Ni siquiera Allen ha dicho que está de acuerdo o que vaya a hacerlo pero ya hay quien ha optado por buscar nueve millones de dólares para que en Jerusalén como lo ha hecho en Barcelona, Londres, París y Roma. Otros nueve hasta totalizar los dieciocho que sería un presupuesto típico del neurótico judío neoyorquino deberían ponerlo ricos hacendados. La historia la relata Los Angeles Times y me descubre, de paso, otra plataforma de financiación que asume otra forma de verticalidad: Jewcer, ocupada en financiar proyectos de/para la comunidad judía global. De hecho, la campaña arranca en Los Ángeles, capital del negocio del cine, un negocio controlado históricamente por multitud de personalidades judías. ¿Es importante? Puede serlo y mucho. Si un autor de esta talla acepta y es capaz de ser financiado en esas cantidades todo el mundo de lo que llamamos cultura cinematográfica se habrá puesto patas arriba. Por algo más: las motivaciones. Se quiere dar un imagen de Jerusalén diferente a la ciudad de los conflictos que – también – es. Comunidades de intereses buscando difundir un conjunto de relatos e ideas sobre sí mismos y financiados por voluntad de la gente. Comunidades – la judía en este caso – diseñando instrumentos de financiación comunitarios para fortalecerse. Son parte de las previsiones de la sociedad red. No me digan que no es emocionante. Van dieciséis mil dólares. Yo voy a aportar.