, hasta la oferta privada de televisión en USA usa conceptos similares, el de la “exclusividad de la calidad cultural”, cuando vende ciertos productos, como sucede con HBO. Igualmente paternalistas, me parece. Lo paga quien quiere, sí, pero si el argumento es que esto es “peligroso” o “injusto”, que se pague libremente o no parece secundario.
Es posible que España no esté preparada para que las cadenas privadas sean el garante de la calidad, y, desde luego, no de la diversidad. ¿Esto es paternalista? No sé. Volviendo al argumento de lo racional, habría que exponer un análisis cualitativo y cuantitativo del nivel cultural de los españoles. No creo que los datos fueran alentadores.
Es posible que sin duda hablemos de ideología. Pero es que de eso se trata la política: no existen posturas puramente racionales, porque la ideología, al cabo, lo atraviesa todo, para lo malo, pero también para lo bueno.
No es necesario escuchar solamente a twiteros o blogueros de izquierda, para percatarse de que cierta parte de la audiencia sabe que encontrará en TVE lo que es imposible que produzcan las privadas. En cuanto a la propia producción de contenidos, los guionistas y productores españoles contestan lo mismo acerca de por qué aquí no se hacen Game of Thrones, Breaking Bad o ni siquiera The Good Wife… Porque las series se hacen, claro, para hacer dinero, y las cadenas no quieren arriesgar. No, con la crisis de la publicidad (un día habrá que escribir sobre si esto también ha sido una burbuja, la publicidad).
Si el público es minoritario o no será o no relevante en lo cuantitativo, pero ya sabemos que el buen gusto cultural, suene mal o no, es poco democrático.
La 2 será un tanto un erial en cuanto a audiencias, pero es el único sitio donde ver cierto tipo de espacios informativos y culturales, por no hablar del cine más alternativo.
Mientras esto no lo suministre ninguna plataforma, “real” o “virtual”, esos contenidos más “exclusivos” tendremos que pagarlos entre todos. Hagamos una comparación: si no pensamos en quienes no puedan pagarse contenidos exclusivos, tendríamos que dejar de pagar también, con los impuestos de todos, las bibliotecas.
A ver si ahora vamos a empezar a olvidarnos de cuánto hay que aprender de Francia (siempre con matices; siempre lejos de la asunción seguidista).
6. Escrito por Gonzalo Martín
10/ene/2012 a las 5:41 AM
Gracias por tu reflexión, Fernando.
Voy a tratar de convencerte de lo contrario. Si me lo permites, seré un poco osado porque la argumentación puede parecer un tanto personal, es decir, dirigida más aparentemente a tu persona y no a tus argumentos. Y, sin conocerte de nada, puede parecer pretencioso y maleducado. No es la intención, es un ejercicio de pensamiento: en otras palabras, que puede parecer personal, pero que no lo es. Ni mucho menos, porque respeto muchísimo tus argumentos. Es más, hubo un tiempo en que yo pensaba cosas parecidas.
Este tipo de argumentación que me haces me la realizan bastantes amigos y lectores habituales. Es una argumentación que termina siempre admitiendo la base de la crítica y la fuerza de la evidencia pero que, finalmente, suele buscar una especie de “salvación” de la televisión pública en la aspiración a que debiera existir porque se trata de que produzcan lo que “tú” quisieras ver. Y que eso que se “quisiera” ver suele ser generalmente productos de élite minoritaria que tomamos como, a falta de mejor expresión, cultura o alta cultura y sofisticación informativa. Productos que serían “necesarios”. En realidad, creo que se opina así porque se trabaja desde un esquema basado en el paradigma de antes de la red y no se termina de aceptar o razonar (lo que es legítimo) con el paradigma de la sociedad en red.
Intentaré expresarlo con detalle:
- “Pero que el modelo funcione mal, no invalida que el modelo sea correcto. Es decir, que algo no funcione puede arreglarse; por ejemplo, revisando que las teles públicas no sean meramente un expositor de informativos partidistas”
Observa que llevamos décadas de televisión pública y “ese” problema nunca se soluciona. Y es que no se puede solucionar. Por dos razones: la primera, porque irremediablemente la televisión pública está sometida al poder político. Siempre hay un parlamento detrás y unas mayorías. Por más que haya contrapresos, los políticos influirán al máximo y los consensos se construirán por mayorías sociales que, por definición, siempre excluirán a lo minoritario: quienes controlan su presupuesto, controlan sus contenidos e ideología. Podrá ser menos “partidista” en el sentido de que tratatá de equilibrar lo grande, pero es imposible que pueda atender a lo pequeño.
La segunda razón es que no existe una salsa de spaghetti perfecta para todo el mundo. Es decir, existen tantos relatos como interpretaciones del mundo. Ergo es imposible que la visión de la realidad del criterio editorial de una televisión pública se corresponda con lo que aspira “oficialmente”: diversidad y pluralidad. En realidad, para contentar a todos, dará como buenos los criterios morales y éticos que se dan socialmente por buenos. Precisamente, esto es lo que cambia con la sociedad red donde la información y la construcción de relatos alternativos no es escasa sino ilimitada y sin barreras de acceso. Es decir, la red empodera a cada invidivuo y cada grupo social para crear su propia versión de la realidad. Es por ello por lo que cualquier iglesia puede transmitir sus ritos por vídeo sin necesitar una televisión pública. Lo mismo sucede con las noticias: sólo es una jerarquización de un grupo de autores que interpretan la realidad con su filtro ideológico y cultural presentándose como “la realidad”. Cuando la tecnología no permitía la libertad para emitir, se podía discutir si el estado sí o si el estado no porque “llena” un presunto hueco: cuando todo el mundo puede (cada ciudadano, cada sindicato, cada patronal, cada pueblo, cada club de amigos del tren eléctrico) esta argumentación no vale.
Una solución es que no dieran noticias. Vale. Pero ya hemos reducido un argumento más para dedicarle impuestos.
- Por otro lado, en verdad, hasta la oferta privada de televisión en USA usa conceptos similares, el de la “exclusividad de la calidad cultural”, cuando vende ciertos productos, como sucede con HBO
No puedo entender este argumento. HBO es privada, como Showtime y la paga quien quiere. Invierten en productos de altos valores de producción y artísticamente atrevidos porque se dirige al nicho de mercado que los demanda. Se utilizan como gancho para generar abonados de programación de pago no exclusiva. Aquí, la existencia de RTVE en todo caso limita la capacidad del sector privado de atender a ese nicho. Al crear competencia en los segmentos que demandan un tipo de producción de entretenimiento y cultural determinada, reduce las opciones de hacerlo por otros que pueden ganarse la vida con ello. Precisamente porque son segmentos pequeños. De hecho, aquí RTVE no los atiende realmente: su riesgo ha sido recuperar las series de época (y le salió bien, pero si la audiencia no hubiera respondido… adiós) en un intento de crear un escenario “nacionalista” español: es la revisión de la historia de España contada con la corrección política de nuestra época para servir de tejido vertebrador del imaginario del país. A lo que llega tarde, es lo que hizo el teatro de Shakespeare con sus tragedias sobre los reyes, por ejemplo, y la BBC de modo constante. Es decir, parte de una concepción de legitimización del estado, lo que no es inesperado, sino contradictorio con la teoría de la pluralidad y la diversidad: estoy seguro de que muchos en Cataluña querrán un relato distinto sobre Isabel de Castilla. O que habrá muchos votantes, que son también dueños, que no son felices con Amar en Tiempos Revueltos. Y así.
- Es posible que España no esté preparada para que las cadenas privadas sean el garante de la calidad
El problema reside en dos aspectos: nadie es garante de calidad, ni filosóficamente ni porque tenga la misión de serlo y, por otro lado, no hay forma de definir calidad que sirva para todo el mundo. Es un atributo que se concede por una valoración personal: es calidad lo que te parece bueno. De esto tengo algunas entradas en el blog y tengo por hacer una “definición”. Sólo podemos llegar a definir calidad desde un punto de vista técnico. Qué bien está hecho Sálvame. Aunque no me entretenga.
- La 2 será un tanto un erial en cuanto a audiencias, pero es el único sitio donde ver cierto tipo de espacios informativos y culturales, por no hablar del cine más alternativo
No es cierto. Varios motivos: basta con ir a Filmin o a cualquier kiosco del centro de madrid para tener toneladas de cine “alternativo” (pagado con dinero público en toda Europa, por cierto, que pagamos dos veces). Tienes también el canal Xtra del Plus, Sundance Channel está a punto de llegar… ¿Cine clásico? TCM es completísimo. ¿Cine español? Un canal entero en el cable. ¿Cine mudo? Tienes cientos de películas en dominio público por toda la red, El Acorazado Potemkin es una de ellas. Y mejor: se consume bajo demanda y sin que le cueste un duro más al ciudadano. ¿Que hay gente que no lo hace? Pues… no es nuestro problema. Poco se puede hacer. Es decir, que esta demanda está cubierta desde la sociedad civil de modo sobrado. ¿Informativos? No hay centenares de webs y periódicos que dan visiones distintas? Fíjate como la televisión pública sólo menciona en sus telediarios a la prensa de papel, una nueva forma de crear la ficción de que sólo existen unos medios respetables, los nuestros, los que hacemos los periodistas de verdad. De nuevo: la red desintermedia y crea cientos de voces, unas mejores y otras peores para el criterio de cada uno. Volvamos al cambio de paradigma: la ausencia de escasez multiplica las opciones. Ausencia de escasez es ausencia de límite de espacio, lo mismo que permite que este blog exista y debatamos en público sin censura posible y sin pedir permiso a nadie: construimos nosotros nuestros medios y nuestros consumos. Podemos crear y definir nuestros universos y referencias. Con el acierto que guste a cada uno.
Me dejo los contenidos culturales: basta con ver las conferencias de TED o las toneladas de vídeos educativos que se cuelgan en YouTube para darse cuenta de que no hay televisión pública que pueda ofrecer nunca jamás semejante oferta. Fundaciones de todo el mundo están publicando sus contenidos en la red, creando vídeo y texto… vamos a un mundo convergente donde todos los contenidos son digitales y accesibles desde cualquier conexión. La tele pública es un producto de la economía industrial que se justificaba por el tipo de estructura política de la sociedad industrial. Todo eso se está transformando.
En resumen:
Creo que si aplicas el paradigma de red y te posicionas desde el empoderamiento que produce, verás que el problema de los medios tradicionales – en especial las públicas – es que se interponen como guardianes de lo que es posible producir: viven en un entorno escaso y tienen que escoger lo que hacen con su propio criterio, cuando la red permite que todo el mundo sea el decisor de lo que se puede intentar: puede buscar su financiación y su audiencia sin esperar a que le den permiso. Ese es el cambio. Lo que es mayoritario lo tiene fácil siempre, lo minoritario lo tiene más fácil ahora y lo tendrá más si no tiene que competir contra una maquinaria que absorbe recursos y atención del público que tiene que contribuir a que sea posible. ¿A quien le da el dinero la fundación telefonica en una falsa cobertura publicitaria? A RTVE (que, a cambio, le da contratos a Telefonica) o una productora de gente con poca o mucha sensibilidad que trata de ser viable por si misma? Esta es la ecuación del problema: los ex monopolios públicos pierden razón de ser porque su demanda más aceptada (las minorías) no se cubre – es imposible dar voz a todos – y lo que hace lo hace a un coste extraordinariamente más alto que el que esas mismas minorías asumirían creando sus propios medios y productos culturales. Si, además, es una maquinaria ideológica en manos de los ocupantes del estado, ¿qué legitimidad puede tener?
7. Escrito por Mercedes
10/ene/2012 a las 4:02 PM
Cine Gonzalo, Filmin ofrece Cine no información. Es solo una acotación a tu argumentacion anterior que a mi me convence a medias pero que en este tema siempre ha sido así, comparto tus argumentos solo hasta cierto punto. Porque yo si creo en una TV publica potente y que esté para garantizar contenidos que no tenemos en las Televisoras comerciales, aquí el primer fallo, TVE no es ARTE, eso definitivamente y la 2, lamentablemente, tampoco lo es. Ni siquiera es la BBC aunque las ultimas movidas por dotarle de mas independencia informativa la acercan más… El problema es que aquí no hay una TV publica poderosa hay tantas Tvs publicas como pueblos tiene España y ahí comienza la locura, Tv nacional, Tvs Autonomicas, Ondas locales y el pueblillo de 14mil habitantes no va a ser menos y hala… Su televisión, como está mandado. Es insostenible y una locura.
Y si es también un asunto político e ideológico ¿Qué no lo es? El problema es que las privatizaciones tambien lo son, ahora mismo se está dando más de una en el Estado en el que no se está tomando en cuenta tanto las credenciales de la empresa que opta por quedarse con una TV publica y su capacidad para gestionarla y reflotarla, como por el grado de amistad que tenga esa empresa con el gobierno en particular, sea autonómico o local.
Y termina siendo ideológicamente hablando, mejor para los gobiernos locales porque esa empresa amiga, llega más lejos y con menos escrúpulos en la presentación de la informacion porque además no tiene esos molestos consejos donde alguno/a puede alzar la voz.
Y si hablamos del plano económico, ¿de verdad vienen bien las privatizaciones? Con luz y taquígrafos ¿No nos cuestan más dinero a la ciudadanía? Porque la unica manera de garantizar que estos entes privados sean el espacio acrítico propagandístico que necesitan es dejandoles publicidad a saco. Y solo tenemos que ver en que medios se han gastado los millones en publicidad de aeropuertos sin aviones o Megaproyectos innovadores para darnos cuenta que no se ahorra dinero a la ciudadanía tomando televisiones públicas y pasándolas a manos privadas… Creo que hay que cerrar unas cuantas, casi todas y mantener aquellas que de verdad sean viables. Y si el asunto es privatizar, obviamente los mecanismos no deberían ser los que hay hasta ahora porque a la larga, nos resultan bastante más costosos a nuestros impuestos.
8. Escrito por Fernando Hugo
10/ene/2012 a las 10:42 PM
Gonzalo, siempre que nuestros argumentos no “personalicen” para lo negativo, no habrá problema. Y te llevo leyendo el suficiente tiempo para saber que buscas puntos de acuerdo y no polémicas. Por tanto, no me siento atacado.
No creas que mientras escribo y reflexiono sobre estas cosas no me encuentro con bastantes problemas y hasta abismos. No son temas sencillos. De hecho, pienso que estos mismos comentarios me sirven, digamos, que para saber bien qué pienso sobre todo ello. Un poco como, creo, tú mismo haces con este blog de pulsiones.
Ya admito y admití que cuando defendemos el Estado, aparecen ciertos miedos muy coherentes, a sabiendas de que, tanto uno de izquierdas como uno de derechas, ha probado varias veces a lo largo de la Historia que se codea con el control, y eso nos horroriza a todos.
Sin embargo, lo que quiero hacerte ver es que la alternativa propuesta no está exenta de miedos similares. Ahora mismo tenemos a Ron Paul en Estados Unidos llevando al límite (lógico, por otra parte) la ideología liberalista, donde el Estado se reduce al mínimo. Es muy interesante leer y analizar cómo la campaña de los republicanos y los medios afines están dándole de lado. El libertarismo tiene un punto anárquico, de caos, de miedo ante lo desconocido que hace temer hasta a los republicanos que más liberalistas se consideran.
Por otra parte, sabemos que la empresa privada no es neutral en lo ideológico. Desde que TVE no tiene publicidad tiene más libertad para informar sobre desastres varios que realizan empresas privadas. No veo yo a Tele 5 o Antena 3 sacando una noticia contra, por ejemplo, El Corte Inglés o Movistar, que son anunciantes importantes. Parte de la crisis del periodismo no proviene, creo yo, sólo del paso del papel al online sino a la desacreditación que supone la constatación definitiva de que los periódicos no son libres, por mucho que sean empresas privadas. De hecho, no lo son ni siquiera con respecto a lo político. Porque son empresas muy ideologizadas, pero también porque el propio Estado (y los gobiernos autonómicos y locales) también son fuente de ingresos con su publicidad institucional.
Admito que no soy un analista especializado en los nuevos paradigmas, sólo un internauta más que observa, lee y “escucha”. Desde esta posición mía, te diré que estoy muy decepcionado con el 2.0 (¿o ya estamos en el 3.0?) ya que twitter, a ratos, me resulta un sitio donde los egos gritan para reafirmarse, y la blogosfera, un espacio donde se han sustituido las antiguas dependencias por otras nuevas. Un ejemplo: la crítica literaria. Ahora, no leemos ni nos fiamos de los suplementos culturales (justo por sus interconexiones con empresas privadas que, de nuevo, producen dependencias; Babelia no criticará negativamente un libro de Alfaguara), pero resulta que ahora ciertos blogs o webs caen en el mismo buenismo (se ve que no es sólo cosa de Zapatero) debido a que reciben libros de las editoriales… y no quieren enemistarse con ellas.
Por tanto, desde mi perspectiva, te diré que tal vez me falte una visión más “sociológica”, pero también incidiría en que tengamos en cuenta la psicología humana. Si el nuevo paradigma va hacia gritarse por twitter, bajo la amenaza del unfollow, o ese mismo toque estalinista que tiene, por ejemplo, menéame, que Dios nos coja confesados.
Es posible que la aspiración de una televisión pública no manipulada sea un ideal. No lo niego. Tampoco existe, sin embargo, la democracia perfecta, y no la apartamos.
Pero me gusta esto que dices “los consensos se construirán por mayorías sociales que, por definición, siempre excluirán a lo minoritario: quienes controlan su presupuesto, controlan sus contenidos e ideología.”
Es cierto que incluso en un modelo más respetable como el de la TVE de los últimos 8 años se puede caer en lo políticamente correcto. Y las series que se han producido son comerciales, y hasta técnicamente correctas… pero ciertamente no son HBO, AMC o BBC.
Por otro lado, este debate sobre qué es la realidad tendremos que dejarlo para otro post u otro día. En parte, de nuevo, de acuerdo. Pero TVE es la que más se ha acerado a ese ideal (lejano por parte del periodismo) de ser informativos; incluso aburridamente informativos. Es decir: sujeto + predicado + complementos. Sin adjetivos. Eso deberían ser las noticias. O mejor dicho: yo creo que eso deberían ser las noticias. Es mi visión.
En cuanto a esos criterios morales que se buscarán como “punto medio”… Ciertamente, suena terrible. Pero, de nuevo, tan terrible como lo opuesto. Exageremos para entendernos. Si no existiera una moral compartida (que se expresa mediante leyes; la ética es personal, la moral, social, o así me lo enseñaron a mi), ¿no estaríamos abogando por la anarquía? ¿Dejamos que Tele 5 emita un suicidio en directo? ¿O aquel espectáculo denigrante para la sociedad que fue lo que hizo Nieves Herrero con lo de las niñas de Alcasser? Ya hemos visto qué poco se autoregulan las privadas (de derechas y de izquierda; lo de la sexta es un cinismo bastante serio). En cuanto a que la ley fuera el límite es un ideal complejo, también para con la Red, cuya dificultad para regularse contiene contradicciones tan interesantes de analizar como el peligro para la libertad de expresión y el respecto de otros derechos (ahí está el complejo debate de la ley Sinde, por cierto no muy neutral ni racional en blogs y similares), pasando por el peligro de la exposición de contenidos ilícitos (como la pornografía infantil).
Luego, entiendo que un extremo sea malo, pero el otro, contiene iguales peligros. Ya sin esos casos extremos, diría que la red, en mi experiencia, empodera a ciertos individuos y a otros no: no veo la democratización. La gente es libre de seguir al gurú que quiera, pero qué curioso que casi todos sigan a los mismos. ¿De veras ha cambiado el paradigma? Hace 10 años habría seguidores fieles de Iñaki Gabilondo u otros creadores de opinión. Ahora, seguidores de Dans y Alonso. Se me escapa la diferencia.
Y bueno, sigo mañana, que me quedan cosas en el tintero. Que es un gustazo poder comentar en un blog sin que se eleve la voz.