El desastre del modelo de televisión pública estatal no sólo es un fracaso entendido por su incapacidad para resolver sus paradojas inevitables en la era digital (muchos, no me creen), sino porque ni siquiera es capaz de cumplir con sus aspectos propagandísticos más propios de la razón de estado. Ver cómo relata El País la presencia iraní en la televisión por satélite en castellano o los planes de otras muchas culturas deseosas de influencia y sin tradición en la zona sólo tiene una calificación en mi opinión: RTVE hace el ridículo. Si se le suman los Estados Unidos hispanos, hablamos de incompetencia profunda. Hace como tres años ya escribí sobre eso, tal vez de demasiado incompleto, pero es que se veía venir.