En el mainstream aflora la situación de la producción española: la incertidumbre de los presupuestos generales del estado, RTVE sin saber si va o si viene y otras zarandajas que afectan a las privadas (si bajan su facturación, su obligación de inversión se reduce), ponen en evidencia algo que, digo yo y que me perdonen, refleja la realidad cruda de lo que ese mismo diario del mainstream llama industria. Sin que lo público funcione, no existe. Es decir la perpetua existencia de una circunstancia y no un mercado, algo que sí intentó Zed con su Planet 51 que, aunque no fue demasiado bien, sí tenía un razonamiento mercantil. Cierto es que con Hollywood hay que tenerlos bien puestos, pues son sus prácticas mercantiles las que sirven de coartada para la perpetuación de un modelo que parece evidente que no sirve para sus loables fines. Así, uno no entiende cómo apareciendo la mayor maquinaria de desintermediación que se ha inventado y que se llama internet, tanto autor está sobrecogido ante el declive de algo que, seamos honestos, tampoco daba dinero antes de internet. No se entiende por qué no se tiran a degüello y hasta la última bala para desarrollar la red.  Al exhibidor, y que me perdonen, que le den. En el artículo de marras se recuerda que los exhibidores exigen su propio monopolio y gracia para ganarse su pan y que los competidores se jodan. Es como se dice en castellano. Es como si Iberia pidiera que no dejaran salir autobuses a la hora en que salen sus aviones: los aeropuertos también tienen ventanas, lo llaman slots.  Pero sobrecoge esta frase: «Esa parálisis conlleva que el fortalecimiento y crecimiento de los portales españoles de descargas sea más lento de lo deseable: luego llegarán los gigantes extranjeros y devorarán el mercado». Uno piensa que los de fuera llegarán y arrasarán igual, por mucho que haya optimistas diciendo que el cine español ganará la batalla en internet porque hay Wuaki y Youzee: si consiguen algo, serán vendidos, no lo duden. Y, sobre todo, porque esos sitios son exhibidores y no otra cosa, no son creadores de películas y vivirán de las mismas películas americanas que el señor exhibidor que vende palomitas: siempre es bueno recordar que Adam Smith prevenía sobre las reuniones de empresarios y las subsiguientes conspiraciones para subir los precios. Pero más aún porque incluso desde las palancas oficiales del sistema se hace y se ha hecho la competencia desleal – y obscena – al emprendimiento verdaderamente privado de la exhibición online. Y esto es la industria audiovisual señores: gentes que se pegan por ver quién le saca más al estado.