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Kickstarter y las plataformas de crowdfunding vistas como comercio electrónico

El pequeño webshow que realiza Kickstarter para resumir su año 2012 – en el que celebra su ¡tercer! aniversario – es extraordinariamente ilustrativo a la par que emocionante. El fenómeno del crowdfunding sigue siendo observado como una mezcla de esperanza transformadora del mundo y un desengaño ante la realidad de que (vaya, como siempre fue) muchos son los llamados y pocos los elegidos. Es mirado con desconfianza por las estructuras convencionales porque, por un lado, no encaja al poder y el conservadurismo de los establecidos y, por otro, asoma maneras: el diez por ciento de todo lo que ha ido a Sundance tenía algo de Kickstarter, según ellos mismos. Para muchos, es símbolo de precariedad. Sea lo que sea, un servidor ve dos cosas subyacentes: el crowdfunding es una forma de preventa y Kickstarter y sus homónimos son marketplaces. En el internet olvidado de los noventa surgió el furor por crear estas figuras para unir compradores y vendedores por todas partes, abarcando desde negocios B2B a B2C, con compañías que desarrollaban plataformas de software para hacer estos mercados muchas veces basados en la subasta y que muchas han quedado en usos algo obsoletos o marginales. Eran los tiempos en que se hablaban de una especie de nueva economía en el que la ausencia de fricción de la red crearía escenarios parecidos a los del sueño teórico de la competencia perfecta. Miremos ahora espacios como E-Bay o Mercado Libre y comparémoslo con Kickstarter: ¿qué tienen de diferente aparte de que el segundo tiene glamour? Sólo una: en los primeros se vende lo que ya tienes, en los segundos lo que tendrás. Y, sí, tiene connotaciones diferentes pero me parece que no se puede negar que lo que se hace es crear mercados con nuevos intermediarios pero que sacan adelante ideas y productos que son puro I+D y que encuentran una excelente forma de repartir los riesgos de forma mucho más aceptable que en el mundo tradicional o al alcance de más gente que lo normal. De modo subsiguiente, es probable que imponga una ética fuerte en los usuarios: creo que está por aparecer la primera pequeña o gran estafa (llegará, la humanidad tiene esas cosas) pero, como sucedía en esa mística más primigenia de la red, se emplearán mecanismos de valoración de la confianza para defender y respaldar la reputación de quien vende: miren los ratios que califican a los vendendores en la plataforma de Amazon y en E-Bay y podemos pensar que la generalización de estos mecanismos terminará por llegar y que, después de todo, no se hace nada nuevo: comercio electrónico. O comercio a secas.

La venta de Current TV simboliza el fin de una época

Current TV era el gran experimento de lo que se llamó y ya nadie llama televisión dos-punto-cero, era la eclosión del contenido generado por el usuario en días en los que YouTube era sólo el sueño de unos amigos. Cuando no existía Twitter ni Facebook, cuando no usábamos la expresión redes sociales para cualquier cosa que permitiera participar, cuando nadie hablaba de televisión social, a unos tipos se les ocurrió que se podía construir un canal de noticas con aportaciones del público. Tenía web para ver los vídeos y su versión lineal en cable. Se llegaba a dar materiales a los seguidores (hoy, fans) para que hicieran el anuncio del patrocinador. En fin, se experimentaba todo. Era una forma de contribuir más a lo blogger y videoblogger que la cansina muestra de likes, retuiteos y meneos en que se ha convertido la jungla de lo social, tan pretendidamente liberadora. No pasa nada porque se venda, nunca dió dinero, siempre se quedó en un experimento interesante. Ahora no hay televisión que no tenga un hashtag o que no tenga una web potente ni nadie que no busque fans. Todo eso estaba ahí, con esos y otros pioneros. Así lo ha visto el precursor de Current TV en Forbes. Pero, en general, se ha desatado una mirada mucho más política de esta venta: desde críticas conservadoras a la  presunta doble moral de Al Gore (fundador y presidente) y al hecho de que Al Jazeera, sea una cadena mal vista desde el punto de vista patriótico sea la compradora. De hecho, la lectura primaria de que Time Warner lo retire de su oferta de cable se ha visto como una consecuencia del cambio de propietario. Pero nada como el Pisuerga al pasar por Valladolid en pleno cuestionamiento del negocio del cable: hay demasiada oferta de canales que chupan del dinero de la subscripción para audiencias mínimas en nichos en los que ya se busca… en el modelo no lineal de internet. Aparecen noticias de Sony queriendo jugar a esa guerra. La mutación progresiva del negocio convencional lineal al consumo bajo demanda y la especialización era lo que se insinuaba y esperaba en los sueños más húmedos del entusiasmo digital y techie cuando Current TV nació. Audiovisual, propaganda y negocio siempre mezclados.

Ludismo cinematográfico

A los más o menos rebeldes y libertarios comentaristas sobre internet nos gusta insultar referirnos a ministros, entidades de gestión de derechos, cineastas con opiniones y todo tipo de críticos a la superesión del canon, nuevas formas de propiedad intelectual, partidarios de controles y leyes que restrinjan el uso y acceso a la web etcétera, etcétera, como luditas. De modo resumido, los luditas son aquéllos que se oponen al cambio tecnológico porque destruye su forma de vida y de hacer negocios. Xavier Sala i Martín recuerda esta idea arrojadiza en uno de los vídeos que publica en La Vanguardia sobre economía. Lo más interesante no es el recuerdo de los enemigos del cambio tecnológico, son otras dos cosas: su explicación de que este fenómeno sucede siempre que tenemos tecnologías que sustituyen a las anteriores y, en segundo lugar, la enunciación de las estrategias para intentar evitarlo. Básicamente se refiere a que siempre recurren al gobierno para pedir medidas que impidan que quien lo hace mejor que tu no pueda ganar dinero. El llamado robo, calificatitivo que se emplea frecuentemente por el uso que hace la gente de los bits, lo es por leyes que, precisamente, contribuyeron a escribir y que no dudan en presionar para reescribir constantemente. Ahora echen una mirada a los textos y posicionamiento de Mesientodecine y traten de ponerle un adjetivo. En una lista de correo en la que comento con otras personas sobre la evolución del lenguaje audiovisual, alguien decía que al ver el panorama de lo que fueron los proyectos web de vídeo del año 2007 y donde estamos hoy resultaría que seguimos en el 2007. No, no lo estamos, el mundo se ha transformado, pero muchas veces no lo parece. En cambio, sí parece que esta reflexión que hago ya se daba en el 2007 y antes del 2007. Microsoft lleva décadas protestando por la piratería y ahí está. Y sigue habiendo música aunque casi no haya tiendas de discos y su muerte fuera anunciada varias veces.

Por qué el éxito de “Carmina o Revienta” no es excepcional

Una de los comentarios más recurrentes que se producen alrededor del éxito de Paco León con su película de bajo coste y distribución sin barreras es el de que es excepcional y, por tanto, no repetible. En síntesis, una casualidad, una rareza, una carambola del destino. Se suele añadir que sin ser Paco León un actor famoso, todo hubiera sido imposible. Yo creo que esta mirada es un punto de vista erróneo, no porque sea inexacto, sino porque no tiene en cuenta el modelo tradicional, el contexto y las oportunidades de los nuevos tiempos. Diré por qué.

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Una mirada rápida a Mesientodecine.com

Es una cuestión de márketing: ¿el atributo legal repetido una y otra vez en toda la comunicación es algo que le importa al cliente o le importa a los promotores?. Una cuestión observadora: ¿Por qué quienes quieren convencer al público para que se informe en un sitio y no en otro no son capaces de movilizar más que a los mismos personajes que no van a tener atractivo al público que debiera cambiar de hábito?. Tanta gente en el mismo saco y con tanto aroma a subvención tiene sensaciones de caso Libranda. En Wuaki, que piensa bastante en el cliente, decían no hace tanto que su negocio no se basaba en competir contra las páginas de descargas. Juzguen ustedes.

Feliz aniversario, “porno en Netflix”

Un año más tarde, la búsqueda más popular de este blog, la que se mantiene cada día y cada semana suceda lo que suceda en lo más alto del registro de visitas, siguen siendo las múltiples combinaciones de palabras referidas a la existencia de porno en Netflix. Siempre he tenido la curiosidad de determinar si lo había, especialmente en la sección latinoamericana del videoclub online por antonomasia. Dado que en Estados Unidos sigue alquilando DVD físico no es fácil de rastrear si tienen una oferta generalmente tan atractiva peléandose con los filtros de geolocalizacón. Le he dedicado un ratito a las averiguaciones pertinentes y el gran hallazgo consiste en que alguien creó un buscador para encontrar el material pornográfico en el site, puntuarlo y todas esas cosas tan divertidas. Las malas noticias es que el concepto de porno que se localiza es más bien aquello que se calificaría como subido de tono, atrevido y escabroso. Es decir, poco que ver con lo que se suele esperar de un Garganta Profunda aunque el documental sobre la historia de este clásico sí forma parte del catálogo. Señores paracaidistas: ya pueden terminar su búsqueda. Hasta el año que viene.

Qué es el audiovisual integrado. Multineal. Transmediático. Nuevo.

¿Cómo generar un marco de pensamiento disruptivo (o radical) ahora que, por ejemplo, dicen en el cine que buscan nuevos modelos de negocio? Entendiendo el contexto a pesar de que te obliga a salir de tu zona de comfort y precisamente por ello. No fui capaz de redactar de modo concreto y resolutivo algo para definir o encuadrar lo que llamé nueva industria audiovisual, que ya ni siquiera es nueva. Pero Felipe G. Gil en la lista de correo de Embed lo ha hecho:

‟Nuestro contexto es el audiovisual integrado y su relación con la cultura abierta. Por audiovisual integrado, entendemos el audiovisual contemporáneo, audiovisual en red, audiovisual embebebido, reenviable, remezcable o remezclado, que entiende el cambio de paradigma, que propone nuevos caminos, en lo narrativo, en lo social, en lo cultural o en lo económico, rodeado de textos, enlaces, que juega con plataformas y soportes, multi-lineal (nos prometimos no decir Transmedia…mierda! ya lo hemos dicho), etc. Con respecto a cultura abierta… sabemos que existen debates entre cultura abierta/cultura libre. De momento optamos por abierta por ser más inclusivo con respecto a determinados sectores no habituados a estas nomenclaturas. Al audiovisual le queda mucho que aprender de otros contextos de la sociedad, la cultura o la educación que sí han entendido el cambio de paradigma con mucha más rapidez y humildad. Eso no quiere decir que si “The Wire” es Copyright no nos interese (por favor…) Pero si @thewirefan decide compartir el código de una web en HTML5 que genera un mapa con todos los experimentos parecidos a Hamsterdam al estilo “The Wire” que hay en el mundo, probablemente nos interese esa relación, ese punto de conexión, más que la obra original. Para analizar The Wire como obra audiovisual monocanal ya hay otros medios que tienen muchos más recursos y a críticos sesudos entrenados para ello.”

Cómo se ha transformado la televisión en una sola nota de prensa

Hace dos días, Paco Asensi, director de desarrollo de negocio digital de RTVE, aseguraba en una mesa redonda en el curso “Televisión social, transmedia y nuevas narrativas audiovisuales” que organiza Unidad Editorial que “RTVE se define como una empresa transmedia”. Y tenía que ver por cómo están concibiendo sus productos y trabajo. Ya no es sólo televisión, parece ser. Ayer, Mediaset enviaba una nota de prensa con este título: “TRES “MARCAS” MEDIASET ESPAÑA, MITELE, “GRANHERMANO 12+1” Y “LO IMPOSIBLE”, ENTRE LOS 5 TÉRMINOS MÁS BUSCADOS EN ESPAÑA EN GOOGLE”. Frótense los ojos y piensen un segundo: ¿una empresa de televisión presumiendo de posicionamiento en buscadores? Si tiene que hacerlo, por algo será. Es de conocimiento público el hecho de que la inversión publicitaria en internet sube y sube y que el tiempo de atención en la web es enorme y que el usuario (antes conocido como espectador) tiene los medios para ver su programación cuando quiera y donde quiera y, lo que antes se decía que era peor, lo hace. Teníamos más síntomas de que la televisión había cambiado en cuatro líneas (y, el cine, en un banner). Ahora yo creo que, vistas las dos citas de hoy, ha cambiado defintivamente y parece que no nos hemos dado cuenta.

Zattoo se relanza en España

Un clásico de los años primerizos del vídeo online, fue (nunca se fue, pero estaba dormido) Zattoo. Publiqué mucho en su día sobre ellos. Acabo de recibir una nota de prensa en la que anuncia recobra su actividad comercial en España. Mantienen oferta grauita y premium, ahora insisten en tablets y anuncian que van a por aplicaciones para Smart TV.

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¿Cuán grave es realmente la crisis de la cultura?

Tropiezo con un artículo de El Mundo titulado “Cultura en Extinción”. En él se dan unas cifras terribles de caídas de espectadores y facturaciones. Por ejemplo: caída del 8,7% de venta de entradas en teatro, música y danza. Caída del 9% de espectadores de cine. Y tropecientos mil datos de salas que tienen que cerrar y otras desgracias. Todos estos datos me parecen fuera de contexto si no se contempla el resto del entorno. Sólo con búsquedas rápidas de noticias se puede encontrar que la caída de ventas de coches es del 18% en 2011 y que en el 2012 la cosa ha empeorado en toda Europa. Los coches tienen ayudas públicas, pero intermitentes y con finalidades normalmente muy concretas y temporalmente acotadas, como renovación de los vehículos más viejos. En otro apunte, se nos dice que las ventas de comercio minorista se han hundido un 11%. Esperar a final de año para ver qué ha pasado con el IVA y el cine creo que va a ser un espectáculo menos terrorífico que lo anunciado, pero mejor esperar y ver. A fin de cuentas, todo esto no son más que artículos periodísticos y hay que tomarlos con pinzas hasta no meterse a fondo con los datos (que me perdonen mis amigos periodistas). Pero, a priori, parecería que lo de la cultura no está peor que todo lo demás y que en ese ejercicio que tiene la economía (el uso de recursos escasos con fines alternartivos) es imposible que no se vea afectada ni por reducción de demanda (se supone que los parados ven más tele pero irán menos al teatro o a conciertos) ni por escasez de recursos públicos… cuando es el sector público un financiador decisivo de todas las actividades a las que calificamos de cultura. Me van a caer palos por todas partes.

¿Un nuevo modelo de negocio para el cine? (español)

En el enésimo proceso de reforma de la legislación de cine española parece ser que se ha decidido crear una gran comisión junto a varias subcomisiones. El clásico suele decir que un camello es un caballo diseñado por un comité, pero siempre hay que dar crédito a los intentos de mejorar las cosas, momentos repletos de buenas intenciones. De las descripciones de los trabajos parece que se discutirá sobre “los nuevos modelos de negocio”. El contexto de declaraciones, debe decirse, es el más interesante desde hace lustros: incentivos fiscales, mecenazgo, menos dependencia de la subvención directa y lo que parece que será más paz con las televisiones. En este mundo feliz se insinúa que se desea un modelo estable y duradero para el futuro, lo que también suena excelente. Un servidor, no obstante, se plantea una serie de dudas más que nada por lo que conoce del ambiente y entornos que rodean a los negociadores. En estos tiempos acelerados de cambio – toma tópico – lo de duradero y estable es muy relativo. La ausencia proverbial de pensamiento radical (o disruptivo, que suena mejor) me hace apostar porque existirá una timidez absoluta en buscar espacios fronterizos de ruptura con el pasado: no se trata de cargarse todo, sino de abrir un espacio a lo raro, a lo desconocido, aunque sólo sea por probar. Por ejemplo, si un Ari Emmanuel encuentra oportunidades en el crowdfunding, o si productoras que trabajan para TNT o NBC llegan a sofisticados acuerdos de crowdfunding para el segmento profesional, algo deberían decir los del cine al respecto. Mucho más si lo que más haces son modelos de autor y no de superproducción. Y mucho más cuando ves que Google ya paga contenido original. Recuerden ahora que los editores españoles hicieron Libranda cuando Amazon se les había metido hasta las narices y que el estándar internacional sobre financiación colectiva está a punto de caer en manos americanas. Otro más en el ámbito digital. Lo segundo sería reflexionar sobre el producto audiviosual convergente y no la sacrosanta superioridad cultural de la exhibición en salas: “Internet es ahora el amigo del cineasta independiente. Puede que sea más difícil encontrar audiencia para tu trabajo, pero las cosas que son relevantes hoy día o que son consideradas “cool” encontrarán audiencia” decía David Lynch hace pocos días. Lo de nuevo no puede quedarse en trasladar la película de siempre del videoclub físico a uno online (hacer lo mismo por otros medios), ni en cómo sumarle audiencia para cobrar incentivos o en inventarse nuevas odiseas legales contra los Kit Dotcom de este mundo. Deberá tener la ambición de contemplar la evolución de la cultura audiovisual. Porque para el sistema clásico, desde la francesa The Artist a Lo Imposible (coaliciones internacionales de talento y/o financiación) parece mucho más interesante centrarse en cómo hacer películas globales renunciando a etiquetas culturales como “cine español” para cambiarlo por hacer entretenimiento internacional por parte de empresarios locales. Y dejar la sobreabundancia de películas pequeñas para otros escenarios técnicos y experimentales.

Releyendo a Kim Dotcom

El juego habitual de seguir la lectura de enlaces me devuelve a la ya famosa carta que Kim Dotcom remitió a Hollywood. Al releerla no me canso de pensar no sólo en lo sutilmente prepotente que es, sino en la extremada inteligencia del tipo que está detrás de esto. Lo haya escrito él o no. ¿Recuerdan a Ruiz Mateos cuando era un héroe popular vestido de superman y golpeando los rostros del establishment cual nuevo Robin Hood? Consiguió que nadie le olvidara presionando a jueces y gobiernos y se ganó la simpatía popular. Una vez ganó su causa, desapareció su fantochismo y se fue, como era de esperar, a hacer negocios como los hizo toda la vida: con oscuridad y desprecio a las normas. Dotcom ha creado vídeos, fotografías y grandes frases que escupe desde twitter a diario. Emplea extraordinarios argumentos en defensa de la protección del acceso a los datos personales, a la encriptación, diseña un esquema para el nuevo Mega con demoledoras características distribuidas y es capaz de poner en evidencia cualquiera de los casi siempre peligrosos argumentos (y peligrosas mentiras) del lobby de la propiedad intelectual y el gobierno que mejor le representa. Además del fracaso jurídico en que se está convirtiendo su persecución, conviene recordar que en un hábil ejercicio de framing fue televisada su redada junto a una presentación denigratoria que toda la independiente, profesional y justísima prensa, radio y televisión del Movimiento se tragó: la de un riquísimo gordo (¿está prohibido ser gordo?) de vida extravagante (y, por tanto, moralmente condenable) con un uso obsceno de su dinero (¿puede cada uno hacer con su dinero lo que quiere?) que robaba a los pobrecitos autores. Hoy sabemos que va a poder demandar a su gobierno por su detención y el registro de su casa, una historia de abuso – ésta sí – que por supuesto no interesa en ninguna primera página, sólo en los canales de los friquis libertarios. No es nuevo este desequilibrio de argumentos (pasa de toda la vida) pero parece que es el signo de los tiempos que no se pueda parar el relato alternativo. Kim Dotcom puede ser un Robin Hood real o un hábil tratante de mercancías robadas, pero eso seguramente dará igual si el resultado es un almacenamiento encriptado y ubicuo en la red. Yo sigo teniendo acceso a Pirate Bay y no he podido ver la quinta temporada de Californication más que allí.

¿Volverá la publicidad a RTVE?

Podría decirse que la cuestión no ha dejado de estar de una forma u otra en las conversaciones, debates y propuestas de lobby de muchos desde que desapareció. El chau-chau de medios online insiste en estos últimos días en hablar de la cuestión en medio de dos realidades: la caída de audiencia y las dificultades económicas que podrán acelerarse si en la UE consideran que la tasa impuesta a las telecos para financiar RTVE no es legal. Lo primero tiene que ver con el dinero disponible, pero no sólo con el dinero: el entorno se hace más complejo cada mes. Lo segundo puede que sea legal, pero no parece muy moral visto desde el punto de vista de no distorsionar la competencia y el mercado. Pero la pregunta pertinente es: ¿servirá de algo?. La presión social y política crea formulaciones como que baja audiencia es igual a fracaso: nadie sabe decir si el servicio público es necesariamente algo de mucha audiencia. En el enorme entorno fragmentado de hoy, subir audiencia es competir con los medios privados por cosas que ya hacen y que no hay que financiar. Si la publicidad vuelve, la presión a los directivos para competir por más espectadores y arañar más dinero para sus intereses (daremos hoy por bueno el valor de la tecnoestructura de Galbraith) hará más evidente la falta de diferencia con lo privado, acelerando el descrédito público de RTVE, por no hablar de la dura campaña que emprenderá UTECA. Y volveremos al mismo conflicto. Por el camino, nadie es capaz de reformular los objetivos del ente para encontrar espacios de no-mercado donde podrían ser de utilidad. Mientras, la batalla por el español global, se juega en otro sitio.

Por qué he firmado la petición en favor de Pablo Herreros

No lo he hecho porque Telecinco presuntamente haga o sea telebasura, ni porque deba retirar una querella porque sí (nadie es nadie para decirle a nadie cómo tiene que defenderse si cree que las leyes se han violado), ni siquiera porque en el origen de la cuestión yo compartiera la argumentación de la protesta (más bien no). Lo he hecho porque la única lectura coherente es que se trata de una venganza por un fracaso comercial y de relaciones públicas (Mediaset asegura que no lo es). Fracaso y venganza que busca un escarmiento y hasta la ruina a quien cuestiona los márgenes de actuación de una organización poseedora de un poder de mercado abrumador, una posición privilegiada fruto de una licencia otorgada por un gobierno y que le conduce a abusar de su posición: boicotear pidiendo a los demás que no consuman tu producto forma parte del juego que permite tener una mínima higiene de mercado donde, en realidad, no hay mercado, sino un oligopolio muy cuestionable. Es esa posición anómala la que permite gastar el dinero de sus accionistas e ignorar el sentimiento de parte de sus espectadores resucitando una cuestión por la que se llegó a pedir perdón en público. La expresión matonismo legal, me parece adecuada al venir de organizaciones donde el riesgo de quiebra fruto de su privilegio regulatorio es verdaderamente una quimera. Es justo que el lector sepa que como, hablo y me río con Pablo de vez en cuando y que estar en su círculo de amistades puede que invalide mi juicio y mi opinión, pero eso queda en la consideración de quien pase por aquí.

Wuaki en las marquesinas

Recorriendo las calles de Madrid estos días me he encontrado marquesinas con publicidad de Wuaki. Me ha encantado. Porque, si la memoria no me falla, es la primera vez que un servicio de vídeo online es capaz de entrar a luchar por el público de masas generándose marca. Suelo contar como Hulu se apoyó en spots de televisión insertados en las emisiones de las propias compañías propietarias del agregador y lo difícil que ha sido en España para los pioneros del vídeo online entrar en la lista corta de la mente del consumidor promedio. Nunca tuvieron dinero para darse a conocer en condiciones. Repasando mis feeds, veo que lo han explicado en su blog: Madrid, Barcelona, vallas…

¿Sigue haciendo falta la BBC?

El canadiense Mathew Ingram, uno de los bloggers estrella de Giga Om, se hace una pregunta que resulta algo extraña en un escritor de la otra orilla: ¿De verdad seguimos necesitando instituciones financiadas por el estado como  BBC? . Supongo que dos intereses concurren para que un autor canadiense en un medio norteamericano se haga una pregunta editorial como esta: que la Reina Isabel de los británicos lo es también de los canadienses y que en Canadá existe un organismo similar. ¿El argumento es la sucesión de escándalos sexuales y de otro tipo que este año le tocan al operador británico? El argumento es otro y que reluce ante la pérdida de prestigio de la institución: si, especialmente en tiempos de crisis, es aceptable el estado como competidor en las noticias frente a multitud de medios privados que tienen que luchar para sobrevivir. Viene a sugerir que si el estado quiere apoyar cierto tipo de periodismo haría mejor en financiar organizaciones sin ánimo de lucro privadas.

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Colectas, cuestaciones y crowdfunding

La recaudación de una familia que desea operar a su hija en Estados Unidos de una enfermedad y circunstancia que no nos interesan aquí ahora, es denominada por el medio que difunde el reportaje como colecta y cuestación. Sin embargo, en otro medio que refiere una colecta para publicar un libro cuyos beneficios irán destinados a una organización sin ánimo de lucro, se le denomina crowdfunding. Inevitablemente, cuando elegimos en castellano las palabras correctas, tienen un sesgo no esperado: caridad. Aunque el libro destine el dinero que sobrepase los costes de publicar a lo que antes nadie hubiera dudado en llamar caridad, es mucho más atractivo, sobre todo si es cultura, ponerle un nombre acorde con los tiempos. Yo tenía una edición del María Moliner donde líder se definía como mandatario extranjero, lo que me llevaba a pensar que en nuestra cultura no había términos para el tipo de gobierno/seducción de las personas que implicara ausencia de autoritarismo o imposición.  Y por eso, supongo, hoy decimos liderazgo. Pero los misterios de las palabras quien los conoce realmente bien es Asunción Álvarez, mejor dejárselo a ella (uno piensa que el uso generalizado de conceptos sin traducción genera un empobrecimiento de reflexión y la incomprensión de lo que realmente quieren decir, como sucede con el famoso engagement). De la comparativa entre las dos acciones, me interesan una serie de elementos que en cierta forma ya he comentado otras veces. Una, no suele hacer falta demasiada gente para financiar cosas con poco mercado o directamente sin mercado (que es la madre del cordero de la creación cultural): en la web de crowdfunding donde el libro citado se financia pueden verse el reducido número de donantes. Los más de cien mil euros del caso de la niña enferma, si se pone en perspectiva, no es tanto. Dos, sigue haciendo falta un esfuerzo para disociar caridad de la cooperación en red de cualquier elemento con mercado o sin él que los particulares quieran poner en marcha y que se base en aportaciones económicas. Para terminar, una posdata para arrimar el ascua a mi sardina: a pesar de no tener incentivo económico o tenerlo muy reducido (véanse las recaudaciones de Libros.org), la gente sigue creando y completando las cuestaciones. No, la cultura no se muere.

 

Transformación digital

Este es un post para lectores del feed y subscriptores por email. He iniciado un proyecto nuevo en Transformación Digital, un blog que pretende ampliar los temas aquí tratados hacia todo el entorno de la digitalización en las empresas, medios y redes sociales. Tiene su explicación, también puede recibirse vía RSS y en el email y será un placer continuar conversaciones allá. Por si existen dudas, este blog no se cierra. Pero estoy en un proceso de reforma de toda mi presencia online y se verán, espero que pronto, algunas modificaciones. Siempre agradecido a quienes se toman la molestia de prestar atención.

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La idea de las corporaciones como medios sigue adquiriendo impulso

Iván Fanego que es, como dice el clásico, compañero y sin embargo amigo, me dedica una entrada alrededor una idea presentada por Edelman: la necesidad de que eso que llamamos genéricamente las marcas hagan contenidos de calidad en un flujo continuo como si fueran medios convencionales ya que Facebook, por ejemplo, no basta (percepción que se extiende ). Iván recuerda acertadamente que la idea de que todas las compañías son compañías de medios ya pertenecía al lejano comienzo de lo que se entiende como dos-punto-cero (siento la muerte de otro gatito): el proceso de desintermediación de los medios es intenso y se acrecienta, y la reducción de los costes de grabar, tratar y reproducir vídeo facilitan el proceso de audiovisualización del mundo. Adicionalmente, publicistas y productores ven en el auge del branded content una vía de cambio y de futuro hacia la financiación de los contenidos y otra publicidad. Llevado a las estructuras sociales, relaciones de poder y cambios en los mercados, démonos cuenta de cómo cuando el Banco Sabadell crea sus Conversaciones sobre el Futuro, recurre primero a los medios pagados para conducirnos a su espacio en propiedad donde visualizamos el contenido íntegro. En lo que pocos reparan, es que los titulares de licencias de televisión también recurren a medios pagados (prensa, radio, internet) para atraer al público a sus contenidos, en lo que parece ser una prueba más de los procesos de convergencia: todo el mundo es de todo. Podemos llegar incluso a plantearnos si la pertinencia de las licencias es una ventaja injusta en un mercado donde todo el mundo puede y hace de todo: las razones tecnológicas parecen superadas.

Pagar a Google no salvará periódicos

The Economist explica en un artículo de esta semana tanto la polémica sobre si Google debe pagar por indexar noticias como el número de acciones emprendidas para que lo haga. Primera cuestión interesante, es que lo califica como lo que es: una nueva extensión del copyright. La segunda es que, aunque los periódicos cobraran por ello, el dinero recibido no bastaría para recuperar las caídas de ingresos debidas a la digitalización. Y la tercera y casi más importante, es que no duda en describir este movimiento no como un problema de derechos, sino como el problema de la decadencia de los medios tradicionales. Una y otra vez las evidencias de que el sistema legal de protección de obras e invenciones se configura ante todo como un sistema para impedir la competencia y no en un incentivo para crear o inventar moran por doquier. En la cuestión de las patentes la obscenidad se está volviendo truculenta: uno, dos y tres ejemplos de esta semana.

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Confusión transmedia

Me dice Eduardo Prádanos que me esperan como agua de mayo el próximo martes en Unidad Editorial. Me pidió que diera una sesión de su curso “Experto en Televisión Social, Acciones Transmedia y nuevas formas narrativas” y ya está pasando lo que suele suceder: la expresión transmedia genera una doble metadimensión (léase confusión) en las mentes de todos nosotros. La primera, lleva a que la palabra se convierta en una especie de aura que rodea el futuro o, al menos, nuestros mejores deseos de hacer algo con el futuro. Y que alguien te pague la historia. La segunda es que no se encuentra el botón que confirma que esto que veo/leo/oigo/hago es transmedia y que esto otro no lo es. Así que a eso dedicaré el asunto que, por otro lado, está brillantemente explicado en esta cita que tomo de un blog americano: «Transmedia es una técnica narrativa que se desarrolla a través de varias plataformas de modo adecuado a cada plataforma. El contenido se extiende simultáneamente por varios medios. No se trata únicamente de medios digitales, sino de una combinación de varios canales tradicionales o una combinación de ambos, como en el entorno radio, televisión, web, móviles, etc.». ¿La clave?: “técnica narrativa”.

De la lluvia a la televisión pública

En el diario El País una serie de personas se muestran muy indignadas por el hecho de que, a partir de ahora, se cobrará por el uso de los datos de la Agencia Española de Metereología. Como es imposible ser verdaderamente objetivo, la tonalidad del artículo – aún en su sobriedad – hace pensar que para el redactor estas personas están cargadas de razón. Los hechos reales no son la cuestión (lo mismo las cosas no son como se cuentan), lo que es interesante en este caso son dos argumentos que aparecen en ese contexto como prácticamente incuestionables. Por un lado, un entrevistado dice: «Resulta indignante e inaceptable que unos datos que posee un organismo oficial no estén disponibles para la sociedad, que los ha costeado con sus impuestos». Por otro, el redactor asegura que se tendrá que pagar «incluso por datos históricos conseguidos con dinero público». ¿Alguien ha visto plantearse alguna vez que lo que las televisiones públicas producen con dinero público se reclame como patrimonio común? Nótese que lleva cerrado décadas y lo que supone de diferencia de punto de vista: cuando te quitan los datos de la información pagada con dinero público nos parece que adquiere tintes escandalosos, pero no lo hemos hecho con las horas de producción pagadas para, presuntamente, el bien común. Lo que nos lleva a recordar que existen muchas prerrogativas y compras públicas de producciones cinematográficas que lo son con dinero de todos y lo mismo cabe exigir entonces ciertas relajaciones sobre la propiedad. Enumerado este argumento siempre hay alguien que dirá que “no es lo mismo”, pero uno cree que la reflexión sobre posibilidades y límites de propiedad cuando se alega un beneficio para el público merece la pena en un mundo donde ya todo son datos: un fotograma son bits.

¿El mecenazgo es posible? (continuación)

Una de las leyes más esperadas y que no llegan nunca es la relacionada con el mecenazgo: digamos que el sentimiento de quiénes tienen interés en ello se inclina por pensar que la hacienda española no va a fomentar ahora reducciones de impuestos por esta vía y seguramente ninguna otra. Hoy aparece publicada una encuesta que sostiene que el 37% de los españoles estarían dispuestos a rascarse el bolsillo y donar a la ciencia. Para el diario que lo publica la visión es pesimista: sólo el 37. A mi me parece un montón de gente. Pero la encuesta dice que hay otro veinte que no lo haría por falta de posibilidades, lo que vendría a decir que puede haber una cantidad que sí pudieran afrontar y tendríamos muchos más. Después podría resultar que esto es como los documentales: que si preguntas qué es lo que más se ve no hay fulano que no se muestre culto, pero si consultas las audiencias reales (o las mediciones de ellas que se presetan como reales) nadie los ve. Hace casi un año, no obstante, Josep Baselga anunciaba en la prensa que sería el mecenazgo lo que salvaría la ciencia en esto que se conoce como España. Si ponemos la palabra donación con fenómenos propios de la sociedad red (es decir, cooperación en redes, cocreación de contenidos y proyectos) pareciera que el destino se confabula para dignificar e institucionalizar los mecanimos legales y técnicos para hacer de la donación masiva en todo tipo de cantidades una nueva forma de mercado con entidad como para desenvolverse en él. La propia constatación de que el estado no puede con todo (y uno cree que eso va más allá de lo que pase con esta crisis madre de todas las crisis) y de que los sistemas de financiación clásicos no pueden llegar a multitud de actividades por sus propias exigencias, debiera hacer el resto.

 

Quedan dos años para saber si se cumple la profecía de Aute

Era el uno de diciembre de 2009. Perdonarán que me tome la licencia de no esperar al primero de diciembre para dar por hecho que han pasado tres años y sólo quedan dos. Haciendo un poco de arqueología de enlaces compartidos en el pasado, me reaparece la crónica periodística de una de esas un tanto patéticas manifestaciones de músicos famosos sobre sus atroces pérdidas en el mundo digital. En ese mes de diciembre de 2009, Luis Eduardo Aute debió declarar lo que sigue: «En cinco años esto desaparece. No habrá ni canciones ni música». Ozú. De modo más sangrante, en ese mismo episodio de protesta, el mito del rocanrol celtibérico conocido como Loquillo se mostraba también pesimista: «Ya vamos tarde». Qué curioso es el mundo, o qué cabronas son las hemortecas que diría José Miguel Guardia, porque el mismo Loquillo en su propia web y en el mes de septiembre recién terminado anunciaba un nuevo y seguramente fascinante disco: con temas de Sabino Méndez es mucho más fácil ser bueno o aparentarlo, pero lo que está claro es que de momento sigue habiendo canciones y música. Nos (re)leemos el año que viene.

Mientras Disney ensaya la impresión 3D, aparecen DRM’s y pistolas

Gracias a Michel Godin, doy con una cadena de enlaces de lo más interesante: Disney tiene en sus laboratorios la producción de juguetes con técnicas de impresión digital en 3D. Ojo, nada se dice que sea para que lo impriman los nenes, sino que emplean la tecnología de impresión 3D para realizar los muñequitos. Bien, supuesto que salga adelante, será cuestión de esperar el hack que permita imprimirlos en otras máquinas sin permiso y las consiguientes evoluciones creativas del modelo realizadas por la gente: de esa perspectiva ya hemos hablado como nuevo horizonte de la guerra sobre la propiedad del conocimiento y las ideas. En esa misma cadena, se encuentra ya la aparición de DRM’s para evitar el pirateo de figuras en tres dimensiones: a Cory Doctorow le da la risa. Pero la secuencia de enlaces no estaría completa sin la aparición de una nueva amenaza en forma de usos presuntamente inesperados de la tecnología: ¿Qué tal si se pueden imprimir pistolas en impresoras 3D? Ya ha ocurrido. Lo más interesante es que también ha ocurrido ya el típico episodio de acción/reacción sobre lo que la gente puede hacer con sus máquinas y su software: que el fabricante, agarrándose a su contrato de alquiler, se la ha retirado. Suceso que sirve para que Peter Frase construya un largo y excelente artículo en Jacobin sobre el futuro que nos espera: con los antecedentes de la música, ahora serán los diseñadores industriales los que pedirán protección de sus ideas al tiempo que se desmantela al fabricante como intermediario, todo ello unido a la propaganda sobre terribles amenazas sociales (las armas serían perfectas), como ya se ha hecho con la cuestión de la música y las películas: vincularlo a terrorismo, pederastia y cualquier otro mal para crear más espacios represivos. Uno sospecha que la convivencia de piratería y formalidad está aquí para quedarse, puesto que al final otorga cierta ventaja a quien tiene la capacidad de influir en la legislación y llevamos suficientes años de anuncios de un nuevo Armagedón como para perder la costumbre. Frase se pone pesimista y termina inspirándose en William Gibson para evolucionar una de sus citas clásicas: “En el futuro, anticipe que los cárteles del copyright y el estado de seguridad nacional se unan para anunciarnos una nueva: el futuro está aquí, pero a usted no le van a dejar formar parte de él”.

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Si el rey del talento global dice que el crowdfunding es una opción…

Ari Emanuel dice en Abu Dabi que probablemente el diez por ciento de las películas que van a Cannes y Sundance contienen formas de crowdsourcing. Añade que “no hay sitio” al que no vayan a acudir con tal de ayudar a sus clientes (directores, actores…) y que “dependiendo del presupuesto”, las nuevas formas de producción son una opción. Ese tamaño de presupuesto lo cifra en un millón de dólares que, en términos de industria americana no es realmente gran cosa, pero no deja de ser un millón de dólares. Por si acaso, dice que en su agencia están haciendo pruebas. Para un servidor es un elemento más de cómo los cambios de lo digital y la lógica de las redes transforma la forma de producir, y que eso debe ser lo inexorable. Por el camino, claro, muchas palabras sobre el robo del contenido y todas esas cosas: para el sector de libertarios peligrosos, lo uno va unido a lo otro, porque forman parte común de cómo funcionan las cosas. Para el mundo tradicional, se trata de elegir qué parte de la tecnología emergente vale y cuál no vale y limitar su uso. El espectáculo consiste en ver quién termina teniendo razón, palabra que resulta algo imperpecta pero que se entiende.

Gente que roba

Me encantan las citas que desbaratan las creencias asumidas. Por ejemplo, que cuestionen la presunta unanimidad del mundo cinematográfico sobre la originalidad de la creación y de la idea de propiedad intelectual. Tenía éstas de Godard, con un toque de un dubitativo Coppola, y ahora encuentro estas otras de Jim Jarmusch, perfectamente a medida de ministros y exministras, y que terminan con Godard otra vez: «Nada es original. Roba de cualquier lugar que haga resonar a tu inspiración o que alimente tu imaginación. Devora películas viejas o nuevas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones aleatorias, obras de arquitectura, puentes, señales callejeras, árboles, nubes, cuerpos de agua, luz y sombras. Elige para robar sólo las cosas que te hablen directamente al alma. Si lo haces de este modo, tu trabajo (y tus robos) serán auténticos. La autenticidad es invalorable; la originalidad es inexistente. Y no te molestes en ocultar tus hurtos -celébralos si tienes ganas. En todo caso, recuerda siempre lo que dijo Jean-Luc Godard: “No se trata de de dónde tomas las cosas, se trata de a dónde las llevas”»

Pugna de precios en los videoclubs online (legales)

Un correo promocional que recibo de Nubeox (Antena3) promete descontar el valor del IVA, sólo hoy domingo, de los precios de sus alquileres online. Curioseando en busca de qué me gusta, veo Los Idus de Marzo a 2,36 euros con un cartelito que pone ¡oferta!. He ido a comparar con Youzee y la dan a 2,99 euritos. En Wuaki, la cosa sube a 3,99 y no anuncian HD, que los de Antena3 y Youzee, sí. Bien: parece que la oferta online normalizada se debe empezar a enfrentar a una realidad competitiva inevitable: mismo producto, tecnologías similares y cercanas a la trivialidad… sólo el precio diferencia. Y si solo el precio diferencia, la cosa reside en ver quién es más fino con sus costes y aguanta más. Es cierto que en el estado inicial en que está la cuestión, el mercado crece, pero ya hay que imaginarse una fuerte tensión a medida que madure y hasta listos inventando comparadores de precios. Qué mal rollo. Mientras, Filmin no tiene Los Idus de Marzo, pero el catálogo no tiene nada que ver: tiene las cosas que los demás no van a tener interés en tener. Filmotech parece que se inclina por posicionarse como el cine en español. Panorama fascinante. P.D.: en ningún lado he encontrado un clásico como Harold y Maude, así que me la he descargado – estupendamente, por cierto – desde Pirate Bay.

La Que Se Avecina, los piratas y el nuevo delito de ver lo pirateado

Telecinco remite una nota de prensa “aclaratoria” sobre el caso de la aparición en páginas de enlaces de un episodio de la nueva temporada de LaQueSeAvecina a punto de empezar: «Estimados compañeros: Os recordamos que cualquier instrucción para ver o bajar ilegalmente un producto audiovisual supone un delito, por lo que os pedimos que retiréis de vuestras informaciones o vuestros foros cualquier indicación de ese tipo.» ¿Delito? ¿Están seguros? Un abogado amigo me dice que no. El caso es que yo lo he leído en una nota de un periódico. Así que supongo que si la tesis de Mediaset es cierta, enlazándola tanto el periódico como yo estamos cometiendo un delito. Me autoinculpo entonces. Estamos llegando al ridículo: el mismo medio que me facilita la noticia y la llegada al contenido violentado, publica una nueva nota que se suma a la idea de que ver es delito. Por si acaso, no es malo releer este artículo de opinión de un par de tremendos piratas que brindó el New York Times hará como un mes explicando por qué la piratería nunca acabará. Hoy mismo aparecen nuevas de un ingenio que mejora la impresión 3D. Ver cómo avanza el fabbing  acerca la ya anticipada aparición de un nuevo frente corsario: el de la copia de muñequitos de merchandising, por ejemplo, que bien pudieran ser de Star Wars. Es una historia de nunca acabar: la piratería es una forma especial de demanda insatisfecha que no se termina con la represión, aunque la represión sí parece mejorar la ventas legales digitales. Podría decirse que hace parcialmente bien su trabajo, al menos por un tiempo: la oferta de precio coexiste y compite con lo gratis de un modo llamémosle mejorado. Pero queda la duda de si esa forma de represión parcialmente exitosa puede vivir con precios demasiado altos o cercanos al precio histórico de la copia física, pues genera un nuevo incentivo para buscarla en el espacio ilegal. Sin piratas nadie habría mutado a la distribución digital y sin piratas los precios no tendrían esa tendencia a bajar (algo que se supone es bueno para la sociedad, innovación y costes menores para esas defensas de la cultura que tantas bocas llena de presunta legitimidad). Quizá porque los piratas sólo son la fiebre de un cambio tecnológico que obliga a hacer otras cosas sin consideración por el respetable statu-quo de tantos. Es decir, que Telecinco puede vivir estupendamente amenazando a todo el mundo e irle mejor en sus ventas que si no lo hace y los demás pueden ver el episodio de modo inconfesable. Más o menos un escenario parecido a que el estado se hinche a ganar dinero con el tabaco mientras la gente cultiva en macetas sus estupefacienes favoritos. Y eso mismo al tiempo que se llenan los telediarios de alijos descubiertos de esas mismas substancias en oscuros vericuetos de barcos y camiones y se celebra con tanto ruido como la detención de Kim Dotcom: se sigue fumando y se sigue pirateando y, más divertido aún, Kim Dotcom reaparece al contraataque.[ACTUALIZACIÓN: Resulta que Mediaset sería la responsable de la filtración por incompetencia, lo que hace todavía más risible y patética la formalización de la persecución al usuario y desvela hasta qué punto el desmadre de los derechos afecta a las mentes (vía)][ACTUALIZACIÓN II: En El País se asegura que han encontrado al culpable, que le han denunciado y que denunciarán a tutiplén. Qué misterio tan bonito]

Obamaworld busca financiación colectiva

Este es uno de esos posts que se hacen fuera de las temáticas habituales, si bien dentro de las cuestiones clásicas que nos preocupan. Jordi Pérez Colomé, el autor de Obamaworld, un excelente blog sobre política y conflictos internacionales, ha iniciado una campaña de financiación colectiva para cubrir las próximas elecciones norteamericanas. Soy lector habitual, consumidor de sus excelentes libros y, por circunstancias que no vienen al caso, observante de su preparación de la campaña. Merece la pena contribuir. Yo ya lo he hecho e invito a hacerlo aunque en muy pocas horas ya ha cubierto casi todo el objetivo: Jordi promete aportar más si la recaudación crece. Una opción interesante de compensaciones por aportar reside en la capacidad de programar un encuentro/conferencia con él para conocer de primera mano los detalles y sus opiniones. Si alguien se quiere apuntar y reunir entre varios los fondos para hacer una en Madrid, que cuente conmigo.

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