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¿Signos esperanzadores para la cuarta dimensión?

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De nuevo en los medios mainstream, Los Angeles Times dedica un reportaje a la llamada cuarta dimensión y su desarrollo: la noticia ahora es que la empresa koreana que más ha trabajado por el desarrollo de esta experiencia incrementa su presencia en EE.UU: abre una especie de showroom en pleno Hollywood y se dice que están a punto de cerrar un deal para instalar doscientas salas en un circuito norteamericano. Doscientas son bien poca cosa en un país con más de 39.000 pantallas, pero todas las pruebas de mercado se hacen con gaseosa. No hay novedades impresionantes sobre lo que ya observábamos hace algunos meses, pero en este reportaje se añaden elementos que interesan: parece que en México funciona muy bien este tipo de espectáculo y lo que funciona bien en México, suele funcionar bien entre el público mexicano de Estados Unidos y viceversa. Con el peso en taquilla de la población hispana, puede decirse que es esperanzador para esta tecnología. Veinte grandes títulos anuales moviéndose más por la periferia que por el centro, ocho dólares más la entrada y la mitad de la inversión a cargo del exhibidor (dos millones de dólares por sala) junto al jefe de distribución de Fox diciendo que las películas que han hecho con los koreanos de CJ4DPlex «han tenido mucho éxito», configuran un escenario complejo e interesante a la vez.

La cuarta dimensión, con algunas cifras

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Ayer, a propósito de la presentación de Twitx, recordaba la idea de la cuarta dimensión en salas. Y me decía que hacía tiempo que no hacía mucho seguimiento sobre el tema. Si antes lo digo… El Confidencial es un medio relativamente masivo y hoy le dedica un artículo larguito al asunto con tintes de haber descubierto el mundo. Es interesante porque, aunque sin dar fuentes y enlaces (caramba, y es un medio digital), asegura que las películas estrenadas con este método tienen recaudaciones y permanencias en taquilla mucho mejores: 50% más que el 3D y mucha mejor que las dos dimensiones. También dice que el espectador paga el triple. El epicentro de estas cosas es Asia – oh, la, là – ese mundo de videojugadores compulsivos, y se busca el salto a los EEUU: CJ 4Dplex es una compañía coreana que ya tiene salas montadas. Pero también hay canadienses. Y se relatan experiencias de asientos vibratorios y con movimiento, agua pulverizada y el regreso de remedos del Smell-O-Vision gracias a Robert Rodríguez y una nueva entrega de Spy Kids o el ya antiguo documental de Tom Hanks para el Museo de la Segunda Guerra Mundial de Nueva Orleans. ¿Alguien tiene años para recordar la sensación que provocó el estreno de Terremoto, en Sensurround? ¿Los que han ido a los parques de Disney no recuerdan esas salas con asientos móviles y escenas galácticas? Como sucede con el 3D la recuperación de viejas tecnologías puestas al día, tiene que someterse a la prueba de la creatividad para superar el efecto novedad. Y, como sucede con el 3D, alguien debe pagar la inversión para que haya donde poner estas películas. Y hay que contar con títulos que arrastren. Pero, por otro lado, son la forma de crear experiencias diferentes poco repetibles fuera de la sala convencional y que justifican el paseo, un precio y, sobre todo, un precio mayor. Para que no suene infantil únicamente, repasen la propuesta de Coppola, que no tiene asientos móviles ni olores y por tanto seguramente no catergorizaría como “4D”, pero estamos ante la misma esencia, acercarse más a la performance y no sólo a la exhibición: la cuestión para el análisis es plantearse si lo que tiene sentido es poner el acento en el control de la obra tradicional para respetar las ventanas o trabajar mucho más una concepción del producto donde la sala vuelve a aportar experiencias diferentes y diferenciadas realmente a las de otros consumos, que ahora casi todo se ve muy a gusto en la tele.

Coppola y la revisión del espectáculo en salas

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Lo que ha sucedido con Twitx, estaba más o menos anunciado: Coppola ya decía hace año y medio por lo menos que aspiraba a realizar una película cuya proyección fuera diferente cada vez, sea por la vía del montaje o por la vía del puro show. Quizá algo desordenadamente yo hablaba hace tiempo de la idea de la cuarta dimensión en salas, algo de lo que no veo hablar ultimamente. Twitx incluye performance musical en la sala (como en el cine mudo) y la participación de los usuarios que se ponen un careta (¿recuerdan el Rocky Horror Picture Show?) para un 3D reducido pero sofisticado, es decir, que no habría nada nuevo. La cuestión es si la proyección más interpretación, haciendo una visión de la sala de cine más teatral u operística es construible como un negocio a gran escala. O a otra más baja. El autor como estrella puede hacer giras, pero eso le reduce a una sesión única por día menos su descanso. Para autores minoritarios, perfecto. Para el cine de estudio, complejo. Pero la pregunta es ¿si Disney puede tener parques con casts permanentes con sus muñecos y personajes no es viable crear esas experiencias en salas? Es más caro, es obvio. Pero no hablamos de costes, sino de la evolución del entretenimiento. La lección de estas cosas es que, frente a lo que se dice, la cultura no se muere, tampoco el entretenimiento: evoluciona. Y puede que con menos barreras legales artificiales la transformación se acelere. Discrepo habitualmente con el gran Juan Herbera y otros amigos sobre esto: por mucho que Midnight in Paris sea un éxito, es un tipo de cine como el de Campanella o el cuento chino de Borensztein, que hoy se ve estupendamente en el televisor de casa. Y que una serie como están concebidas las actuales – ahora estoy reventando Entourage – es mucho más intensa y atractiva que la hora y media largas del producto clásico. Aunque nada muere del todo, siempre hay primacías.