Rodrigo Savazoni, de la Casa de Cultura Digital de Brasil se hacía y me hacía esta pregunta durante unas cervezas y, posteriormente, de modo abierto en una de sus charlas en EICTV. Él se encoge de hombros diciendo que es un misterio. Ensayo una respuesta: «porque quieren formar parte». Me asiente. Efectivamente, convenimos en que la gente quiere sentirse parte del proyecto. Hablamos de financiación colectiva. Habrá explicaciones más científicas, pero es con lo mejor que sabemos responder. A falta de otras buenas explicaciones, tenemos que conformarnos con algo que se repite en lo que parece clave en todos los proyectos que podemos llamar de cultura libre: la emoción de soportar un proyecto que se alinea con tus valores e intereses y que deseas que exista. Si lo llamas vender, pierde glamour, pero qué otra cosa es. Una venta, por cierto, que ha de ser necesariamente honesta: no tienes una segunda oportunidad si traicionas a la gente que te dio la confianza. Debería ser para todos los modelos, pero siento – puede ser un error o una mirada sesgada por mi propio interés – en que los métodos convencionales tienen más resistencia a la decepción del público, lo que no deja de ser una debilidad para quienes exploran nuevos caminos. Una debilidad relativa, pues te debe hacer más fuerte y, mirado éticamente, ¿no es lo mejor?. Se desean contribuciones.