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“Si quieres hacer reir a dios, cuéntale tus planes”

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El lector inteligente sabe y sabrá distinguir entre lo que piensa, lo que piensa quien escribe y lo que piensa a quien referencias. Queda dicho porque cuando se toman opiniones de personas con posturas en extremos generalmente poco populares o cuestionados, opiniones que se simultanean con otras que deplorarías hasta el agotamiento, se tiende a confundir la parte con el todo. Y eso podrá pasar cuando se trata de Eulogio López y el diario Hispanidad. El título es el de su columna dedicada a un nuevo aniversario de su diario digital (yo creo que a día de hoy aclarar que las cosas son digitales son una pura reiteración) y efectúa una descripción ejemplar del poder y significado de internet y su libertad de publicación para eso que tanto se grita y tanto se lamenta por los ingresos (que no los modelos de negocio) perdidos: pluralidad. Por no hablar de la libre concurrencia para competir. Dos perlas extraordinarias: “En el siglo XXI, no es la prensa digital independiente la que intenta encontrar un hueco con el que romper el oligopolio. Al revés: son los Señores de la Prensa quienes tratan de encontrar su hueco en la Red. Y no lo consiguen porque se niegan a hacerse pequeños” No se puede decir más con menos sobre la evolución de los medios informativos. Que remacha con una sentencia abrumadora sobre el empoderamiento que produce la red, dedicado especialmente a todos los que piensan que su periodismo se muere: “casi todos los mejores periodistas con los que contábamos al empezar el siglo XXI se han convertido en autónomos de la WWW”. Ya, el vídeo no es texto pero ¿a que se parece la cuestión cuando de creadores que quieren ser independientes hablamos?.

De verdad, ¿el problema es que los políticos quieran influir en el telediario?

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Por un lado, el inevitable profesor Bustamente sigue hablando de la televisión pública como si el siglo XX no hubiera terminado. Por otro, episodios habituales de regodeo en las redes sociales elevan un hashtag – #rtvedetodos – a las máximas posiciones para quienes buscan un argumento con el que ratificar sus propias posiciones. Y, por otro, una crítica perfectamente fuera de las claves habituales en estos episodios: la de Ricardo Galli, que muestra serias dudas de que la transparencia, el saber qué aparece en la escaleta y, sobre todo, lo que no aparece en una televisión que dice ser de todos (pero que, con seguridad, sí es pagada por todos) no tenga valor por sí mismo. Tomé conciencia del episodio de los consejeros en un rato de insomnio en un hotel y lo que más me sorprendió es que los independientes periodistas de todos de RTVE no dedicaron un solo segundo a informar de los porqués o las argumentaciones de sus consejeros para proponer la medida (representantes, aunque sean pésimos, de sus pagadores: nosotros) sino que únicamente se mostraban a sí mismos en declaraciones y escenas indignadas. Empleaban las reacciones de la red como muestra de su trascendencia. Toma periodismo. Al final, han convertido un vergonzante episodio más de la política española (con la duda del legítimo y verdaderamente razonable argumento de Galli) en un vergonzante episodio de corporativismo periodístico. Santa Madonna, que me van a crucificar. La solución es muy simple: si el estado no da noticias, no sucede esto. Sólo en un ámbito de escasez como el del siglo XX (escasez en gran parte artificial, todo hay que decirlo) se le encuentra sentido. Hoy hay decenas de alternativas al relato de la política que el amparado por los mismos políticos y cargos gubernamentales que deben ser vigilados por esa que dicen es la opinión pública. No hay, no puede haber, no existe ni existirá una televisión de todos: cada versión de los hechos es un relato alternativo y sesgado, algo de lo que RTVE no podrá escaparse esté quien esté. El estado ya informa o debiera informar publicando todos sus datos y dejando que los demás los interpretemos (que los hemos pagado): INE, BOE, Cortes, Ministerios… La única política informativa viable y plenamente democrática es el open data. No, no es el futuro del periodismo el problema, sino el del acceso crítico a la información.