Es pura carne de Costa Gavras: del estrellato social, a la política. Del desengaño de la política a la persecución del terrorismo de estado. De los insultos de los abandonados ideológicos, a la euforia de los mismos por la persecución de Pinochet. Del prestigio mundial, a la recuperación (presunta o no presunta según a quién preguntes) de la memoria española. De martirio de traficantes de droga a la persecución de la corrupción. De las portadas de telediario a los sumarios cuestionados e imperfectos. Del glamour a la persecución judidial y la condena. Aaron Sorkin y su mirada shakespeariana de la política sería demasiado bueno para creerlo. Además del general chileno, Margaret Thatcher. Quizá demasiado antiguo para el negocio del entretenimiento actual, pero perfectamente obvio para el sistema de ayudas europeo. Merece esos finales ambiguos donde uno se da cuenta de que ni el personaje es consciente de sus defectos ni el juicio moral es obvio. Ah, también le daría su punto Oliver Stone. Un post paréntesis por aquello de que es viernes y porque debe dar SEO y tal y tal.