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RTVE

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Cómo se ha transformado la televisión en una sola nota de prensa

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Hace dos días, Paco Asensi, director de desarrollo de negocio digital de RTVE, aseguraba en una mesa redonda en el curso “Televisión social, transmedia y nuevas narrativas audiovisuales” que organiza Unidad Editorial que “RTVE se define como una empresa transmedia”. Y tenía que ver por cómo están concibiendo sus productos y trabajo. Ya no es sólo televisión, parece ser. Ayer, Mediaset enviaba una nota de prensa con este título: “TRES “MARCAS” MEDIASET ESPAÑA, MITELE, “GRANHERMANO 12+1” Y “LO IMPOSIBLE”, ENTRE LOS 5 TÉRMINOS MÁS BUSCADOS EN ESPAÑA EN GOOGLE”. Frótense los ojos y piensen un segundo: ¿una empresa de televisión presumiendo de posicionamiento en buscadores? Si tiene que hacerlo, por algo será. Es de conocimiento público el hecho de que la inversión publicitaria en internet sube y sube y que el tiempo de atención en la web es enorme y que el usuario (antes conocido como espectador) tiene los medios para ver su programación cuando quiera y donde quiera y, lo que antes se decía que era peor, lo hace. Teníamos más síntomas de que la televisión había cambiado en cuatro líneas (y, el cine, en un banner). Ahora yo creo que, vistas las dos citas de hoy, ha cambiado defintivamente y parece que no nos hemos dado cuenta.

¿Volverá la publicidad a RTVE?

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Podría decirse que la cuestión no ha dejado de estar de una forma u otra en las conversaciones, debates y propuestas de lobby de muchos desde que desapareció. El chau-chau de medios online insiste en estos últimos días en hablar de la cuestión en medio de dos realidades: la caída de audiencia y las dificultades económicas que podrán acelerarse si en la UE consideran que la tasa impuesta a las telecos para financiar RTVE no es legal. Lo primero tiene que ver con el dinero disponible, pero no sólo con el dinero: el entorno se hace más complejo cada mes. Lo segundo puede que sea legal, pero no parece muy moral visto desde el punto de vista de no distorsionar la competencia y el mercado. Pero la pregunta pertinente es: ¿servirá de algo?. La presión social y política crea formulaciones como que baja audiencia es igual a fracaso: nadie sabe decir si el servicio público es necesariamente algo de mucha audiencia. En el enorme entorno fragmentado de hoy, subir audiencia es competir con los medios privados por cosas que ya hacen y que no hay que financiar. Si la publicidad vuelve, la presión a los directivos para competir por más espectadores y arañar más dinero para sus intereses (daremos hoy por bueno el valor de la tecnoestructura de Galbraith) hará más evidente la falta de diferencia con lo privado, acelerando el descrédito público de RTVE, por no hablar de la dura campaña que emprenderá UTECA. Y volveremos al mismo conflicto. Por el camino, nadie es capaz de reformular los objetivos del ente para encontrar espacios de no-mercado donde podrían ser de utilidad. Mientras, la batalla por el español global, se juega en otro sitio.

Pensando sobre el extraño caso de la independencia de RTVE mientras veo Paramount

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Mientras hemos visto que los medios no convencionales no vertebrían ya la opinión pública, la clase periodística en general y los que forman parte de RTVE parece que mucho más, se han indignado bastante por el nuevo método de nombramiento del presidente de la Corporación. Más allá de la estética del asunto, el transfondo político y, en mi opinión, la sobrevalorada opinión sobre la llamada dignidad de la reciente televisión pública española, lo que me llama la atención son los motivos para la indignación: propio de la endogamia, y que me perdonen, de la clase periodística, la crítica tiene que ver con un trabajo – el suyo – cuestionado por la evolución de los tiempos y es muy poco airada contra otras obviedades. Por ejemplo, nuestra televisión pública se gasta un dineral en comprar derechos de majors compitiendo con el siempre y casi por definición maltrecho cine local. Conviene recordar que los fundamentos legales que le dan forma (también los morales) tienen que ver con fomentar la industria local y que el Estado gasta un buen dinerete y crea prebendas legislativas para sostenerlo a pesar de que el mercado no le da mucha comba. Pero, para quienes piensen que con esto contribuyen a la cultura, más vale mirar que, sin que le cueste un duro al ciudadano de a pie, todo el mundo puede ver el canal Paramount y LaSexta3 repletos de cine majors. Catálogo Warner este último si no me equivoco. Y cómo molan. Si le sumamos a Disney por ahí para los nenes, digamos que no parece muy lógico que el dinero de todos ustedes se vaya a pagar a la competencia, dicho esto por la tremenda preocupación por la identidad y la excepción cultural. En definitiva: ni esa supuesta independencia informativa aporta realmente nada (lean mi post sobre el asunto Cebrián y hagan paralelismos) ni resulta que el servicio de productos mayoritarios es algo que haya necesidad de ofrecer puesto que lo hacen los señores que se juegan su dinero. Yo sé que mis amigos no me quieren creer, pero la tele pública vive en una paradoja que no tiene una buena solución decente y que conduce a un final cargado de irrelevancia o a incómodas preguntas sobre los usos alternativos del dinero. Me temo.

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RTVE como fracaso de su razón de estado

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El desastre del modelo de televisión pública estatal no sólo es un fracaso entendido por su incapacidad para resolver sus paradojas inevitables en la era digital (muchos, no me creen), sino porque ni siquiera es capaz de cumplir con sus aspectos propagandísticos más propios de la razón de estado. Ver cómo relata El País la presencia iraní en la televisión por satélite en castellano o los planes de otras muchas culturas deseosas de influencia y sin tradición en la zona sólo tiene una calificación en mi opinión: RTVE hace el ridículo. Si se le suman los Estados Unidos hispanos, hablamos de incompetencia profunda. Hace como tres años ya escribí sobre eso, tal vez de demasiado incompleto, pero es que se veía venir.

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RTVE híbrida, contexto mutante

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Ayer dediqué parte de la mañana a presenciar la presentación en sociedad de la aplicación para HbbTV de RTVE: mi sensación fue la de contemplar un buen trabajo, de usabilidad cuidadísima y, tras ella, conceptos claros sobre la potencia del hipermedia para impulsar los contenidos. Los detalles y circunstancias los tienen en el periódico y explicados por la propia RTVE, no me voy a extender. Lo que me interesa es observar este avance dentro del contexto: desde hace meses, no sólo los entornos de televisión híbrida se han consolidado técnicamente y se han puesto en disposición en España y el mercado europeo, sino que vemos operativos tan increíbles como el Yomvi de Canal+ o el asombroso caso de Telecinco y su Mitele. Es tradicional la posición de vanguardia de CCRTV. La Sexta, fusionada o no, se renueva… En fin: prácticamente todo el contenido está online con distintas formas de acceso, con procesos de aprendizaje intensivos y búsqueda de ingresos incesante. Es decir, que el mundo que se prometía ha llegado o casi llegado: todo el mundo espera que los Juegos de 2012 sean el antes y el después del arranque del proceso de mutación final hacia la personalización completa y la transformación radical del consumo y del mismísimo electrodoméstico que soporta toda la arquitectura del negocio tradicional. Ahora la cuestión es ver cómo eso sirve para confirmar las posibilidades de desintermediación real. Me vuelven a surgir estos días nuevas conversaciones sobre la inminente muerte de la televisión: se muere una forma de consumir, pero quienes poseen los contenidos que la hacen grande no parecen morirse en absoluto. Es más, están mucho más preparados que la música, los libros o el cine para superar su momento iTunes y canibalizarse a sí mismos. Como decían en ADNStream cuando era la gran esperanza blanca, es un medio mutante. Simultáneamente, ¿podrán superar las barreras de entrada marcas, creadores y organizaciones sociales para mostrar sus propios contenidos con posibilidades reales de construir su propia audiencia y por todos los dispositivos? Quizá como ha sucedido con el mismo proceso de ver a los operadores tradicionales mutar de cuerpo y formas, lo más probable es que la pregunta real sea cuánto tiempo hace falta para eso, porque esa fue la pregunta que se hacía todo el mundo hacia el año 2006, cuando YouTube empezó a ser YouTube.

 

 

Un resumen sobre “el estado de la televisión social”

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Disculpen lo ampuloso del título – de ahí las comillas – pero, en cierta forma, las cuestiones que lancé a los panelistas que amablemente se sentaron conmigo esta semana en Ficod para hablar sobre este asunto iban dirigidas a ello. Voy a destacar el punto de vista de Saverio Modelli, CEO y fundador de Fav.tv: nos decía que añadir la etiqueta social pronto será un sinsentido porque el consumo de lo que llamamos televisión fluirá de modo natural a través de las herramientas de contacto personal. Agoranews lo entrevistó y explicó ampliamente en qué consiste su servicio. Eduardo Prádanos ha dado su explicación por escrito en Genbeta y Chema López ha hecho un buen resumen de lo que allí se habl´. Mi agradecimiento personal al resto de participantes, Diana Morales, Ignacio Gómez y Guillermo Christen.

Social TV: el espectador al poder, mesa en Ficod

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Mañana martes a partir de las 18:15 moderaré una mesa en Ficod con este substancioso tema. Sin duda, el “vendaval La Noria” es un ingrediente que pone mordiente al rol de los medios sociales en la relación entre cadenas, productores, público y anunciantes. En cierta forma, nada volverá a ser igual. Pero no todo queda ahí y, desde luego, no es mi intención centrarlo en ello, sino conocer puntos de vista en diferentes mercados (gracias a la presencia de Saverio Mondelli, CEO de Fav.tv y de Guillermo Christen de RedBeeMedia) y asuntos como la capacidad de productoras y los nuevos entrantes sociales de desintermediar a los medios tradicionales, qué hacer cuando la audiencia deja de ver tus anuncios y fija los ojos a la red donde están sus amigos, etc. etc. Ignacio Gómez de RTVE, Eduardo Prádanos de PlayTelevision y Diana Morales de Tuenti, cerrarán el círculo. Nos va a faltar tiempo, seguro.

Falsas alarmas y – potenciales – nuevas paradojas para el cine español

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¿Puede titularse alarma en el cine español cuando sus representantes más significativos dicen en las declaraciones que han hecho o te han hecho que están tranquilos, que han hablado (o ya tienen medio acordado), que siempre hay diálogo, etcétera, etcétera? Que el partido con más opciones aparentes de ganar las próximas elecciones anuncie que suprimirá la inversión obligatoria de las televisiones privadas en cine y que eso, más o menos, quedaría sustituido por Televisión Española que, pudiera ser, dejaría de comprar cine americano y dedicaría su dinero a pagar películas españolas, tiene visos de ser el camino para la enésima reforma. Mirada positiva: bastantes. A saber: un sector no tiene que subvencionar a otro, se acabó la tensión política con las privadas, la televisión española se dedica a hacer lo que no hace el mercado y daría, potencialmente, un mayor espacio promocional a las películas antes de ser estrenadas (que es cuando cuenta). Lo mismo hasta el público le perdona la vida en la batalla de la opinión publicada. Mirada negativa: altísima concentración de películas en el operador público que, por más que ha intentado esquemas para ser plural, independiente y a prueba de amigotes tiene tras de sí una alta sospecha de que siempre repiten los mismos y que no se sabe por qué sí le toca a uno y no a otro. Altas probabilidades de que la producción ejecutiva que RTVE realice no busque con verdadero rigor profesional (nunca ha existido el incentivo para ello, en realidad) las grandes audiencias aún con esos esquemas de películas, A, B y C según los dineros involucrados. Altas probabilidades de que se hagan más películas de las que se pueden absorber (café para todos). Riesgo de que, por mucho que la audiencia sin publicidad se comporte razonablemente bien, la propia fragmentación del mercado en una RTVE sin capacidad de crecer en recursos y rígida en su estructura hasta aburrir se vea cada vez más constreñida en su financiación acelerando su falta de incentivo. Y, por qué no, una interesante nueva batalla con el público que tendría clarito, clarito, que las películas se financian verdaderamente – y, digan lo que digan, es así en su mayor proporción real – con dinero de todos los contribuyentes levantando interesantes preguntas sobre si pueden disponer de ellas libremente en una red peer to peer… O, con riesgos de que haya demagogia, si tienen que pagar Torrente (el fenómeno de La Noria, no tiene por qué terminar ahí). Incluso muchos se preguntarán, ya que hay que pagarlas y la opción de que no tengan mercado sigue ahí ante incentivos que lo normal es que sigan mal orientados, cuál es el sueldo de el de aquí y el de más allá que hacen la peli y si eso es compatible con sueldos públicos, lo que se le paga a un médico, etc. etc. En fin, lo mismo que con las minas improductivas.

De verdad, ¿el problema es que los políticos quieran influir en el telediario?

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Por un lado, el inevitable profesor Bustamente sigue hablando de la televisión pública como si el siglo XX no hubiera terminado. Por otro, episodios habituales de regodeo en las redes sociales elevan un hashtag – #rtvedetodos – a las máximas posiciones para quienes buscan un argumento con el que ratificar sus propias posiciones. Y, por otro, una crítica perfectamente fuera de las claves habituales en estos episodios: la de Ricardo Galli, que muestra serias dudas de que la transparencia, el saber qué aparece en la escaleta y, sobre todo, lo que no aparece en una televisión que dice ser de todos (pero que, con seguridad, sí es pagada por todos) no tenga valor por sí mismo. Tomé conciencia del episodio de los consejeros en un rato de insomnio en un hotel y lo que más me sorprendió es que los independientes periodistas de todos de RTVE no dedicaron un solo segundo a informar de los porqués o las argumentaciones de sus consejeros para proponer la medida (representantes, aunque sean pésimos, de sus pagadores: nosotros) sino que únicamente se mostraban a sí mismos en declaraciones y escenas indignadas. Empleaban las reacciones de la red como muestra de su trascendencia. Toma periodismo. Al final, han convertido un vergonzante episodio más de la política española (con la duda del legítimo y verdaderamente razonable argumento de Galli) en un vergonzante episodio de corporativismo periodístico. Santa Madonna, que me van a crucificar. La solución es muy simple: si el estado no da noticias, no sucede esto. Sólo en un ámbito de escasez como el del siglo XX (escasez en gran parte artificial, todo hay que decirlo) se le encuentra sentido. Hoy hay decenas de alternativas al relato de la política que el amparado por los mismos políticos y cargos gubernamentales que deben ser vigilados por esa que dicen es la opinión pública. No hay, no puede haber, no existe ni existirá una televisión de todos: cada versión de los hechos es un relato alternativo y sesgado, algo de lo que RTVE no podrá escaparse esté quien esté. El estado ya informa o debiera informar publicando todos sus datos y dejando que los demás los interpretemos (que los hemos pagado): INE, BOE, Cortes, Ministerios… La única política informativa viable y plenamente democrática es el open data. No, no es el futuro del periodismo el problema, sino el del acceso crítico a la información.

Malos tiempos para lo que las televisiones públicas llaman “competir”

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Hollywood Reporter menciona unas declaraciones del nuevo presidente del BBC Trust: viene a decirles a sus ejecutantes que competir por el talento pagando sobreprecios por sus honorarios no es su misión. Que no tienen que vender anuncios ni subscripiones ni nada por el estilo y que deben asumir que lo suyo es “descubrir, entrenar y emplear talento por unas pocas temporadas”. Y, lo que es parece peor, deben acostumbrarse a vivir con ello. Trasladar esta reflexión no sólo al talento en España o la puja por los derechos deportivos parece más que evidente por múltiples consideraciones de interés social, que un servidor ha comentado desde su punto de vista decenas de veces. Los ejecutivos de las televisiones públicas españolas viven con el síndrome de la audiencia aunque ya no se les pague por ello, sometidos a sistemas en los que los políticos llaman educadamente tener relevancia a lo que, simplemente, es ser visto con el no confesado fin de influir en la población acerca de sus valores e intereses electorales. Pero esa fiesta se acaba: mientras RTVE celebra sus vacíos liderazgos de audiencia, la audiencia real cada año que pasa es menor, aunque crezca en franjas o cualquier otro artificio de cifras pensado para un servicio comercial. El drama de lo público está servido: si compite por la máxima audiencia su servicio es equiparable al privado (luego podemos ahorrarnos los millones), si se concentra en lo que el mercado no da (cada vez menos) su visionado se reduce hasta extremos en los que cabe preguntarse para qué gastamos el dinero. Esta esquizofrenia será mayor cada año.

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Comentarios al visionado de “Copiad Malditos”

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Alguno de los que aparecen en Copiad, malditos me advirtió durante el rodaje de que veía a los autores algo perdidos. Una vez vista la película, compruebo que la desorientación formaba parte de la propuesta narrativa. Por supuesto, el asunto crea sus regueros de polémica, seguramente mucho menos notorios de lo que eso que se llama la comunidad internauta desearía, pero el sucedido tiene muchos elementos de interés: a) salvo la emisión en TV3 de RIP: A Remix Manifesto hace ya bastantes meses, no creo que haya habido ni un solo medio generalista español, de papel u ondas, que haya dedicado un espacio verdaderamente reflexivo a mostrar las posiciones que cuestionan el modelo vigente de propiedad intelectual; b) que una televisión pública lo haya podido hacer con una licencia CC (no es la primera vez, pregunten a Felipe G. Gil) conduce a la inevitable pregunta de por qué no todo lo que hace en producción propia quede licenciado de forma que lo puedan emplear los verdaderos financiadores, los que pagan impuestos; c) el hecho de poner a disposición del público las entrevistas completas permite efectuar nuevos montajes con nuevas versiones del relato (que se podría considerar otra obligación pública): por ejemplo, he leído posibles quejas de Alejandro Sanz y de Lorenzo Silva, pero resulta que, al poder consultarse los testimonios completos de los intervinientes, se puede hacer una nueva versión y contarlo de otro modo, incluso para defender lo contrario: el material libre, permite seguir creando. Por cierto, veo que se han dejado fuera del montaje final a Richard Stallman, un clásico, quizá porque tenemos sus vídeos por todas partes, pero se han perdido ideas más profundas sobre propiedad intelectual. Por otro lado, contemplar la entrevista completa a José Manuel Tourné, presidente de FAP, es una excelente forma de entender la problemática de la piratería y de la configuración del paradigma – y la legislación – vigente.

Cifras, cifras…

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Titulan que las quejas a la defensora del espectador de RTVE crecen un 36% de un trimestre a otro… pero resulta que de las 2.487 quejas o notificaciones recibidas, nada menos que 532 quejas corresponden únicamente al numerito de “Españoles en el Mundo” dedicado a Jerusalén. Si calculamos el porcentaje que suponen 532 sobre esas casi dos mil quinientas hablamos de un 21% aprox sobre el total, no sobre lo que hubiera habido sin ellas. Es decir, que probablemente no estamos ante un incremento significativo: tampoco podemos compararlo con un período de tiempo equivalente. Así que el titular resulta un poco desproporcionado ¿no?

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