No lo he hecho porque Telecinco presuntamente haga o sea telebasura, ni porque deba retirar una querella porque sí (nadie es nadie para decirle a nadie cómo tiene que defenderse si cree que las leyes se han violado), ni siquiera porque en el origen de la cuestión yo compartiera la argumentación de la protesta (más bien no). Lo he hecho porque la única lectura coherente es que se trata de una venganza por un fracaso comercial y de relaciones públicas (Mediaset asegura que no lo es). Fracaso y venganza que busca un escarmiento y hasta la ruina a quien cuestiona los márgenes de actuación de una organización poseedora de un poder de mercado abrumador, una posición privilegiada fruto de una licencia otorgada por un gobierno y que le conduce a abusar de su posición: boicotear pidiendo a los demás que no consuman tu producto forma parte del juego que permite tener una mínima higiene de mercado donde, en realidad, no hay mercado, sino un oligopolio muy cuestionable. Es esa posición anómala la que permite gastar el dinero de sus accionistas e ignorar el sentimiento de parte de sus espectadores resucitando una cuestión por la que se llegó a pedir perdón en público. La expresión matonismo legal, me parece adecuada al venir de organizaciones donde el riesgo de quiebra fruto de su privilegio regulatorio es verdaderamente una quimera. Es justo que el lector sepa que como, hablo y me río con Pablo de vez en cuando y que estar en su círculo de amistades puede que invalide mi juicio y mi opinión, pero eso queda en la consideración de quien pase por aquí.