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empoderamiento

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“Si quieres hacer reir a dios, cuéntale tus planes”

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El lector inteligente sabe y sabrá distinguir entre lo que piensa, lo que piensa quien escribe y lo que piensa a quien referencias. Queda dicho porque cuando se toman opiniones de personas con posturas en extremos generalmente poco populares o cuestionados, opiniones que se simultanean con otras que deplorarías hasta el agotamiento, se tiende a confundir la parte con el todo. Y eso podrá pasar cuando se trata de Eulogio López y el diario Hispanidad. El título es el de su columna dedicada a un nuevo aniversario de su diario digital (yo creo que a día de hoy aclarar que las cosas son digitales son una pura reiteración) y efectúa una descripción ejemplar del poder y significado de internet y su libertad de publicación para eso que tanto se grita y tanto se lamenta por los ingresos (que no los modelos de negocio) perdidos: pluralidad. Por no hablar de la libre concurrencia para competir. Dos perlas extraordinarias: “En el siglo XXI, no es la prensa digital independiente la que intenta encontrar un hueco con el que romper el oligopolio. Al revés: son los Señores de la Prensa quienes tratan de encontrar su hueco en la Red. Y no lo consiguen porque se niegan a hacerse pequeños” No se puede decir más con menos sobre la evolución de los medios informativos. Que remacha con una sentencia abrumadora sobre el empoderamiento que produce la red, dedicado especialmente a todos los que piensan que su periodismo se muere: “casi todos los mejores periodistas con los que contábamos al empezar el siglo XXI se han convertido en autónomos de la WWW”. Ya, el vídeo no es texto pero ¿a que se parece la cuestión cuando de creadores que quieren ser independientes hablamos?.

Resistencia minera (más autores empoderados)

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Ayer debió presentarse en La Casa Encendida de Madrid el proyecto de Marcos Martínez y Javier Bauluz #Resistenciaminera. El vídeo que lo resume es emocionante y, con una mirada perspicaz, puede uno asomarse a todas las complejidades del problema minero. Marcos me escribe para comentarlo y, mientras le anuncio que no podré ir, me cuenta que “Lo hemos editado, publicado y distribuido nosotros mismos porque sino no hay manera y, sobre todo, para mantener nuestra independencia absoluta en una tema con tanta aristas políticas“. Como hemos visto en la evolución de Nico Alcalá, la cuestión reside en las opciones de crear un camino propio sin tener que esperar a subvenciones o publicidades. Marcos vino a verme hace un año para hablarme de sus ideas, buscando orientaciones (pobre de él si depende de mi) y peleando por construir un proyecto de contenidos que respondiera a sus valores y modelos profesionales: “mostrar a este grupo de trabajadores que mantienen una situación anacrónica y conocer su comportamiento, cultura y el porqué de su supervivencia cuando sus colegas europeos ya están extinguidos. Mostrarlos cómo son y luego que cada uno juzgue lo que le parezca… es tan complicado que hemos preferido no comentar, ni interpretar nada en el libro“.

La crítica a las limitaciones de expresión en Twitter ocultan una limitación de libertad mayor

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Los periódicos han decidido, de toda la vida, qué cartas al director se publicaban y cuáles no. No sólo eso, se reservaban el derecho a editarlas y extractarlas. Nunca nadie llamó censura a estas prácticas. Como es conocido de todos, hemos pasado de un mundo donde el lector solicitaba humildemente al director del periódico que publicara su opinión o rectificación de sus artículos a otro en el que los lectores se convierten en autores/lectores simultáneos, se compran un dominio, emplean una herramienta de autopublicación y dicen lo que quieren sin esperar al dictado del director. Es decir, las personas – se habla mucho del poder de las personas en la red – se empoderan, que tiene que ver con tener poder propio: poder  hacer cosas y ejercer una soberanía en condiciones de igualdad que, antes, no tenían. El antiguo lector y el periódico se tornan pares. Por eso los blogs no gustan nada en los medios, aunque llamen blogs a las columnas de opinión de sus redactores y amigos. Me dirán que al del blog no le lee nadie. O pocos. Que, en el periódico, hay mucha audiencia. Eso sólo es una batalla de mercado en la que, normalmente, los diarios tienen tanta ventaja que indigna que pidan leyes de protección. Por eso cuando se alega que la libertad de expresión está amenazada y que se trata de un derecho humano el que, por ejemplo, twitter no censure, lo que se está eligiendo – queriendo o no – es volver a un mundo mediado donde unos pocos siguen filtrando el poder de decir. La red posibilita la desintermediación y el empoderamiento, así que no se entiende lo de reclamar mediaciones. Es lo que hace El Cosmonauta o cualquier otro que usa las redes para agregar muchos pocos, construir su audiencia y su financiación y no esperar a las subvenciones o la publicidad. Esto sirve para la telebasura y cualquier otro elemento censor cubierto de dignidad en nombre de la protección de la infancia y la dignidad del oficio del periodista, reportero o tribulete. De hecho, que sea la clase periodística la que tanto proteste por estas cosas – con absoluta buena fe por supuesto – no deja de ser, en mi opinión, un reflejo mental de la defensa de un privilegio anteriormente monopolístico: el de decidir lo que sale y lo que no sale. Si damos la bienvenida al Apple Store o saludamos a Twitter como esa herramienta que da voz al pueblo y luego nos encontramos que deciden aplicar filtros (que no salgan penes o que han de cumplir las leyes contrarias o restrictivas a la libertad de expresión de los gobiernos), no tiene sentido llorar, sino explicarle a la gente que puede ser libre de eso: ellos también podrán decidir quién habla y quién no en su propio medio. Y asumir las consecuencias legales, aunque muchas sean disposiciones absurdas o de triste control social.

Anticipando la siguiente revolución

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«Ésta será la siguiente revolución, el logro de la autosuficiencia a través del nuevo modelo del “tú puedes hacerlo”». La cita pertenece a una entrevista interesantísima a Álex Posada que viene antecedida por frases igualmente sugerentes: «El verdadero potencial del DIY está por venir…» o, lo que puede verse como un planteamiento anti (comercial, capitalista o lo que se quiera), pero que yo lo veo como una parte del fenómeno de la desintermediación, «La sociedad actual está tomando consciencia de que cada vez necesita menos a las multinacionales y los productos de consumo». Esto se corresponde con la postura que defiendo con frecuencia en este espacio: si eres creador, no esperes a la publicidad ni a las subvenciones, arranca ya. Vale para el denominado arte electrónico y vale para la narrativa audiovisual, proyectos todos inevitablemente transmediáticos por el tiempo en el que viven si se quiere una mínima vanguardia o ampliar posibilidades por quien parte desde la nada económica. Pero sobre todo también tiene que ver con el empoderamiento que otorgan los modelos de red para la construcción de alternativas: los lamentos sobre la telebasura son innecesarios, los consumos son cada vez más cooperación entre artistas y comunidades. Si no hacen lo que quieres ver, ponte a hacerlo, por la simple razón de que se puede. Quejarse de las limitaciones estéticas de quienes viven en el mainstream lo considero un gasto de energía innecesario.

Empoderamiento (I): autores y creadores

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Las explicaciones que realiza David Trueba de un proyecto que él mismo constata ser “poco comercial” nos arrastran a la raíz profunda de los cambios para los creadores en la sociedad red. Añade: “Solo me quedaban dos opciones, guardar el guión en un cajón o hacerla. Y decidí seguir adelante, prescindiendo de muchas cosas y quedándome con las esenciales“. Un mantra que suelo repetir en las charlas a las que incomprensiblemente me llaman es este mismo. Vivimos en una era en la que esperar a la publicidad o a las subvenciones, por no hablar del gran entretenimiento, es perder el tiempo. O errar el tiro. O no querer ser creador. Pero el conflicto interior entre el pasado y el futuro aflora en las mentes formadas en el mundo que – creemos – se desvanece: “No es mi vocación hacer cine así, pero lo que tampoco es mi vocación es la queja y la inactividad“. El salto mortal que resta es comprender que lo irreversible es que el problema ya no es producir, sino construir audiencias. Los sistemas de apoyo a la creación y la producción se centran en incentivar que se produzca, incluso muchas buenas intenciones públicas buscan que haya medios de producción (platós, servicios de postproducción) en vez de dotar de medios para construir audiencias: si hay una audiencia, habrá un modelo de negocio y si hay modelo de negocio, aparecen los medios. Las declaraciones de Trueba sugieren que continuamos buscando – desde la perspectiva más estricta de la autoría – que otros nos resuelvan la creación de la audiencia cuando la audiencia que trabajan (para su nivel de riesgo y costes) es otra. Pase lo que pase con su interesante proyecto. Las propuestas de los pioneros del transmedia del mundo indie, insisten en no esperar: en construir piezas asequibles en coste mientras trabajas en la red el desarrollo de tu público, con productos que no son cine y que ni siquiera son ya propuestas audiovisuales, sino la creación de universos de contenido que entrañan multinarraciones en formatos múltiples. Trueba tiene la letra (“no dejes de hacerlo si crees en ello“) pero, a falta de una pregunta adecuada del entrevistador o una reflexión en otro espacio (vaya, no es culpa de uno ni de otro, seguramente no es el tema de la entrevista), nos dejamos la música: lo que hace la red es empoderar, proporcionarte un camino para buscar tu audiencia y relacionarte con ella. Ganar dinero es otro asunto, la cuestión es poder intentarlo: en el espacio en el que la distribución de tu producto pertenece o está controlado por otro, no son tus decisiones, son las de otros. Con modestia seguramente, pues casi nadie tiene capital para otra cosa, la red te permite tomar esas decisiones y ser, caramba, autor sin esperar a ser ungido por el intermediario.