Explica Juan Varela que el diario digital catalán Vilaweb ha encontrado 1.800 personas comprometidas con su producto (es decir, que paguen) para mantenerse. En su día, El Cosmonauta pedía cuatrocientas personas que aportaran cien euros para seguir. Hace poco, Bárbara López se conformaba con dos mil que le dieran quince euros. Hicieron falta únicamente 701 para sobrefinanciar un disco de Jero Romero. El mítico Héctor Milla, cuando el vídeo online era más imaginativo que ahora pero con menos capacidad de generar ingresos, abrazó y masticó el concepto para el desaparecido Balzac. Se debe a Kevin Kelly la idea de que para sobrevivir en la red a un creador le basta con reunir mil fans verdaderos. Definamos “fan verdadero”: alguien que te compra cualquier cosa que hagas y todas las cosas que eres capaz de hacer. Y, ese, por ejemplo, es el seguidor de un grupo que recorre cualquier distancia para ver una actuación en directo. Cualquier ejercicio matemático da una visión del poder de estas cifras pequeñas bien convertidas: dos mil personas que al año te den veinte euros, se convierten en cuarenta mil euros. Hay costes, claro, pero mucha gente no gana ni la mitad de eso. Otros dirán que se trata de algo tan viejo como vender. Sí, claro, pero recordemos la capacidad de la red para reunir gente con intereses comunes en lugares dispersos, que es lo novedoso. Con la financiación colectiva creciendo, revisar este ya viejo pensamiento (¡2008!) considero que se vuelve interesante. Porque nos ayuda a fijar objetivos realistas que permiten sentar una base para crecer. Y porque nos ayudan a comprender el valor de una comunidad comprometida. Esto último es lo complicado, generar los mil fans verdaderos, que son muchos menos de los que te leen y, simplemente, siguen. Un trabajo de tesón y esfuerzo, de exigencia de credibilidad y que contiene muchos de los valores sobre las relaciones consumidor proveedor que preveía el sustrato intelectual de lo que luego se llamó dos-punto-cero. Y que muestra el poder del valor de lo que llamamos medios sociales en manos de los creadores.