Suscríbete: ENTRADAS | POR E-MAIL | COMENTARIOS | ¿TWITTER?

Posts tagged ·

desintermediación

·...

Reintermediadores y autonomía de contenidos

7 comments

Antonio Ortiz vuelve a exponer los riesgos para los productores de contenidos que tiene una plataforma como Facebook. Lo titula: Señores de los contenidos: Facebook no es un socio fiable. La pregunta es: ¿es un socio? O, como el escorpión, ¿es su carácter?. El problema no le sucede(rá) únicamente a quien se alíe con Facebook (tenemos también el caso del Apple Store entre los más llamativos), sino a cualquier proyecto de creación de audiencias que tenga que depender de los términos de servicio de otro. Cuando hablamos de desintermediación de lo que hablamos es de aprovechar las posibilidades de la tecnología para ganar autonomía y poder crear un camino propio, que es justo lo que han descubierto algunos integrantes del movimiento (o los movimientos) asociados al 15-M. Ir a Facebook (por ejemplo) para ganar audiencia a corto plazo se convierte o casi seguro se puede convertir en volver al mismo escenario del pasado: tener que pedir permiso para emitir y divulgar, el cuello de botella que ha generado todas las limitaciones que conocemos de la era industrial para relatar y divulgar las visiones de cada autor o comunidad. Tu dominio y tu servidor son tu autonomía, aunque sea más complejo, costoso y lento. Es mentira que en la red se censure, como escandaliza a todos aquellos que han bramado contra twitter: se deja censurar aquél que cede su identidad digital y renuncia a un espacio propio. Por ejemplo, yo no puedo mirar más que con recelo el futuro de un Spotify como negocio autónomo si sus usuarios son de Facebook y tiene que aceptar las condiciones de los propietarios de derechos para poder disponer de precio y catálogo: estás tomado por dos frentes, el exceso de propiedad intelectual y el control de lo que pueden ver y hacer los usuarios. Esto último, es justo lo que le ha pasado a The Guardian.

Desintermediacion y 15-M

1 comment

La visión que traslada este blog acerca de las reflexiones sobre medios y mercado audiovisual tienen tras de sí, y se agudizó con los años, un discurso sobre el poder. Es decir, la valoración de los procesos que desarrolla la economía digital conduce a un proceso de desintermediación que abre posibilidades de desarrollo empresarial y comunitario diferentes y muy intersantes: dejar de pedir permiso a los titulares de licencias y a los gobiernos para poder intentar la creación y divulgación de contenido no sometido a un embudo político y físico. Desde regulaciones oligopolísticas que esconden lo peor del capitalismo (eso que llaman los anglosajones crony capitalism) al control ideológico al que aspiran los gobiernos, siempre por supuesto alegando tu propio bien, pasando por las limitaciones del número de pantallas y la cantidad de espectro disponible. En palabras castizas, es un modelo que genera unas altas dosis de chupar culos como modelo de negocio, lo cual lo convierte más en circunstancia – soy amigo de – que en una industria como se supone que es la del pan. La crítica que se hace a esta visión es la de que, caramba, a pesar de todo, las cosas siguen muy centralizadas y concentradas. La réplica es si se está dispuesto a renunciar a un programa en favor de más libertad real (en forma de acceso y en forma de pluralidad real, no la tutelada) o si se conforma uno en ver cómo se reparten las licencias y los derechos cerrando el mercado. Así, mi interpretación del 15-M se basó en esto: manifestantes que se reclamaban como de la era de internet pero que pedían por favor que los medios tradicionales les hicieran casito, que se caían del guindo ante las interpretaciones de esos medios y que, después de todo, más parecía un hacer las cosas como siempre que un cambio de reglas en función de lo que la tecnología de nuestro tiempo puede hacer por una nueva forma de ejercer el poder: el mito, en mayor o menor medida, que ofrecen las redes distribuidas. Conversando con Stephane Grueso hace unas semanas sobre estas cuestiones, me dijo que habían percibido este problema: la dependencia de servicios centralizados como Facebook, por ejemplo, que impedía comunicar con  libertad real. Stephane publica hoy un artículo en Público donde hace una interesantísima defensa y descripción del desarrollo del movimiento del 15-M desde el punto de vista de su autonomía comunicativa. Una sentencia clave: «no nos hemos supeditado al relato oficial de las cosas. Nos hemos “independizado” de los mass media». Después cada uno tendrá el juicio que quiera sobre las propuestas, pero lo interesante es que, se quiera o no, es inevitable que cada grupo social, de interés, cada grupo de gente que se crea comunidad, cada empresa, iglesia o asociación de cultivadores, querrá ser su propio medio.

Poliedro

2 comments

Se acaba de presentar la revista Poliedro: a mi y a otras personas nos pidieron una visión de aquéllo que habría que contar en, al menos aparentemente, oposición a lo que un diario como El País pudiera hacer o hace con su suplemento cultural. Mi propuesta tiene que ver, esencialmente, con lo que creo es fundamental para asumir la producción cultural del siglo XXI y que no es otra cosa que la desintermediación. No obstante veo resistencia en alguno de los colegas de número a renuciar a ser mediado, confiriendo un papel a los medios que, simplemente, es inncesario y que sólo perpetúa las causas de la crítica que se suele hacer a estos medios. Se trata de, simplemente, escoger tu camino. Porque se puede.

La crítica a las limitaciones de expresión en Twitter ocultan una limitación de libertad mayor

6 comments

Los periódicos han decidido, de toda la vida, qué cartas al director se publicaban y cuáles no. No sólo eso, se reservaban el derecho a editarlas y extractarlas. Nunca nadie llamó censura a estas prácticas. Como es conocido de todos, hemos pasado de un mundo donde el lector solicitaba humildemente al director del periódico que publicara su opinión o rectificación de sus artículos a otro en el que los lectores se convierten en autores/lectores simultáneos, se compran un dominio, emplean una herramienta de autopublicación y dicen lo que quieren sin esperar al dictado del director. Es decir, las personas – se habla mucho del poder de las personas en la red – se empoderan, que tiene que ver con tener poder propio: poder  hacer cosas y ejercer una soberanía en condiciones de igualdad que, antes, no tenían. El antiguo lector y el periódico se tornan pares. Por eso los blogs no gustan nada en los medios, aunque llamen blogs a las columnas de opinión de sus redactores y amigos. Me dirán que al del blog no le lee nadie. O pocos. Que, en el periódico, hay mucha audiencia. Eso sólo es una batalla de mercado en la que, normalmente, los diarios tienen tanta ventaja que indigna que pidan leyes de protección. Por eso cuando se alega que la libertad de expresión está amenazada y que se trata de un derecho humano el que, por ejemplo, twitter no censure, lo que se está eligiendo – queriendo o no – es volver a un mundo mediado donde unos pocos siguen filtrando el poder de decir. La red posibilita la desintermediación y el empoderamiento, así que no se entiende lo de reclamar mediaciones. Es lo que hace El Cosmonauta o cualquier otro que usa las redes para agregar muchos pocos, construir su audiencia y su financiación y no esperar a las subvenciones o la publicidad. Esto sirve para la telebasura y cualquier otro elemento censor cubierto de dignidad en nombre de la protección de la infancia y la dignidad del oficio del periodista, reportero o tribulete. De hecho, que sea la clase periodística la que tanto proteste por estas cosas – con absoluta buena fe por supuesto – no deja de ser, en mi opinión, un reflejo mental de la defensa de un privilegio anteriormente monopolístico: el de decidir lo que sale y lo que no sale. Si damos la bienvenida al Apple Store o saludamos a Twitter como esa herramienta que da voz al pueblo y luego nos encontramos que deciden aplicar filtros (que no salgan penes o que han de cumplir las leyes contrarias o restrictivas a la libertad de expresión de los gobiernos), no tiene sentido llorar, sino explicarle a la gente que puede ser libre de eso: ellos también podrán decidir quién habla y quién no en su propio medio. Y asumir las consecuencias legales, aunque muchas sean disposiciones absurdas o de triste control social.

La CMT introduce vídeo en sus comunicaciones

4 comments

Desde hace años, sitúo el blog de la CMT como un ejemplo excelente de aprovechamiento de la herramienta y como paradigma de la comunicación institucional. Es excelente como el blog se alinea con el objetivo esperable de protección del consumidor de la institución, explicando su funcionamiento legal, el entorno en el que se envuelve y las condiciones que afectan al público. Es interesante comprobar cómo se convierte en fuente de medios dedicados a la telefonía móvil e instituciones de defensa de los consumidores. Sirve también de excelente ejemplo de cómo podría (en mi opinión, debería) mutar la comunicación de las instituciones públicas hacia espacios mucho menos costosos y propagandísticos que las radios y televisiones públicas y perfectamente suficientes para explicar lo que se hace. Todo ello unido a la liberación de los datos y fuentes del sector público. Pero, volviendo a la cuestión que genera el titular, hace ya casi dos años que escribí un post incitando a la CMT a incorporar el vídeo como herramienta de comunicación siguiendo la estela de la FCC americana. Allí, su chairman es capaz de grabar vídeos explicando de modo directo (no editado por los medios, libre de interpretaciones y cortes) alguna de sus decisiones importantes. Ayer me escribe Andreu Castellano – responsable de la comunicación de la CMT – para advertirme (como ya dijeron en aquel post, que siempre fue su intención) de que acaban de incorporar su primer vídeo: un práctico relato de cómo funciona y a qué se tiene derecho en la portabilidad de números telefónicos. Y dice que vendrán más. Qué bien, ¿no?.