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Jesús Encinar

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La exigencia de integridad en los nuevos modelos de producción

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Advierte Jesus Encinar en este vídeo que hoy día no puede hacerse una comunicación que no responda a lo que tu no eres: como persona, como empresario, como marca. Porque, si es así, termina sabiéndose creándose una disonancia que no funciona. E invierte el argumento: no se puede comunicar por aquéllo que quiere oir el consumidor y que luego no se es. Este tipo de apelaciones a la honestidad y transparencia son frecuentes desde el advenimiento de lo que se conoce como dospuntocero: en la era de los blogs como depositarios de la identidad digital, el mantra “la audiencia sabe más que tú” o la exigencia tan parecida a la del mundo académico de citar y enlazar las fuentes porque serías detectado en un intento de hacer pasar lo que no eres, eran el pan nuestro de cada día. No son infrecuentes los episodios de marcas e individuos pillados. El éxito aparente del caso Paco León, junto al desarrollo creciente de las experiencias de financiación colectiva ¿llevarán en algún momento a poner encima de la mesa este problema? La asociación persona/proyecto y el componente de causa que tiene todo proyecto que busca autonomía apoyándose en lo que se suele llamar fans conlleva unas dosis de confianza en lo que no está hecho que sólo son defendibles por el prestigio que se transmite. Un capital que debe ser atesorado para la siguiente vez en que se recurra a esos mismos fans. Por ejemplo, pasado el momento del millón de dólares de Amanda Palmer, la pregunta es si volverá a pedir dinero, si conseguirá sus objetivos o si los entusiastas seguidores se cansarán o se habrán decepcionado. O, lo peor, que piensen que el uso realizado de los recursos no se corresponde con la promesa. Las plataformas de recaudación permiten, en general, que el dinero no se use si no se recauda el total, pero no son responsables de lo que pase después. Quizá toda esta reflexión no merezca estas líneas porque todo se reduce a algo tan clásico como la construcción de una marca. Dado que, en esta fase de introducción del sistema y, como recuerda Nuria, muchas personas lo hacen por el mero hecho de apoyarlo y por el interés en el producto, la pregunta es si se está falto de instrumentos para reforzar la credibilidad de los nuevos sistemas para llevarlos a recaudaciones mayores: ¿auditorías? ¿seguros de buen fin? ¿sellos de calidad? Cosas que ya existen en otros ámbitos pero que, de aparecer, serían el síntoma de consolidación de esa forma de preventa repleta de emociones que es el crowdfunding.

Consecuencias de una red no neutral: del porno a Netflix pasando por Warcraft

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La industria del porno se opuso con todas sus fuerzas a la aprobación – y subsiguiente posible obligación – del dominio .xxx para los contenidos pornográficos. ¿La razón? Plantean, entre otros, una amenaza a la libertad de expresión: si determinados contenidos pueden ser filtrados por la definición del dominio, será fácil discriminar qué se puede ver y qué no se puede ver amenazando, además, con terribles represalias a quienes no incluyan esos contenidos en sus entornos. Filtrar los contenidos desde el origen ya es una forma de eliminar la neutralidad de la red pues basta una decisión política para discriminar el acceso. De hecho, ya se  está intentando en la India: ya saben, empiezas por el porno y sigues por… Todo esto sucede cuando los operadores canadienses están rebajando la velocidad de acceso cuando ves Netflix o juegas a World of Warcraft: el anuncio insípido de Netflix con botones para que puedas mantener un visionado en condiciones a pesar de la reducción de la velocidad, no presagia nada bueno. La cuestión es que, como se puede ver, una red no neutral hace difícil que terceros construyan empresas y negocios asumiendo que quien controla la infraestructura no va a querer sacar ventaja: cuando se dice que no hay capacidad para soportar determinados tráficos lo que se viene a decir es que quiero sacar tajada de ellos. También del porno (o contenido para adultos, que es más fino). Conviene ahora recordar las palabras de Jesús Encinar explicando por qué sin neutralidad de la red Idealista.com, su empresa, no hubiera podido existir.