Rastreando en Indiegogo, he encontrado un proyecto de esos de los que no sabes decir si son chiripitifláuticos o maravillosos. Dov Simens es uno de sus gurúes de los cursos de cine que se ganan la vida con seminarios por el mundo. Con Movie-cloud busca financiación colectiva para poner en marcha algo que se presenta como revolucionario, al menos doctrinalmente: el vídeo nos recuerda que Hollywood es un monopolio, que es muy difícil ver todas las películas buenas del mundo por los seculares problemas de distribución y búsqueda de audiencias y hasta le recuerda al aprendiz de director que su cortometraje no le interesa a nadie (yo soy de los que soy incapaz de encontrarle algún valor a ese producto en los tiempos que corren). Él y su socio definen su propuesta como «a global, one-stop, open architecture, web-centered movie studio and on-demand theatre megaplex loaded with over half a million dollars worth of software, tutorials, databases… and accessibility to financing-funds that, up to now, were only available to A-List high-powered studio executives», ahí es nada. Curiosamente, las aportaciones reciben como compensación un sistema de pinchos USB con un cierto software propietario (pero, ¿no era abierto?) que contiene documentación que parecería que normalmente se accede a ella en sus cursos. Todo ello con las mejores estrategias de marketing directo (sospecho que una forma de dificultar piratería, sospecho que una forma de dejar de vender libros para aprender a hacer guiones que deben estar fusilados por doquier). Hasta parecen meter en el saco al clásico Syd Field. Humo o realidad, lo que es interesante es cómo se busca por doquier el diseño de un engranaje que asocie al creador al visionado y a la financiación que altere los esquemas industriales clásicos. Dicen que en el 2013 se podrán ver películas en su nube… y ahora piden ¡300.000 dólares!. En mi mente se queda como más chiripitifláutico que bonito.