Podría decirse que la cuestión no ha dejado de estar de una forma u otra en las conversaciones, debates y propuestas de lobby de muchos desde que desapareció. El chau-chau de medios online insiste en estos últimos días en hablar de la cuestión en medio de dos realidades: la caída de audiencia y las dificultades económicas que podrán acelerarse si en la UE consideran que la tasa impuesta a las telecos para financiar RTVE no es legal. Lo primero tiene que ver con el dinero disponible, pero no sólo con el dinero: el entorno se hace más complejo cada mes. Lo segundo puede que sea legal, pero no parece muy moral visto desde el punto de vista de no distorsionar la competencia y el mercado. Pero la pregunta pertinente es: ¿servirá de algo?. La presión social y política crea formulaciones como que baja audiencia es igual a fracaso: nadie sabe decir si el servicio público es necesariamente algo de mucha audiencia. En el enorme entorno fragmentado de hoy, subir audiencia es competir con los medios privados por cosas que ya hacen y que no hay que financiar. Si la publicidad vuelve, la presión a los directivos para competir por más espectadores y arañar más dinero para sus intereses (daremos hoy por bueno el valor de la tecnoestructura de Galbraith) hará más evidente la falta de diferencia con lo privado, acelerando el descrédito público de RTVE, por no hablar de la dura campaña que emprenderá UTECA. Y volveremos al mismo conflicto. Por el camino, nadie es capaz de reformular los objetivos del ente para encontrar espacios de no-mercado donde podrían ser de utilidad. Mientras, la batalla por el español global, se juega en otro sitio.