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“Los usuarios también podemos bloquear”

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El título procede de una descripción de una nueva pugna contra un sitio de visionados online y que leo gracias a David: al asalto de Cuevana, ese sitio que hasta se planteó llegar a acuerdos comerciales con las mismas distribuidoras cuyo contenido se visionaba sin permiso oficial. La historia es simple: si I-Sat se empeña en cerrar Cuevana, los usuarios pueden hacer lo mismo con su mando a distancia: no me interesa ahora la cuestión descarga sí, descarga no (aunque sea en streaming en este caso), sino la posición ética de los usuarios interesados en disfrutar de un servicio o un contenido. Comiendo hoy con un grupo de bloggers vinculados a televisión, publicidad y tecnología alguien explicó una llamada de urgencia a otro blogger de los sesudos para pedirle que grabara Telecinco. Su respuesta fue «en mi casa Telecinco está desintonizado» por la simple razón de que el propietario del televisor aborrece de sus contenidos y no quiere que sus hijos se topen con ellos. Pero tampoco me interesa la telebasura como objeto, sino su desdén e ignorancia como una posición activa. Me interesa la capacidad de construir alternativas de los usuarios ante el potencial – todavía hoy – de una videosfera distribuida, esa denominación que empleo como traslado de la idea de blogosfera: el corpus ideológico de los blogs como fenómeno de substitución de los medios tradicionales de prensa (o, por lo menos, de igualación de condiciones) tenía, no hace tanto, un verdadero punto sanamente utópico (cambiar el mundo) que ha colapsado en medio del fenómeno Twitter/Facebook. La esperanza – qué ingenuidad – o, más terrenalmente, el consejo a la comunidad blogosférica que se bate por influir de mala forma en unos contenidos proporcionados por un mecanismo de apropiación del mercado como es el oligopolio de las televisiones privadas y su colaboración necesaria con el estado, es que el discurso de lamento sobre la telebasura y el infotainment sólo tiene una forma de ser superado: ellos no lo van hacer, pero otros sí pueden hacerlo. Masas de usuarios capaces de unirse sobre causas diversas, mecanismos de financiación a base de microdonaciones que crecen por doquier, autores que buscan su propia audiencia y tienen los medios para llegar y… los televisores conectados a punto de caramelo. Haya jardines cerrados o no. Bloquear (la telebasura o lo que quieran) supone contribuir a hacer otras cosas, esas cosas que dicen que son la televisión de calidad que aspiran a ver y que ninguna medición real parece confirmar más que como una aspiración. Ustedes perdonen la moralina. Si uno fuera líder de algo, lo llamaría manifiesto y lo mismo hasta lo enlazaban. También vale para marcas que se han de anunciar en contenidos que no les gustan.

Anticipando la siguiente revolución

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«Ésta será la siguiente revolución, el logro de la autosuficiencia a través del nuevo modelo del “tú puedes hacerlo”». La cita pertenece a una entrevista interesantísima a Álex Posada que viene antecedida por frases igualmente sugerentes: «El verdadero potencial del DIY está por venir…» o, lo que puede verse como un planteamiento anti (comercial, capitalista o lo que se quiera), pero que yo lo veo como una parte del fenómeno de la desintermediación, «La sociedad actual está tomando consciencia de que cada vez necesita menos a las multinacionales y los productos de consumo». Esto se corresponde con la postura que defiendo con frecuencia en este espacio: si eres creador, no esperes a la publicidad ni a las subvenciones, arranca ya. Vale para el denominado arte electrónico y vale para la narrativa audiovisual, proyectos todos inevitablemente transmediáticos por el tiempo en el que viven si se quiere una mínima vanguardia o ampliar posibilidades por quien parte desde la nada económica. Pero sobre todo también tiene que ver con el empoderamiento que otorgan los modelos de red para la construcción de alternativas: los lamentos sobre la telebasura son innecesarios, los consumos son cada vez más cooperación entre artistas y comunidades. Si no hacen lo que quieres ver, ponte a hacerlo, por la simple razón de que se puede. Quejarse de las limitaciones estéticas de quienes viven en el mainstream lo considero un gasto de energía innecesario.

¿Se puede hablar del asunto La Noria sin citar a Pablo Herreros?

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Algún conocido estará poniendo un nombre muy conocido de ciertos ámbitos de la red, pero el ejercicio de malabares lo ha hecho hoy El País en un artículo de bello domingo que titula “La Telebasura en el punto de mira”. Más o menos viene a decir que con la presión vertida por la ciudadanía habría un estado de opinión que lleva a poner en retroceso el género sensacionalista (¿es un género?). Ni una palabra de si es un modelo que interese comercialmente, punto olvidado, y un cierto aroma a que hemos tomado la definición de telebasura de la wikipedia para inspirarnos (que es totalmente legítimo, pero sirve para reeditar lo que sabemos del periodismo y su funcionalidad en el mundo red: el sábado un periodista que ha dimitido de los medios para hacer su proyecto me decía que ya no existía). Cuestionado sobre el tema el profesor Víctor Manuel Marí “no duda de la repercusión de Twitter o Facebook respecto a los canales convencionales, pero sobre su papel en el boicoteo a La noria vislumbra “cierto cálculo de mercadotecnia por parte de los anunciantes”. “La dimensión ha sido brutal, pero yo veo algo de papatismo ante la Red”, remata”. Comparto mucho de estas aseveraciones, pero el hecho de resaltar – por la redactora – estos dos servicios de relación – en realidad, de sobrevaluarlos, como ya sucede con todo atisbo de revolución – al tiempo que se ignora que el mecanismo se pone en marcha a través de un blog (y no, caramba, por una página de ese diario) resulta chocante. No, resulta interesante fijarse en el grado de pensamiento que han adoptado los medios convencionales sobre el funcionamiento de las redes. En realidad, twitter y facebook no les amenazan, pues sirven para convertir la cháchara en noticia elaborada, con espacio y puede que reflexión, mientras que los blogs y sus autores susbtituyen con éxito esa función. Y eso es mucho más chungo para el negocio y el rol social que ejercen los medios amenazados. Pablo Herreros ha hecho un trabajo elaborado, periodístico, y ha sido el catalizador de una revuelta, se tenga la postura que se tenga sobre el caso. Este artículo podría ser anécdota, pero la tendencia a ignorar al protagonista del caso ha sido muy extendida en medios convencionales y, si no me he perdido nada, por la propia Telecinco. Y no dejo de pensar que el origen reside en esa distancia, que era un clamor señalarlo durante el auge de los blogs, entre medios convencionales y blogosfera.

Señores campistas, señores de las redes sociales, no pongais a los medios como centro

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Uno de las reacciones interiores más intensas que me han producido las movilizaciones del 15M es la petición constante de atención por parte de los medios de comunicación y las acusaciones de inexactitud o manipulación: una propuesta – no sé si revolucionaria pero si con vocación renovadora – en la que se le da un papel extraordinario al rol que juegan las herramientas de comunicación de la sociedad red y que se encontraba conmovida por los cartelitos que escribían el nombre de Facebook en los países árabes, pedía socorro constante a prensa y telediarios para ser ratificada. ¿Por qué es paradójico? Porque se supone que la multitud de líderes de internet y de jóvenes de su tiempo que la explicaban o la estimulaban estaban poniendo como centro de la comunicación a quienes tienen el poder de filtrarla masivamente para después, curiosamente, quejarse del filtro que aplican. Si pones un centro, le das el poder de controlar: el fenómeno contrario, el de distribuir los nodos, hace posible la convivencia de discursos, especialmente el propio. Tiene una explicación, claro. Como cuentan en este artículo sobre el fiasco de las alarmas de la OMS, el papel de los medios “es determinante y hay una correlación absoluta del tono con el que se dan las noticias con la forma de reacción de la población”. Pero, al mismo tiempo, como cuando hablamos de telebasura, “ahora mismo en los medios cualquiera habla ya de cualquier tema, lo hacen además sin documentarse, como si fuesen expertos y sentando cátedra“. Es decir: los medios no (te) sirven. Y no (te) pueden servir: trabajan para el mínimo común denominador de las preferencias. Tampoco hay vuelta atrás: no puede haber un mundo perfecto de escasez donde se decide quién puede hablar. Si tienes las herramientas para crear tus propios relatos y evitar filtros y sesgos, no pongas a los medios como centro: evítalos, sustitúyelos. Esa es la oportunidad para los que se rasgan las vestiduras con la telebasura o se quejan de que ven lo que no les gusta. Sin duda, sería mucho más revolucionario que el discurso común acampado.

Nuevos ángulos para mirar la telebasura

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Digamos que, oficialmente, estoy hastiado del discurso de qué mala es la televisión y su telebasura y de mis ganas de escribir contra el mundo para decir que la telebasura es irrelevante y verdaderamente relativa. Disculpen el tono perdonavidas, esto es como si estuviera iluminado tomando un café (y eso que yo no tomo café) muerto de risa con algún amigo que me aguante. Tan hastiado que ni tengo ganas de encontrar los enlaces donde me gusta recordar (o evangelizar) que vale con cambiar de canal o no verlo si tanto ofende y que en la era de las redes la obsesión por lo que puedan ver los niños a las cuatro de la tarde es simplemente una tontería perpetrada por una especie de discurso colectivo forjado en el siglo XX y su escasez permanente de oferta. Pero esta forma de verlo por parte de Paz Padilla me ha tocado: “Si tú crees que es telebasura, cambia de canal. Sálvame. Es un circo, espectáculo. Hay mucha que tendría que aprender. Es la nueva televisión. El mundo del corazón no hay que creérselo al 100%. Si no nos creemos la política, ¿por qué nos vamos a creer el corazón?”. La cosa tiene miga. No tengo claro ahora mismo si esto es una descripción o pura filosofía. O las dos cosas. Pero seguro que como descripción es irreprochable.