El seminario de la EICTV se abrió con los ponentes presentándose durante cinco minutos.  Fui el primero (era el más próximo empezando por la izquierda del presentador, que no tenía nadie a su derecha) y confesé que tenía miedo. Lo pondré más correctamente: tenía miedo. En una escuela pensada para cineastas y con olor aún a celuloide, la tesis de fondo a trasladar era la de liberarse de todas las dignidades del mito cinematográfico para crear pensando en que, al menos de modo teórico, las posibilidades de hacerlo sin restricciones ajenas y con posibilidades nuevas es el camino del futuro. Mi sorpresa fue que Alberto hizo algo parecido y asumió el temor interno a esa rebaja de dignidades. Creo que a los dos se nos pasó el miedo. Para colmo, los alumnos de cine son los que se tomaron menos molestias en venir y nos quedamos con los que están empezando. No nos arrojaron tomates: copiamos las presentaciones en multitud de pen drives.