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La crítica a las limitaciones de expresión en Twitter ocultan una limitación de libertad mayor

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Los periódicos han decidido, de toda la vida, qué cartas al director se publicaban y cuáles no. No sólo eso, se reservaban el derecho a editarlas y extractarlas. Nunca nadie llamó censura a estas prácticas. Como es conocido de todos, hemos pasado de un mundo donde el lector solicitaba humildemente al director del periódico que publicara su opinión o rectificación de sus artículos a otro en el que los lectores se convierten en autores/lectores simultáneos, se compran un dominio, emplean una herramienta de autopublicación y dicen lo que quieren sin esperar al dictado del director. Es decir, las personas – se habla mucho del poder de las personas en la red – se empoderan, que tiene que ver con tener poder propio: poder  hacer cosas y ejercer una soberanía en condiciones de igualdad que, antes, no tenían. El antiguo lector y el periódico se tornan pares. Por eso los blogs no gustan nada en los medios, aunque llamen blogs a las columnas de opinión de sus redactores y amigos. Me dirán que al del blog no le lee nadie. O pocos. Que, en el periódico, hay mucha audiencia. Eso sólo es una batalla de mercado en la que, normalmente, los diarios tienen tanta ventaja que indigna que pidan leyes de protección. Por eso cuando se alega que la libertad de expresión está amenazada y que se trata de un derecho humano el que, por ejemplo, twitter no censure, lo que se está eligiendo – queriendo o no – es volver a un mundo mediado donde unos pocos siguen filtrando el poder de decir. La red posibilita la desintermediación y el empoderamiento, así que no se entiende lo de reclamar mediaciones. Es lo que hace El Cosmonauta o cualquier otro que usa las redes para agregar muchos pocos, construir su audiencia y su financiación y no esperar a las subvenciones o la publicidad. Esto sirve para la telebasura y cualquier otro elemento censor cubierto de dignidad en nombre de la protección de la infancia y la dignidad del oficio del periodista, reportero o tribulete. De hecho, que sea la clase periodística la que tanto proteste por estas cosas – con absoluta buena fe por supuesto – no deja de ser, en mi opinión, un reflejo mental de la defensa de un privilegio anteriormente monopolístico: el de decidir lo que sale y lo que no sale. Si damos la bienvenida al Apple Store o saludamos a Twitter como esa herramienta que da voz al pueblo y luego nos encontramos que deciden aplicar filtros (que no salgan penes o que han de cumplir las leyes contrarias o restrictivas a la libertad de expresión de los gobiernos), no tiene sentido llorar, sino explicarle a la gente que puede ser libre de eso: ellos también podrán decidir quién habla y quién no en su propio medio. Y asumir las consecuencias legales, aunque muchas sean disposiciones absurdas o de triste control social.

Vestiduras rasgadas por Twitter: lágrimas de cocodrilo

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Esto es un [Off-Topic]: es muy interesante comprobar el relato sobre la retirada selectiva de mensajes en Twitter contrarios a las leyes de algunos países que están haciendo gurús y expertos en social media. Lo resumo: vestiduras rasgadas. Motivo: twitter, censura. Muchos no han entendido que, en realidad – Galli lo explica bien– es una medida que a esos gobiernos no les va a gustar nada: el twit traspasará fronteras impidiendo la censura que tanto se teme. En realidad, lo que denotan es una conceptualización de internet pobre y deficiente. Que los mismos que explican el efecto Streisand digan que se censura ante la evidencia de que en la red nadie es censurable, forma parte del discurso que se ha instalado en la red y en los medios de masas en el que Twitter es un elemento de liberación y libertad: basta con comprar un dominio, subir una herramienta de autopublicación y hacerlo (por favor, no les llamémos más blog, que luego no nos miden). No hace mucho que El País publicó un pedaso de editorial con argumentos similares alimentando el sueño de que la identidad digital es algo que debe o puede hacerse en servicios cuyo servidor no controlas: Twitter, Facebook y…. Google. Justo salimos de la polémica de la unificación de usuarios  del servicio de Sergei y Larry (me preguntaron en Cinco Días sobre ello) y volvemos a estas cosas. Twitter no censura: lo que explica es que es el dueño del espacio el que impone sus condiciones (exactamente como hago yo aquí, decidiendo cómo, quién y sobre qué se comenta). Si no te gusta, ya sabes: no lo uses ¿no era gratis?. Si quieres decirlo y el dueño no te deja o no quiere, ponlo en tu sitio y enlaza. Si lo que haces (Twitter o yo mismo) te aleja de tus usuarios pues allá tú, aunque yo tengo claro que no me interesa conversar según con quienes o sobre según qué cosas y, desde luego, no quiero comentar mis artículos en un sitio ¡dónde no hay espacio para explicarse!. ¿Me cuesta popularidad? ¿Y?. Lo que (me) importa es con quienes delibero y qué juego de enlaces establezco interactuando con otras personas que, también, tienen su personalidad controlada. Twitter puede ser útil para difundir (destruyendo algo muuucho más útil como el RSS, pero vaya…) pero desde luego no es nada bueno para sostener una identidad digital. Vale para empresas.

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Pasmados por partida doble

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Vivo en la inopia. Aunque Antonio Ortiz me había dejado algo sobre los #cuatrotuiteros en un comentario, yo andaba a por uvas. Me tropiezo hoy con el enésimo escándalo y la protesta de los presuntos autores. Habría dicho Joan Navarro que los medios estarían pasmados ante Twitter (más feo, se le atribuye a Ramoncín hoy que los medios atienden al chantaje de las redes sociales) y, claro, fueron los tuiteros, se enfadaron, la liaron y le pusieron de trending topic mundial. Qué molón. Miren: yo sí creo que los medios están pasmados por Twitter. No sé si por desconocimiento o demasiado conocimiento: hace poco el diario El País hablaba de censura en Twitter – indignado, claro – reclamando todo tipo de cosas y la restitución de la cuenta afectada y bla, bla. Lo cierto es que en internet, no hay censura: mañana compras otro dominio, te instalas tu propio cms y dices lo que quieres. Por resumir, eso son los blogs. En los blogs, a diferencia de Twitter, hay espacio para pensar y reflexionar, incluso para decir bobadas. Esto último es común con Twitter, pero no lo primero. Así, el diario, en vez de promover la autonomía personal de quienes se crean una identidad digital sugiriendo al usuario que se cree su propio espacio (incensurable, chinos aparte) prefiere reforzar Twitter: la sospecha retorcida es sin son conscientes de que el blog le hace daño al poder del periódico para fijar agenda, algo que Twitter no hace. Twitter y sus trending topics son perfectos para fabricar noticias porque lo tomo como fuente y nos quedamos nosotros el debate. Usuarios de internet que presumen de activistas: tomen nota. Pero, igualmente, los medios están pasmados con lo que filtran y dicen los presuntos creadores y sus coaliciones: todavía estoy por ver que los responsables de la democracia y el control político del gobierno nos hablen de lo que ha pasado en Suiza o se lo pregunten directamente a Joan Navarro. Sin embargo, en el mundo desintermediado de los blogs tenemos debates más ricos y fuentes más diversas. Usuarios de internet que presumen de activistas: tomen nota otra vez, no se trata de que te ratifiquen tu revolución, se trata de hacerla. Uy, lo que he dicho: ¿he dicho revolución?. Ya me pueden pegar. Todos.