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El Cosmonauta

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¿Cuando una película deja de ser cine o televisión para ser, simplemente, vídeo?

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“En un tiempo lejano, las películas y los programas de televisión eran indistinguibles de cómo se experimentaban, tanto si se trataba de la pantalla de un cine o un televisor doméstico. Esos días están terminando.” Título y cita provienen de un artículo que leo en Filmaker Magazine. El artículo toma como punto de partida la idea de MacLuhan que tanto se ha repetido de que “el medio es el mensaje” para venirnos a decir que ya no más. La revolución digital “finalmente separa dispositivo y ubicación de lo que se ve, el medio, de la programación, del contenido, del mensaje“.

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El universo puede dejar de expandirse: homenaje y balance de El Cosmonauta

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Bruno Teixidor aseguró que cumplía con una apuesta cuando anunció que se sentía obligado a citar una frase de Star Wars: “Han tenido que morir muchos espías Bozan para que podáis ver esta película”. La elección era especialmente brillante: personajes que se mencionan una sola vez en la saga y que nunca han aparecido en pantalla ni vuelven a ser citados, el perfecto ejemplo de lo minúsculo e ignorado, pero que son quienes han tenido que morir para disponer de los planos que permiten terminar con la Estrella de la Muerte.

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De El Cosmonauta a Traviata (y un epílogo con Jordi Pérez Colomé)

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Nicolás Alcalá ha arrancado otro proyecto. Esta vez alrededor de su padre, pintor, y con una promesa extraordinariamente marketiniana para nuestros tiempos: el primer proyecto de pintura transmedia. Lo marketiniano es legítimo. Mucho. Necesario. Lo más interesante del proyecto reside, para mi, en cómo la tecnología y los conocimientos aprendidos para desarrollar El Cosmonauta y la marca personal construida alrededor del trabajo sirve para continuar el trabajo del propio Nicolás y los artistas que se reúnen con él. Las críticas al crowdfunding – de nuevo, este proyecto lo es, pero ahora sin tener que inventar gracias a Kickstarter – suelen concentrarse alrededor de la pobreza de cifras a alcanzar… digo yo que en el primer proyecto. Como un parelelismo, Jordi Pérez Colomé ha conseguido más fondos para su segundo proyecto de financiación colectiva que para el primero y trabaja en seguir construyendo su espacio con una marca personal más fuerte que antes. Es decir, no se trata de si hay mucho o poco: cada uno encuentra lo suyo, se trata de la autonomía que la tecnología vigente generar al creador para seguir su camino. Manuel Alcalá acaba de desintermediar al galerista. Jordi desintermedia al periódico. Si persisten, pueden conseguir estructuras empresariales de cierta escala y tener una vida haciendo lo que les gusta. De hecho, ya lo hacen, sean cuales sean las subidas y bajadas.

El retorno a la teoría de los mil fans verdaderos

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Explica Juan Varela que el diario digital catalán Vilaweb ha encontrado 1.800 personas comprometidas con su producto (es decir, que paguen) para mantenerse. En su día, El Cosmonauta pedía cuatrocientas personas que aportaran cien euros para seguir. Hace poco, Bárbara López se conformaba con dos mil que le dieran quince euros. Hicieron falta únicamente 701 para sobrefinanciar un disco de Jero Romero. El mítico Héctor Milla, cuando el vídeo online era más imaginativo que ahora pero con menos capacidad de generar ingresos, abrazó y masticó el concepto para el desaparecido Balzac. Se debe a Kevin Kelly la idea de que para sobrevivir en la red a un creador le basta con reunir mil fans verdaderos. Definamos “fan verdadero”: alguien que te compra cualquier cosa que hagas y todas las cosas que eres capaz de hacer. Y, ese, por ejemplo, es el seguidor de un grupo que recorre cualquier distancia para ver una actuación en directo. Cualquier ejercicio matemático da una visión del poder de estas cifras pequeñas bien convertidas: dos mil personas que al año te den veinte euros, se convierten en cuarenta mil euros. Hay costes, claro, pero mucha gente no gana ni la mitad de eso. Otros dirán que se trata de algo tan viejo como vender. Sí, claro, pero recordemos la capacidad de la red para reunir gente con intereses comunes en lugares dispersos, que es lo novedoso. Con la financiación colectiva creciendo, revisar este ya viejo pensamiento (¡2008!) considero que se vuelve interesante. Porque nos ayuda a fijar objetivos realistas que permiten sentar una base para crecer. Y porque nos ayudan a comprender el valor de una comunidad comprometida. Esto último es lo complicado, generar los mil fans verdaderos, que son muchos menos de los que te leen y, simplemente, siguen. Un trabajo de tesón y esfuerzo, de exigencia de credibilidad y que contiene muchos de los valores sobre las relaciones consumidor proveedor que preveía el sustrato intelectual de lo que luego se llamó dos-punto-cero. Y que muestra el poder del valor de lo que llamamos medios sociales en manos de los creadores.

Carola

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Es la tercera culpable parcial de El Cosmonauta. La visión de las motivaciones y trayectorias de los tres creadores haría las delicias de los instructores de seminarios de liderazgo y equipos de alto rendimiento. Son complementarios de un modo atroz. Cuando pica el gusanillo del cine, lo normal es ansiar ser director. Da igual que se formen más directores potenciales que películas se hacen cada año, pero es emocional y un deseo que ha podido tener todo el mundo un segundo de su vida. Lo interesante es que de modo rápido los roles y ambiciones se han acomodado: tener claro que te sientes mejor escribiendo o en producción que dirigiendo parece una condición previa para el éxito. Carola aprendió a programar su VHS con cuatro años y desde entonces grabó todo lo que daban en Canal+. El día que vió Titanic descubrió que lo que quería era “construir un barco así de grande y hundirlo en una peli”. De momento, tiene un cohete.

Un libro para relatar la odisea de El Cosmonauta

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Hace unas cuantas semanas inicié un chat con Nico Alcalá y entre pitos y flautas le dije que quería hacer un libro con el caso de El Cosmonauta. Nico dijo que le sonaba bien. Nos sentamos, le dimos dos vueltas a un par de consensos y a otro par de diferencias. Más o menos convenimos en que se trataría de una biografía vital, ética y empresarial del proyecto. Tenemos claro que el público se lo podrá descargar a su manera, que también habrá papel y que tiene que tener bellas ilustraciones. No tenemos claro otros detalles. Asumimos que tendremos que llegar al lanzamiento de la película. Tenemos un título provisional que por ahora es como si fuera el nombre secreto que escuché que las madres de algunas tribus ponían a sus hijos además del nombre con el que le conocen los demás. Si eso no es verdadero, le da un aroma épico contarlo así. El sábado pasado empezamos el relato. Por ejemplo, ya sé que es una historia de dropouts: tipos que dejan sus estudios para perseguir su sueño. Apunté: “Decidimos dejar de estudiar comunicación cuando a los alumnos del máster de la Complu les encargaron como proyecto de fin de carrera un trabajo sobre El Cosmonauta”. Unos buscavidas genéticos. Nos queda mucho trabajo.

Démosle prestigio al estreno en internet (entre otras cosas pendientes)

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Regalo de Reyes. Beatriz Cebas libera el documental que puso en marcha mediante crowdfunding para ilustrar ese fenómeno de financiación en red de obras audiovisuales (di un apunte sobre ello). El interés es doble. Por un lado, en el montaje de la directora, el serenísimo y siempre inteligente Jaume Ripoll (Filmin) llamando la atención sobre la necesidad de que los artistas concedan valor al estreno directo en la red como parte de un futuro aún nebuloso. Por otro, la liberación de las piezas completas de las entrevistas donde los quince minutos de Jaume se convierten en una explicación extraordinaria de las paradojas del consumo de películas y los discursos más populares de la red. Debe verse. Debe verse, además, escuchando la entrevista completa a Nico Alcalá, de El Cosmonauta. La visión consecutiva del montaje de la directora y las piezas sin cortes permite un contraste excelente entre las visiones de los recién llegados y sin bagaje que proteger y la visión de quienes llegan a la red con un legado que impone una mirada necesariamente continuista y no rupturista. Aclaro que aquí continuista y no rupturista se emplean como hechos y no como juicio de valor que pudiera interpretarse como retrógrado u obsoleto. Es todo lo contrario. La sensatez que inspira ver completas y sin los límites de espacio que tendría este conjunto de piezas en los medios convencionales es otro ejemplo más del cambio de narrativas, de la experiencia de uso y del producto. Pero también de cómo la discusión pausada y no agresiva de los problemas de la regulación de la forma de ver la distribución de obras culturales llevaría a generar mejores nuevos consensos. Esa claridad y sensatez no se da únicamente en los dos citados, sino en todos los entrevistados. Están todos los debates abiertos, como el de la vigencia del cine en salas: tanto Nico como Joaquim Guinovart se ponen sugestivos con ello.

El Cosmonauta, en fuente abierta

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Mañana Riotcinema presentará – en el ya clásico dentro de la red madrileña Centro de Innovación del BBVA – el tráiler de El Cosmonauta (por si alguien quiere ir, hay que pedírselo directamente a ellos porque no tienen mucho sitio). Simultáneamente, hacen pública la revisión de su plan (de negocio, de trabajo, de concepto). Una pieza interesante porque refleja el proceso para inventar y descubrir su propia vía para rentabilizar su aventura y, se supone, repetirla en el futuro. Es obvio que, hasta que no termine todo, no podrá decirse que consoliden una forma de producir, no hay más remedio que esperar al público. Es lo que sucede con El Plan B de Carlos Jean (y su marca: Ballantines), al ser un éxito han encontrado una sistemática y un modelo para replicar que, en gran parte, ha ido surgiendo de resolver problemas en el propio proceso y al subirse a la ola del público. Al generar confianza en que el éxito es posible, más se pueden aventurar a hacerlo ellos y otros. Lo interesante de hacer abierto el pensamiento cosmonáutico, con sus números y sus ideas, es que contribuyen a cumplir algunos de los esquemas de los paradigmas asociados al mundo de las redes y la sociedad informacional: la generación de conocimiento a través de la cooperación. Es decir, cualquier otro podrá aprender a partir de la fuente abierta del pensamiento de El Cosmonauta. Pancho Casal (quien ha señalado los problemas del crowdfunding puro para la producción clásica con mucho detenimiento) ha arrancado Wecoop tratando de apoyarse en la misma filosofía. Por cierto: si el otro día recomendaba mirar Giffgaff como caso excelente para ver cómo crear e integrar a la comunidad en tus procesos de producción, hoy viene bien que el mundo audiovisual reflexione sobre Local Motors: cómo diseñar ¡coches! y venderlos haciendolo en tiempos y formatos sorprendentes para la industria del automóvil con, exactamente, la misma filosofía. Que, en el fondo, no es otra que la del software libre. Conocimiento, contenidos, comunidades… nada como detenerse ante este bello y sistematizado post de Juan Freire en el que relaciona la cuestión: válido para todos.

¿Pueden las marcas tener un papel en el crowdfunding?

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En el momento en que me hago esta pregunta, El Cosmonauta está a punto de conseguir su objetivo, recaudar cuarenta mil euros para terminar el rodaje de la película en las condiciones que se habían propuesto. Las escasísimas horas desde que se inició esta campaña (en Lánzanos) junto a la cantidad – elevada – harán de este caso un hito en lo que es, creo que hay que darle un nombre analítico, el proceso ¿imparable? de involucración de las audiencias en el desarrollo de historias y producciones, una característica de la evolución de la cultura y el entretenimiento de la era de las redes. En Transmedia Living Lab atendía a la explicación de los fundadores de Verkami (otra plataforma de recaudación) del caso de Jero Romero, quien ha recaudado por encima de lo solicitado con una interesante movilización de sus públicos. La pregunta es, si dada esta capacidad de los artistas para reunir comunidades, aunque relativamente pequeñas, no hay una oportunidad para ejercer un rol interesante en estos procesos por parte de marcas como una forma de participar en las comunidades de las que quieren formar parte y ayudar a los artistas que se financian por esta vía a romper su círculo de confianza. Un aspecto complejo del crowdfunding es salir del espacio de amigos y conocidos ampliando la red. Apoyar artistas con acciones simples sin tener que recurrir a la esponsorización clásica puede tener un altísimo valor mutuo: diversificar dinero entre muchos artistas (y temáticas), con presupuestos menores ser más significativos al introducirse en el proceso creativo, involucrarse fuertemente en comunidades y grupos sociales interesantes… ¿El cómo? Ahora que empiezan a tener twitters, páginas en redes de amigos, además de sus propios envases y otros soportes (hasta facilitar la descarga del producto final), las posibilidades pueden ser amplias. Me muero por saber qué piensa Albert.

Cuatrocientos a cien euros, y tenemos un cosmonauta

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Nicolás me llamó la otra tarde para explicarme un nuevo problema (otro más) en la interesantísima carrera de obstáculos para el nacimiento de El Cosmonauta. Se cae un inversor en el mismísimo momento de coger los bártulos para ir a rodar. Necesitan cuarenta mil euros que, por una simple cuenta, significa que tenemos que ser solamente cuatrocientas personas a cien euros (vaya, un par de cenas) y a las que nos apetece que El Cosmonauta se haga las que tenemos que aflojar la cartera. Yo lo hago. La razón es muy simple: porque me apetece. Nada más. No tiene nada que ver con batallas absurdas sobre el presunto todo gratis. Es más, hay determinados productos que si la gente quiere que existan va a tener que contribuir a hacerlos asumiendo que, si no se hacen, pues tampoco pasa nada. Lo que no se puede ser es incoherente: hay cosas de poco mercado (el arte a secas, en general lo es) y hay cosas de mucho mercado. Si quieres que existan las de poco mercado (es decir, poca publicidad, pocas teles, poca rentabilidad) pues ayuda a hacerlas. Leo que la cosa va bien, ya van más 20.000 euros. Se puede contribuir aquí.

Más noticias de Stroome (¿se consolidará el video colaborativo?)

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Con la aparición de Stroome hace casi exactamente un año nos preguntábamos si estábamos ante un nuevo Jumpcut: para lo bueno y para lo malo. Para lo bueno porque herramientas online para editar y remezclar vídeo colaborativamente son de altísimo interés y mucho más que necesarias: el trabajo normalmente restringido del vídeo que pasa a ser un ciclo de revisiones similar al de un Google Docs. Las aplicaciones, inmensas (redacciones de periódicos: mírenlo). Pero, para lo malo, la dependencia de un servidor ajeno centralizado y las posibilidades de sostener el servicio hacen que gestionar tus vídeos en una plataforma de este tipo sea un riesgo. Eso pasó con Jumpcut. En una entrevista de ReelSeo, aprendemos ahora que ha formado parte del furor revolucionario norteafricano, que los creadores se muestran orgullos de haber conocido al equipo de El Cosmonauta, que su reconocimiento en la comunidad del periodismo ciudadano y las startups de medios continúan y que presentarán un nuevo interfaz que se dice muy mejorado y orientado al usuario en los próximos meses. Me hago una conjetura: ¿podrían Carlos Jean y El Plan B sacarle partido a esta herramienta?.