Este artículo del país sobre las cadenas de cine americanas pensando en dejar usar móviles para atraer adolescentes, junto con el contrapunto del cinéfilo histórico que crea cines para experiencias clásicas superlativas que reniega de semejante horror, es un gran signo de los tiempos. Me recuerda a algunas conversaciones con Juan Herbera sobre el futuro del espectáculo. Conste que soy de los que les horroriza la perspectiva de un zangolotino contestando un whatsapp a mi lado, pero no es descabellado imaginar que son los espectadores que van a condicionar la producción.  A lo mejor es por eso por lo que ya voy tan poco a los cines. Por otro lado, no me parece irracional pensar que se den los dos modos de exhibición (recordemos a Heráclito: nada muere, todo muta) y que las posibilidades creativas de aprovechar la interactividad pueden tener su aquél. Eso si las redes de ahora no pasan de moda y esas cosas: merece que se desgañiten en comentarios.