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cultura libre

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Porque tú no te dedicas a esto

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Escucho cada vez con más frecuencia este argumento exhibido ante la idea de lo que, por resumir, llamaríamos cultura libre o, en general, a la difusión de copias (inevitable) sin el consentimiento del autor, no hablemos de un precio, etc. etc. Lo suelen decir personas, además, poco sospechosas de ser simpatizantes de las prácticas abusivas de determinadas entidades de derechos o multinacionales en modo malvado-on. Lo que se quiere decir es que si tu tuvieras que ganarte la vida con esto (cultura, música, películas, libros, etc.) no argumentarías de la misma manera. Opino que es un argumento tramposo: a) porque ganarse la vida de una forma es una opción personal, no algo que los demás debamos resolver b) porque si se trata de tener un modelo de negocio es responsabilidad de quien tiene que vender y no de quien tiene que comprar y c) porque no hay forma de garantizar el que todas las ambiciones y aspiraciones de todas las personas que pretenden realizarse mostrando su talento creativo puedan llevarse a cabo.

Duelo (al sol) en Brasil

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El tecnobrega es el género musical tenido como el ejemplo por antonomasia de lo que significan las formas culturales que se consideran como el paradigma de lo que vendría a ser la cultura que viene y que solemos denominar libre. Libre de libertad, que no tiene propietario. Por eso debe ser una forma libertaria de acuerdo con nuestro ministro. A mucha honra, diría. La cuestión es que ese género es un género brasileño y que su país de origen ha venido siendo un caso asombroso de cuestionamiento del orden mundial de la propiedad intelectual. Desde las patentes a las licencias de las obras culturales. En ese país han cambiado las tornas. Malos tiempos para la lírica. Me escribe mi amigo Rodrigo Savazoni, de la Casa de la Cultura Digital de Brasil para avisarme de sus declaraciones a El Mundo comentando el extraño caso del sosias de Ángeles González Sinde. El panorama, que también relata Bernardo Gutiérrez, es entre desternillante y desmoralizante. Mientras se asegura – esto les sonará – que la cultura se va a morir en Brasil (y, antes de terminar de reirse, vuelvan a leer el enlace sobre tecnobrega a ver si hay cadáveres o, en todo caso, de quiénes son) todo lo que hace Ana de Hollanda Buarque, ministra de cultura y a la sazón hermana del enorme Chico Buarque, tiene un parecido fantástico con la realidad local: presiones de los Estados Unidos, persecución de las licencias libres y oscuros tratos con las entidades de gestión de derechos. El conflicto de la propiedad intelectual es un conflicto de dimensiones sociales extraordinarias y generalmente desconocidas por los usuarios de las descargas y mal planteadas por los paladines de la revuelta, pero todavía es más llamativo ver quiénes suelen estar del lado del  más fuerte: los mismos que se han quejado de la política exterior de EE.UU., por este y otros motivos, los mismos que han pedido leyes para detener el poder de cartel de las majors de Hollywood, piden leyes de excepción y a su medida para protegerlo. Bueno, vale, no todos. Los otros son los beneficiarios del sistema. La vida sigue, sin embargo. La propia Casa de Cultura Digital de Brasil ha logrado financiar con éxito mediante financiación colectiva su proyecto para fabricar máquinas de fabbing de bajo coste: ahí viene la siguiente ola, la conversión de la manufactura en traslado de bits de un punto a otro (¿un decorado tal vez?). No hemos visto nada.

¿Por qué la gente sigue donando cuando ya se ha alcanzado la cantidad solicitada?

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Rodrigo Savazoni, de la Casa de Cultura Digital de Brasil se hacía y me hacía esta pregunta durante unas cervezas y, posteriormente, de modo abierto en una de sus charlas en EICTV. Él se encoge de hombros diciendo que es un misterio. Ensayo una respuesta: «porque quieren formar parte». Me asiente. Efectivamente, convenimos en que la gente quiere sentirse parte del proyecto. Hablamos de financiación colectiva. Habrá explicaciones más científicas, pero es con lo mejor que sabemos responder. A falta de otras buenas explicaciones, tenemos que conformarnos con algo que se repite en lo que parece clave en todos los proyectos que podemos llamar de cultura libre: la emoción de soportar un proyecto que se alinea con tus valores e intereses y que deseas que exista. Si lo llamas vender, pierde glamour, pero qué otra cosa es. Una venta, por cierto, que ha de ser necesariamente honesta: no tienes una segunda oportunidad si traicionas a la gente que te dio la confianza. Debería ser para todos los modelos, pero siento – puede ser un error o una mirada sesgada por mi propio interés – en que los métodos convencionales tienen más resistencia a la decepción del público, lo que no deja de ser una debilidad para quienes exploran nuevos caminos. Una debilidad relativa, pues te debe hacer más fuerte y, mirado éticamente, ¿no es lo mejor?. Se desean contribuciones.

De la MPAA a los intelectuales

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El Lobo Estepario recoge en su blog un artículo de José Ángel Mañas en El País que resulta muy interesante si se pone en contexto con los recientes relatos (uno y dos) que Hollywood Reporter ha hecho sobre la estrategia de la industria del cine norteamericana acerca de SOPA. Dice Mañas: «La batalla, tal y como está planteada en estos momentos por los culturetas, está perdida de antemano». Es una descripción muy sintética de la evolución del intelectual en la historia y la sensación de derrumbe o cambio de quiénes viven o han vivido del estatus alcanzado por ese concepto de intelectual. Su explicación: «por primera vez en la historia reciente, el colectivo de artistas, vamos a llamarlos clásicos, se han encontrado en una situación descaradamente retrógrada y reaccionaria. Y eso, para quienes están acostumbrados a ser la vanguardia cultural de nuestras sociedades, es una situación insólita e incómoda, de la que no saben cómo salir». Y la causa: «Los internautas más beligerantes, con su filosofía libertaria y sus teorías del procomún y de la copia libre, llevan ya unos años enfrentándose con virulencia a los adalides de los derechos de autor y del intervencionismo estatal». La mirada libertaria (que está en el lenguaje asumido por las hordas prodescargas pero realmente no asumidas) se repite y parece que asusta. El nodo que une a Hollywood con el intelectual desengañado y que lo hace tan interesante reside en esa visión de batalla mal planteada: «las minas tradicionales se están cerrando y yo me cuento entre quienes luchan para defender un anacrónico medio de subsistencia».

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