En este blog siempre se ha mantenido que Hulu era un experimento y que su impronta era irrepetible. El anuncio no demasiado bien confirmado hasta ahora (pero es palabra del Wall Street Journal) de que los propietarios están dispuestos a vender y que han recibido incluso ofertas reales por la compañía pone fin al esquema. Hulu nació como una respuesta del mundo convencional a YouTube y la piratería en gran parte liderada por NBC-Universal. Se ha atribuido al talento de Jason Kilar el lograr un interfaz y una forma de trabajo que han marcado la senda del vídeo online. Tan admirable fue, que en nuestro bello país no han cesado los intentos intelectuales de emular el esquema de alianza entre grandes operadores televisivos para proporcionar una oferta integrada al mercado. Pero para esos tres grandes, Hulu hace tiempo que sólo es un canal de distribución más con cuyos gestores cuesta entenderse. Se han despejado muchas incertidumbres y el televisor conectado ya está cambiando las reglas otra vez. Sea lo que sea lo que suceda, Hulu se ha consolidado como una marca con un modelo doble (gratuito con publicidad para el catch-up y de pago con publicidad para la librería) pero no es la cojosolución industrial y al final del día dependerá, como ha sido siempre, de los contratos con los grandes propietarios de contenido: sin sus privilegios obtenidos para el lanzamiento la lucha será dura. Tampoco aquí veremos estas macroalianzas universales abarcadoras de todo.